La derrota de los bueyes cansados

Julio Barroeta Lara

No sorprendió tanto el fracaso electoral de la oposición como el volumen conque fue aplastada. En cambio los dirigentes del Polo chavista, siguiendo las normas del mítico general Copetón, avanzaron contra inexistentes enemigos con un escuadrón cerrado de políticos profesionales al frente, dedicados día y noche a buscar el triunfo con su profusión de fantasías por prensa y Tv, es decir, minando el camino por donde pasaría el adversario. En esto se debe reconocer la eficiencia del trote militar que es el que el Polo lleva por dentro y ahora floreció, también, con 18 oficiales (r) del Ejército en la Constituyente.

Teniendo por delante la batalla del 25, el Polo chavista nada dejó a la buena de Dios: publicidad abundosa y supermoderna, movilizaciones masivas, impresos a todo color de sus candidatos, que los convirtió en personajes de Hollywood y populismo presidencial en dosis para matar elefantes. En tanto, sus adversarios del Polo Democrático les opusieron una estructura blanda caracterizada por falta de unidad de comando, dispersión de esfuerzos, (¿cuáles?) y el llevar al frente la misma cara que tiene desde hace más de cincuenta años.

Cierto es que no sólo de pan vive el hombre; pero sin pan no vive, reto éste que tiene ante sí el Polo chavista y respecto al cual, alguien de su seno, en este caso José Vicente, se aparta del discorrallado y dice: 'es hora de entrarle definitivamente a la economía'. (El Universal , julio 26).

Dos cosas manejó sabiamente la estrategia de ese proyecto militar-cívico; crear el enemigo a derrotar, es decir a quien azuzarle los perros, y el saco de las promesas. Cumplió lo primero al estilo Nerón: echarle los socialcristianos a los leones en el circo, para que la multitud hiciera catarsis.

La oposición quedó atomizada porque no se vota por alguien sino contra alguien. En la guerra no triunfo yendo a mi favor sino contra el enemigo, que así lo pensaba Julio César, el más grande y culto capitán de la Historia. Y gana la pelea quien diga con Ben Hur: 'Hay que amar la vida mientras viva el enemigo'. Es decir, sin el odio no te brotará la energía para derrotarlo y, tal, en este sentido, matarlo. (Y lo dejó completamente matado). El odio, más que el amor, es la más poderosa fuerza energética del espíritu. Fue lo que bien supieron estimular los duchos del chavismo, en cuyas filas hay veteranos con parches de mil batallas. Van comunistas perseguidos por gobiernos y que ahora son gobierno; adecos que le dijeron 'chau contigo' a Betancourt; copeyanos que, ahogados en lágrimas disidentes y agitando un pañuelito, igual se despidieron del doctor Caldera para convertirse en paganos. Y masistas auténticos, cansados de ser ninguneados.

Las elecciones ratificaron que sólo un porcentaje de la población, digamos la tercera parte, 4 millones de los 11, fue a votar. Los del Polo chavista trabajaron a fondo esa tercera parte, porque el militar no puede creer en pajaritas preñadas. No pierde de vista el potencial de guerra. Los opositores esperaron en el chinchorro a que esas otras dos terceras partes salieran a pelear por ellos. Algunos hicieron cosas notorias, como Donald Ramírez, quien intentó ir a la Constituyente hablando en voz baja desde las riberas del Arauca vibrador.

La obnubilada oposición no cayó en cuenta de que estaba frente a una poderosa maquinaria bien aceitada y movida por las técnicas, nada despreciables, de la estrategia militar, basadas éstas en la lógica, porque militar sin estrategia es militar muerto.

El Nacional Online, 2 agosto, 1999