Entre Peña y Pena Saturno sonó

Arquímedes Guerrero

La instalación de la ANC fue algo así como la crónica de una muerte anunciada. La campaña del panegirista, que deseaba a como diera lugar ser el más votado del tubo, incluso por encima de la Primera Dama y del olímpico padre de la nueva divinidad, fue un grueso error táctico de alguien que estaba más acostumbrado a tirar peñas que a recibir desaires.

Cual Saturno, padre de Júpiter Tonante, que devoraba sus hijos sin ton ni son, el silencioso y veterano dirigente político se quedó callado ante la arremetida mediática del comunicador, convertido de pronto en apóstol y defensor de la empresa privada, y a la chita impuso su liderazgo y dejó callando al más votado.

Esperamos que el sacrificio de su ego no arrastre consigo las banderas de una empresa privada huérfana de representantes en la Soberanísima Asamblea. La necesidad de modernizar al estado venezolano no es un estandarte político de una persona o de una secta, es una ineludible realidad de nuestros tiempos si queremos que Venezuela juegue en las grandes ligas y no se quede como en el siglo pasado jugando pelota sabanera ante la divertida mirada de los numerosos mister Danger que se beneficiaron en el pasado de nuestra ignorancia y de nuestra atávica incapacidad de ponernos de acuerdo en un proyecto de país cónsono con su época.

La ANC se inaugura con la sospecha de que ésta sólo será una comparsa para aprobar un modelo de estado que fue eficientemente resguardado con el mejor sigilo militar. ¿Cómo será ese proyecto? ¿Será modernizador? ¿Será populista? ¿Consagrará la autocracia? ¿Será auténticamente democrático? Eso lo sabremos pronto y por lo tanto las especulaciones que se hacen al respecto valen tanto como las predicciones de la Gaceta Hípica.