¡Está de moda lo latino!

Mary Ferrero

Como todo fenómeno histórico, para los no especialistas, se trata de algo que comenzamos a percibir inadvertidamente y de pronto, en algún momento, estalla ante nuestros ojos con certeza definitiva. Es ese asunto de los latinos en Estados Unidos. Uno va a Nueva York y el inglés elegante o chapuceado se nos queda en el aparato: todo el mundo habla español, se trate del dependiente dominicano de la delicatesen, de la jovencita portorriqueña que nos ofrece ropa interior en Bloomingdale o del ejecutivo gringo con el que tenemos una reunión de negocios.

En cualquier gran ciudad del país del Norte (aquí incluyo hasta Nueva Orleáns) se siente el país multinacional: los negros, discriminados hasta hace pocas décadas, son ya cabales ciudadanos y gente del estatus. Se siente el peso de los descendientes de italianos e irlandeses y especialmente esa presencia cautelosa y desbordada de los asiáticos, esos personajes que la novelista Ami Tam ha elevado a la categoría de los nuevos norteamericanos.

Otra cosa son los latinos: a medio camino entre el american way of life y la salsa, entre el beisbol y la vocinglera participación civil, cunden por los rincones más insospechados de la cotidianidad americana y comienzan, sí señor, a ser determinantes en los pronósticos electorales.

'¡Están de moda los latinos!', nos dice el rostro sonriente y moreno de un joven milagrosamente parecido a Chayanne en uno de los canales de televisión más visto en el Norte. Bueno, hay que decirlo: están de moda porque son una verdad, un hecho.

Son los chicanos en los estados del oeste, con una presencia abrumadora que ha logrado modificar hasta la dieta gastronómica de los nietos del Mayflower. Son los boricuas y portorros de New York y Nueva Jersey, los cubanos de Miami. También los venezolanos, que comienzan a dar signos de vida desde el estamento poderoso de la industria de la moda hasta las areperas que surgen por aquí y por allá, incorporando guasacaca, cachitos, pan de jamón, alegría y música y excelentes profesores de literatura hispanoamericana en más de una institución universitaria de muy alto prestigio.

Los latinos están instaurando una cultura híbrida, pero una cultura real que no debemos tener temor de abordar: se insertan en el fin del milenio con su irrenunciable pasado la raza , como punto de partida de todo lo posible y el deseo válido de una vida mejor. Son, contrariamente a otras vertientes étnicas, decididamente bilingües y esta circunstancia hará que, a la larga, los Estados Unidos admitan el español como segunda lengua en su enseñanza. Son entonces, conquistadores. Han llegado con su pobre bagaje material y cultural, pero, sin estridencias, van imponiéndose. Traen su color moreno, su mestizaje y su cadencia, su idioma, un pasado de privaciones y una desoladora pobreza. No obstante, se filtran por todo el tejido social del primer país de la Tierra y se hacen sentir en aquello que mejor saben expresar. No tienen, como otras inmigraciones, mayores problemas religiosos ni arraigadas normativas sociales. Son flexibles, absorben fácilmente los puntos de vista extranjeros, son díscolos, poco dados a la disciplina, pero trabajadores, leales y alegres. Sobre todo alegres.

Ya hemos visto cómo las caras lindas que consagrara Maelo Rivera son carne de las grandes carteleras cinematográficas, de lujosas pasarelas y portadas de revistas y de grandiosos escenarios de espectáculos. También escriben los latinos: comienzan ya a ser un gran grupo de creadores que incorpora la esencia hispana a la narrativa norteamericana y perfila lo que en el futuro se denominará, seguramente, la 'identidad híbrida'.

Muchos de ellos estarán entre nosotros el próximo noviembre. La VIII Feria Internacional del Libro de Caracas, que tiene este año como país invitado de honor a los Estados Unidos, tratará un tema en extremo atractivo: La vigencia de la cultura latina en USA. Será una oportunidad única para conocernos en el gigantesco espejo de América.

maryferrero@hotmail.com
El Universal Digital, 29 de julio de 1999