| Gloria al vencedor honor
al vencido El domingo 25 de julio de 1999 fue el día de la
consagración de una voluntad de cambio que encontró su mejor expresión en el
carismático Presidente Chávez. Hay que reconocer que este triunfo no es producto del
azar y que cualquier argumentación basada en un análisis matemático de la abstención,
o del sistema de votación no es otra cosa que un fútil argumento de mal perdedor.
Chávez es un líder en sintonía con vastos sectores de la población que fueron
abandonados a su suerte por una clase dirigente incompetente e indiferente. Que haya
logrado el triunfo abrumador del domingo es en virtud de esa empatía que él genera en la
inmensa mayoría de los venezolanos, y por una visión táctica muy hábil para unir sus
fuerzas frente a un adversario en desbandada, que no pudo ni supo organizarse para darle
la pelea en el campo de las ideas y de las ilusiones.
Con este triunfo de Chávez ha surgido un nuevo país en el que los protagonistas son
hoy fundamentalmente él, luego las fuerzas armadas y los integrantes de la ANC. ¿Qué
ocurrirá? Es casi imposible dar hoy una respuesta válida a las opciones que se abren. El
debate será en una primera fase meramente procesal. Luego vendrá el desarrollo temático
y por último la toma de decisiones que afectarán el futuro inmediato y mediato del
país. Esperamos que perduren en el espíritu de las leyes la voluntad expresada por el
Presidente en el Balcón del Pueblo, en el que reconoció que lo más difícil es
administrar bien la victoria.
Los vencidos en la justa del domingo no fueron los partidos políticos tradicionales.
Éstos no tuvieron el coraje de presentarse a la batalla y los pocos dirigentes de las
antiguas cúpulas lo hicieron escondidos en estados situados en los confines del
territorio nacional, pensando que allí nadie los habría desenmascarado. A ellos no vale
la pena dedicarles nada, ya que simplemente no fueron. En cambio los miembros de la
sociedad civil que nunca antes habían participado en lides electorales y que fueron en
rebaño a aspirar que con base en sus credenciales profesionales y éticas lograrían
participar en la elaboración de las normas que regirán el futuro de nuestra nación,
merecen todo nuestro elogio y estímulo para que no abandonen sus deseos y voluntades de
participar en la construcción del país que todos anhelamos. Por eso decimos que merecen
honor por haberse atrevido a luchar por Venezuela. Gracias a Chávez, estos honorables
hombres y mujeres pueden ya participar en la toma de decisiones por cuenta propia, sin la
tutela y la manipulación de las fenecidas cúpulas. |