Libertad

Isaac Katz

CIUDAD DE MEXICO (AIPE).- Todos buscamos y queremos libertad. El ser humano, por naturaleza, es un liberal; le otorga un alto valor al libre albedrío. Deseamos, individualmente, libertad para elegir y decidir sobre nuestro presente, pero más aún sobre nuestro futuro y el de nuestros hijos.

Queremos libertad para elegir aquello que más nos conviene y que nos genera satisfacción y bienestar. Queremos libertad política y libertad económica. En lo político, queremos ser libres de elegir nuestros gobernantes. En lo económico, deseamos ser libres para decidir dónde educamos a nuestros hijos, dónde y cuánto trabajar, cuánto consumir y qué bienes adquirir, cuánto y dónde ahorrar.

Los mexicanos, sin embargo, no somos libres de elegir por que la condición sine qua non para serlo no existe: igualdad de oportunidades. México sigue siendo un país caracterizado por la notoria desigualdad de oportunidades de acceso a los diferentes mercados, hecho que se traduce finalmente en un sistema de privilegios y de desigualdad en los resultados.

El que haya más de 40 millones de mexicanos viviendo en la pobreza es el resultado de un marco institucional que ha coartado a lo largo de décadas, inclusive siglos, la libertad de los individuos.

¿Cómo podemos ser libres, si condenamos a nuestros hijos a recibir una educación de pésima calidad? ¿Podemos ser libres si la mayoría de los padres de familia no son libres para elegir a qué escuela enviar a sus hijos y están subyugados por una burocracia que decide por ellos? ¿Podemos ser libres si, al igual que en la educación, la mayoría de los mexicanos no tiene libertad para elegir el servicio médico que más le conviene y sólo tiene acceso, en el mejor de los casos, a un servicio de mala calidad?

¿Somos libres si las barreras legales y reguladoras para abrir, operar y cerrar un negocio son prácticamente infranqueables, sujetas a la discreción de la burocracia que actúa, por la notable deficiencia del marco legal, como "buscadores de renta" y por lo mismo la corrupción es el pan de cada día a la hora que los agentes privados tienen que lidiar con las diferentes agencias gubernamentales?

¿Son libres los trabajadores si para ingresar a una empresa primero se tienen que asociar a un sindicato, resultando en menores ingresos para ellos pero con un líder sindical millonario?

¿Son libres los individuos si en varios sectores de la economía, como son la telefonía local y la aviación comercial, se enfrentan a monopolios creados y protegidos por el gobierno? ¿Son libres los consumidores cuando se enfrentan a que las importaciones de países con los cuáles no hay acuerdos de libre comercio están gravadas con altos aranceles, aunque sean de mayor calidad y más baratos que los bienes provenientes de países con los cuáles hay acuerdos de libre comercio?

¿Son libres los ahorradores cuando el mercado financiero está notoriamente segmentado y únicamente los individuos con un relativamente alto nivel de riqueza tienen acceso a instrumentos que pagan tasas reales de interés positivas, mientras que casi todos los ahorradores del sistema bancario enfrentan tasas reales negativas sobre su ahorro? ¿Son realmente libres los bancos si no pueden ejercer rápida y eficientemente las garantías otorgadas sobre un crédito no pagado?

¿Somos libres los mexicanos si nos enfrentamos a un sistema tributario ineficiente que desincentiva el trabajo, el ahorro y la inversión? ¿Somos libres cuando el gobierno gasta miles de millones de pesos de manera ineficiente y en lugar de cooperar a generar riqueza, la destruye? Estas son sólo algunas preguntas. ¿Hay quién las conteste? ¡Los mexicanos queremos ser libres! ©

*Investigador y catedrático
Instituto Tecnológico Autónomo de México.

katz@eniac.rhon.itam.mx