La ciudad y el país
Marco Negrón
Entender el papel que puede cumplir Caracas (o cualquier otra gran ciudad) en relación al país, exige tener presente aquel planteamiento de Octavio Paz según el cual 'una civilización es ante todo un urbanismo'. Para hacer viable un proyecto de país cuyo horizonte sea el bienestar general, todo el pensamiento debería estar presidido por esa idea y por la otra, más reciente, de F. Barré según la cual 'el gran desafío de hoy es la ciudad; el gran proyecto consiste en hacerla habitable'. Pero nada se logrará sin desmontar una larga suma de prejuicios contra la ciudad fuertemente arraigados en nuestras autoridades y en muchos de nuestros más reconocidos intelectuales.
Lamentablemente, en efecto, durante décadas se ha insistido en ver a Caracas como un lastre para el desarrollo del país, por lo que su crecimiento ha sido más el resultado de una dinámica no controlada que de una intencionalidad proyectual.
Aquella visión no refleja sino una incomprensión negligente del rol de las ciudades en el desarrollo de las sociedades. Caracas, como la mayor ciudad venezolana, la que contiene una más alta densidad de capital humano (el recurso por antonomasia), los mejores centros de educación superior y de investigación así como otros de producción y difusión cultural francamente excelentes, constituye sin discusión el activo más importante de la sociedad venezolana. Un proyecto claro para el desarrollo de Caracas es un proyecto para el desarrollo de Venezuela.
Pero ahora, además, comienza a ponerse de moda el autoritarismo; muchos creen que no se puede ordenar el desarrollo de las ciduades sin una autoridad fuerte, virtualmente dictatorial, y para ello, crasa ignorancia o abismal anacronismo, citan a Pérez Jiménez o a Napoleón III.
Se olvida que los dos paradigmas del urbanismo contemporáneo se llaman Curitiba (Brasil) y Barcelona (España). En ambos casos el caldo de cultivo que ha permitido sentar las bases del éxito han sido la democracia y la autonomía de los poderes locales, además por supuesto de los saberes profesionales de las autoridades y líderes de los procesos.
Comenzar a enrumbar a Caracas por el camino de un desarrollo sustentable con horizonte nacional supone además, entre otras cosas, adoptar decisiones urgentes que permitan conservar el legado histórico común y los valores ambientales sin afectar el derecho legítimo de los privados. Un enfrentamiento 'suma cero' entre los valores históricos, culturales y ambientales y los de los negocios, llevará siempre a que se impongan los segundos en sus versiones más degradadas. Pero aquellas decisiones son también condición para iniciar la recuperación del espacio público que es el espacio definidor de la ciudadanía en sus distintas escalas.
Y no está demás recordar que el espacio público por antonomasia es la calle, por lo que también urge repensar el transporte no como simple medio de traslado sino como instrumento para la construcción de ciudad. La clave para ello es el manejo adecuado de la relación usos del suelo/transporte público/peatón.
El plan general urbano es insuficiente para hacer la ciudad, la cual debe ser proyectada incluso en sus detalles, pero ello no significa que sea superfluo: sobre todo en ciudades de escala metropolitana, el plan debe ser el marco que coordina e integra los proyectos.
Por último, pero no menos importante:es esencial definir una línea de acción para la recalificación e integración a la ciudad de las áreas informales, pero tiene la misma urgencia la definición de políticas para que ellas no se reproduzcan a futuro.
El Universal Digital, 30 Julio 1999