Alea jacta est (La suerte está echada)
Guido Grooscors
Se justifica el latinazo, tomado en préstamo para titular el presente comentario, después de haber observado la semana pasada la reacción del presidente de la República como consecuencia de las decisiones adoptadas por la máxima autoridad electoral imponiendo una multa al alto mandatario ejecutivo y suspendiéndole los programas de radio y televisión que el mismo transmite por Radio Nacional y por Venezolana de Televisión, respectivamente.
Aparentemente el jefe del Estado acató las sanciones descritas. Sin embargo, el objetivo que supuestamente se trataba de alcanzar, o sea, frenar el ventajismo desbocado por parte del oficialismo, no llegó a concretarse. Por el contrario, el primer mandatario se las ingenió para continuar en campaña electoral, esta vez a través de una cadena de radio y televisión (algo así como "al que no quiere caldo, dos tazas") que, seguramente, será objeto de análisis a destiempo por parte de los funcionarios competentes en la materia, impedidos como se encuentran éstos de aplicar efectivamente las disposiciones que sobre el particular pauta la legislación electoral vigente, en vista de la inconveniente conducta, por calificarla de alguna manera, asumida por quien debiera ser el primero en dar ejemplo de imparcialidad política en el terreno electoral.
Así las cosas, el electorado consciente de la situación que se ha creado, de cara a la jornada comicial del próximo domingo 25, tiene dos caminos por recorrer, ambos igualmente significativos: abstención o participación. Lo primero sería catastrófico para el proceso de cambio en democracia que, sin duda, es aspiración cierta, bien adobada y condimentada, por parte de la sociedad civil. Una abstención que llegue a alcanzar porcentajes importantes en relación a la totalidad de votos emitidos, contribuiría a restarle legitimidad al ente constituyente. De darse tal indeseada circunstancia, la continuidad democrática pudiera colapsar y, de verdad, el país estaría, muy a nuestro pesar, bordeando una situación de caos. Esto, por supuesto, no entusiasma a todos quienes honestamente están convencidos de que los cambios institucionales y estructurales que están planteados son inevitables y que los mismos necesariamente tendrán que adoptarse, en gran medida, a través de una nueva Carta Fundamental que trace las líneas maestras de lo que debe ser Venezuela a partir del año 2000.
Participar, pues, debe ser la consigna de todos aquellos que confían en una instancia constituyente amplia y plural y, a esos efectos, acudir a las mesas de votación es indispensable para, a través del sufragio, dejar constancia de la voluntad política, libremente expresada, de que los venezolanos junto con repudiar gobiernos autoritarios y despóticos, estamos paralelamente dispuestos a privilegiar la vigencia de una democracia moderna, que, por igual, garantice representatividad y participación a todos los sectores de nuestra sociedad, para mencionar tan solo lo que en el plano político es resaltante.