Revive el zinc

Oscar García Mendoza

Estaba viendo un documental sobre la vida de Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete", precisamente en el momento que contaban de la vida de sus hermanas Angustias y Dolores, cuando me avisaron que el Presidente anunciaba la primera etapa de su novísimo programa económico.

Entre mapas físico-políticos de Venezuela, que me recuerdan los años de primaria, fue dibujando un plan básicamente dirigido a crear empleo de la manera más rápida posible. Ese es, sin duda, uno de los problemas más dramáticos que enfrentamos los venezolanos y debe resolverse. A medida que transcurría la disertación, concluí que se trata mas que de un plan populista, pobremente elaborado (que ni siquiera debería encuadrar en el keynesianismo), de un plan netamente electoral.

Todos deseamos el repunte de la economía, la caída de la inflación, que se hagan nuevas inversiones, que mejore el país. Pero el gobierno escoge el camino de la popularidad y no el del crecimiento sostenido a largo plazo. Su horizonte parecen ser las próximas elecciones.

"Criticó el modelo neoliberal salvaje, cuyo efecto más pernicioso es el desempleo". Es difícil explicar que el modelo neoliberal es bueno y el populismo es malo, pues el neoliberalismo es duro y frío, mientras que el populismo es... popular, cálido, afectuoso. El primero produce riqueza, el segundo aumenta la pobreza.

Hagamos una comparación con la medicina, para ver si podemos entender. El populismo es como la medicina de los brujos. No implica análisis técnicos, ni duele, los ensalmos no son demasiado costosos, generan relaciones humanas calurosas, no son necesarios tratamientos largos y penosos, pueden producir alguna mejora, pero no curan. La medicina tradicional implica costos elevados, análisis, sacrificios, dolores, miedos (los sustos que produce cualquier operación) pero cura. Así son estos sistemas: uno aparenta ser bondadoso, pero nada hace, otro duele y cuesta, pero cura.

Este plan es medicina de brujos. Recuerda al Plan de Emergencia del Almirante Larrazabal. Se echará dinero a la calle sin plan estructurado y a cortísimo plazo generará alguna actividad, pero a corto o mediano plazo producirá graves distorsiones. Le servirá como tiene previsto sino para ganar las elecciones ¿se acuerdan de las planchas de zinc que regalaban los partidos? Si algo ha quedado comprobado y establecido en 40 años de puntofijismo es que la actividad promotora del Estado lo que genera es pobreza. Este no es un programa para la gente pobre, es un pobre programa.

Al finalizar los anuncios volví a recordarme de las hermanas de Manolete. Creo que en sus nombres está nuestro futuro: Angustias y Dolores.

Estamos cambiando todo para no cambiar nada.

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