Desde el balcón

María Sol Pérez Schael

Para el oficialismo el 'poder originario' es sinónimo de revolución. Este eufemismo, nada ingenuo, pretendería que la Asamblea Constituyente pueda 'inventar' una sociedad de acuerdo a la ocurrencia de sus miembros. Semejante pretensión no ha sido, hasta el presente, defendida con argumentos suficientes ni razonables. Quienes ahora detentan un poder casi absoluto se han limitado a justificar sus pretensiones con argumentos emocionales (¡fuera los corruptos, abajo las cadenas impuestas por las leyes moribundas!) y, cuando ya es un hecho que controlan la Asamblea, la mayoría de los ciudadanos debería preguntarse cuál puede ser el destino de sus vidas en manos de ese grupo de asambleístas si éstos, violando las decisiones de la CSJ y las normas aprobadas por el 'soberano' el 25 de abril, insisten en asumir poderes ilimitados.

Un poder originario, hay que decirlo, tiene facultades infinitas y, así como puede disolver poderes, cambiar las estrellas y colores de la bandera o reordenar el territorio, también puede subvertir el régimen de libertades, violar los derechos de propiedad y, si le diera la gana, podría instaurar un apartheid en el que se excluyera a grupos por motivos de sexo, raza o credo. Entonces, un poder de esta naturaleza no puede basarse en el arbitrio de 131 personas elegidas por menos de 5 de los 11 millones de electores, ni puede ser ejercido desconociendo las condiciones aprobadas el 25 de abril. Habría que añadir, además, que si bien nadie duda de la legalidad de los resultados, el mandato otorgado no es evidente. ¿Qué persona decente, responsable y consciente podría afirmar que en forma soberana, es decir, haciendo uso de su razón y su responsabilidad, el pueblo otorgó poderes de esa magnitud? ¿Cuántos de los electores 'entubados', posee información sobre el proyecto de país que el comandante Chávez dice tener preparado para presentarlo a la Asamblea? Al hombre que habla desde el balcón y reta al país con la frase 'no hay que temerle a las mayorías' habría que preguntarle a qué mayorías se refiere, ¿acaso a una mayoría que lo ama ciegamente y, espera con abundante fe y poco conocimiento un maravilloso destino que le otorgará la voluntad de un salvador? Hay que temerle a mayorías cargadas de deseos pero desinformadas. Hay que temerle a la concentración de poder en minorías engolosinadas con un triunfo sustentado en mayorías circunstanciales.

Pero así como es un secreto el proyecto de Chávez y las ideas de los constituyentistas, asimismo es un misterio lo que piensa y espera el ciudadano. El 23 de junio de 1999 el profesor Angel Alvarez presentó ante el Congreso los resultados de una acuciosa investigación sobre las expectativas de los venezolanos ante la Asamblea Constituyente. El 61% dijo estar de acuerdo con cambios graduales y paulatinos pero no estar dispuesto a respaldar la idea de la revolución violenta. A la pregunta: '¿Debería el Presidente acabar con el Congreso y gobernar solo, o llegar a un acuerdo con los partidos políticos representados en él?' El 71% de los encuestados dijo que 'debería llegar a un acuerdo con los partidos representados en el Congreso'. Por último, 'el 89% de los venezolanos cree que lo mejor de la democracia es que permite vivir en libertad, libertad de cultos, libertad de asociación, libertad de participación, libertad de trabajo, libertad de empresas, libertad de conciencia, libertad de circulación, libertad de expresión y pensamiento'.

Es hora de que Chávez deje de tirar migajas desde el balcón y gobierne fuera de la trinchera militar. Eso, en un país complejo y poco previsible como Venezuela, lo obliga a no desestimar el 55% de electores que no se pronunció y a no desdeñar esa minoría que lo adversó. Mañana, la pobalda que lo ama y la otra también pueden cobrarle los secretos guardados; pueden cobrarle la desinformación y la opacidad en su comportamiento, sobre todo si sus ideas se deben a Ceresole, Negri, Fidel y Kaddafi; en otras palabras, si con esa Constitución él concentra el poder y al pueblo le ofrece la igualdad de una miseria compartida.

marsperf946@cantv.net
El Universal Digital, 28 de julio de 1999