Boves en mayoría

Gustavo José Linares Benzo

Como en 1946, el partido de gobierno domina de calle la Asamblea Constituyente. Entonces 131 diputados adecos tenían como compañeros a sólo 17 copeyanos y de otros partidos. Aunque en los puntos de honor aplicaron la abrumadora mayoría, el debate fue de tanta altura que la Constitución de 1947, con pequeños retoques en 1961, ha durado hasta hoy.

Hay, sin embargo, una diferencia sustancial entre 1946 y 1999: el nivel de los constituyentes. Con muy contadas excepciones, la estrategia del Polo Patriótico a la hora de escoger sus candidatos, hoy asambleístas, fue la de alzaprimar la docilidad y la sumisión como principales virtudes de los futuros constituyentes, con lo cual ahora el gris es el color predominante en la Asamblea. No hay talento como el de Andrés Eloy Blanco o Martín Pérez Guevara, sino una comparsa de lo más variopinto de la escena nacional, que tiene como denominador común la absoluta carencia de alguna visión de país que pueda plasmarse en un nuevo texto fundamental. La prueba de tal defecto es la propia confesión de Alfredo Peña con una campaña electoral digna de unas presidenciales según la cual en tres meses saldríamos de todo esto y tendríamos nueva Constitución. En otras palabras, una Asamblea de brazos en alto ante cualquier deseo de Miraflores.

El análisis de los resultados ratifica varios puntos ya sabidos y revela otros alarmantes. El presidente de la República es el político más popular del país, y la estratagema publicitaria de vincularle los números (ni siquiera los nombres) de los candidatos del Polo arrastró a las dos terceras partes del electorado a marcar la chuleta oficialista. Sin Chávez, la mayoría de los candidatos del Polo hubieran pasado por desconocidos.

Aún más importante y novedoso es el fenómeno de la abstención. La mitad de la gente no votó. Pensar que todo ese país no representado en la Asamblea es antichavista sería exagerado, pero lo que en todo caso es cierto es que el actual liderazgo político, incluyendo al Presidente, les resulta insulso y reina la apatía frente a las propuestas que se barajan en el debate público. Grave asunto en un proceso constituyente, porque si a esa mitad inerte le sumamos la tercera parte de los votos efectivos contrarios al Polo, tenemos que la Asamblea no está en manos de la verdadera mayoría.

Exactamente ese era el discurso de los actuales líderes del régimen para descalificar las elecciones de los cuarenta años anteriores, llamándolas ilegítimas. Ridiculez que este lugar se apura en denunciar, porque el que no votó ahora debe callar y calarse la decisión de la mayoría sufragante que designó a sus representantes en la ANC.

Cierto es, de todos modos, que hay un nicho de más de la mitad del país que ni siquiera tiene ganas de votar. En consecuencia, al menos inconscientemente, ansía un líder en quien depositar sus esperanzas. Esa gente es la desesperada y en extinción clase media, cansada ya de tantas amenazas y de tanta penuria; y buena parte de quienes están por debajo del umbral de pobreza, que ya se han dado cuenta de que el régimen actual no es muy diferente a los anteriores.

Otro dato de los resultados del domingo puede ayudar a descubrir ese líder: la altísima votación de Claudio Fermín, quien rompíó el quino patriótico y entró con sus solas fuerzas entre los primeros. La chuleta nacional fue en realidad una mezcla de nueve candidatos del Polo y Claudio. Hasta ahora se ha mantenido muy prudentemente callado, sin caer en los desplantes de Olavarría y Franceschi, lo que avala aún más su posición. Habrá que tomarlo en cuenta como líder de una oposición democrática a este militarismo que nos arropa.

¿Que hará ahora ese modelo castrense vestido de Constituyente? En las primeras de cambio se ha mostrado muy morigerado, al parecer olvidando sus promesas de disolución de todo y llamando a la cordura y a la paz. No se cree. El poder, se repite, sólo se detiene con poder, y si los únicos que quedan en pie la Corte Suprema y los medios de comunicación no defienden las libertades elementales se irán diluyendo más pronto que tarde al ritmo de las botas del comandante. Ya se habla de informacion 'veraz' (id est, censura) y de 'emergencia educativa' (eufemismo por asfixia de la educación privada) y así seguiremos. Nunca un sistema político puede dejarse a la benevolencia del tirano (del ogro filantrópico, como diría Paz); es necesario limitarlo institucionalmente mediante la separación de poderes y el control judicial. Hoy en día, además, las presiones internacionales a favor de las democracias representativas son otras represas a los caprichos oficiales.

La mayoría apostó por Chávez. Como el pueblo sí se equivoca, hay bastantes indicios de que volvió a hacerlo esta vez.

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El Universal Digital, 31 de julio de 1999