Derechos civiles y política internacional
Llewellyn H. Rockwell
En Macedonia, Bill Clinton dijo que si cualquier grupo está siendo exterminado "por
su raza, su antecedente étnico o su religión, de estar a nuestro alcance detenerlo, así
lo haremos". Tomemos en cuenta la inclusión del concepto de discriminación racial.
No es suficiente que la gente esté siendo exterminada. La matanza tiene que estar
provocada por racismo para que reaccionemos. Como político hábil, Clinton sabe que casi
nadie está dispuesto a argumentar que los racistas pacíficos tienen derechos. Y claro
que envilecer a gente de esa forma convierte en legitímo la más violenta reacción de
parte del gobierno.
Según el punto de vista convencional, el racismo interno en Estados Unidos está controlado por derechos civiles que abolieron la libertad de asociación. Pero, ¿acaso tiene el gobierno de Estados Unidos jurisdicción para hacer cumplir esos derechos civiles por todo el mundo? Claro que no, como tampoco tiene jurisdicción bajo la Constitución para decirle a la gente de los diferentes estados de la Unión a quién pueden contratar y a quién despedir o incluir y excluir de sus relaciones comerciales. Asimismo como matar a miles de personas con bombardeos aéreos no es la manera en que se hacen respetar los derechos, tampoco lo es pisoteando la libertad de asociación. Se trata de una violación del concepto clásico liberal de la libertad misma.
La Ley de Derechos Civiles de 1964 prohibió actuaciones perfectamente pacíficas. Por lo tanto, la motivación y no el acto mismo fue prescrito. ¿Pero cómo los burócratas pueden averiguar la motivación? Para darle efectividad, se añadieron las cuotas.
Con el pasar de los años, los derechos civiles se han convertido en una forma muy peculiar del socialismo en Estados Unidos: reglas arbitrarias y despóticas contra las empresas, los barrios, escuelas y organizaciones del país. Y como siempre sucede con el socialismo, los resultados son exactamente los opuestos a la propaganda. Los derechos civiles han empeorado las relaciones raciales en Estados Unidos, han causado ineficiencias económicas masivas, han aumentado el tamaño del gobierno y han justificado la concesión de toda clase de privilegios legales.
Hoy en día hay pocos defensores de la libertad de asociación. Los republicanos no tocan el asunto y la mayoría de los libertarios tampoco lo hacen. Clinton puede proceder a invadir negocios con regulaciones draconianas, llevar a gente inocente a los tribunales, multarlos hasta quebrarlos, envilecer a comunidades enteras porque un banco no concedió una cuota suficientemente grande de financiamiento a ciertos grupos y hasta proceder a arrasar antiguas civilizaciones europeas, siempre y cuando se tenga la justificación de luchar por los derechos civiles.
La buena noticia es que a medida en que se incluyen a más grupos diferentes bajo ese tinglado de los derechos civiles y se utiliza para justificar guerras impopulares, queda más claro el trasfondo explotador del concepto de los derechos civiles y su utilización como licencia para actos de violencia gubernamental. Esto debilita la credibilidad del régimen, particularmente cuando se usan nociones raciales como armas en defensa del poder.
© AIPE
Presidente del Ludwig von Mises Institute.