El IV Poder y la V República
Samuel Sotillo Hermoso
La discusión en torno a la tesis de un poder moral o ciudadano, el IV Poder, se ha desarrollado en diferentes etapas desde su planteamiento por el hoy asambleísta, Hermán Escarrá, durante la pasada campaña electoral. La primera reacción que produjo esta tesis de un IV Poder Moral fue de rechazo. Ello es natural debido a las implicaciones que el término "moral" tiene en las sociedades democráticas, en cuanto afecta la concepción de libertad que les es propia. No voy a profundizar más en el asunto, ya que pareciera claro que la propuesta del ahora sector oficial no es una "poder moral" en el sentido literal, sino una redefinición de las funciones de los órganos tradicionales del poder estatal, cuyo objetivo pretendido es acercarlos al ciudadano para fomentar una democracia más participativa. Lo que ahora se plantea es un "Poder Ciudadano" (con el apodo de "Moral"), que engloba a la Contraloría General, al Ministerio Público, al denominado Defensor del Pueblo, a los Tribunales de Salvaguarda y a un indefinido Sistema Educativo Integral, tal y como lo expone el proyecto de Constitución aparecido en la prensa el pasado Viernes 30 de Julio. La idea, por supuesto, es sólo un replanteamiento de la propuesta bolivariana de 1819, con un tono más realista, pero que no deja de tener el mismo sabor "inquisitorial" de aquella.
La idea de Bolívar de un aereópago, un "tribunal verdaderamente santo", fue una reacción natural al bochinche que ha caracterizado la acción pública desde entonces. Sin embargo, donde Bolívar vio una debilidad de parte del Estado, en realidad lo que había es una pero de parte de la sociedad. La inexistencia de ciudadanos conscientes y responsables que ejercieran las funciones públicas, así como de su complemento, aquellos otros ciudadanos que exigen y regulan dichas funciones a través de los mecanismos de participación política, como por ejemplo el sufragio, es donde radicaba el problema. A los excesos del Estado y de sus funcionarios sólo es admisible anteponer una ciudadanía consciente de sí misma, de su compromiso con el orden institucional requerido para poder vivir en paz y garantizarse su bienestar. Entonces, no es otro poder, un apéndice adicional a ese monstruo que es el Estado, sino una "Sociedad Civil" más fuerte lo que Venezuela necesita.
Es bueno advertir que la propuesta bolivariana no es necesariamente un sin sentido, como muchos parecieran creer. La objeción es que es una solución de coyuntura, que no profundiza en las causas reales y más profundas del problema: nuestra escasez de ciudadanos.