Clinton acusado de crímenes de guerra

Jon Basil Utley

(AIPE).- Tanto la Convención de Ginebra, como la Carta de las Naciones Unidas, los Principios de Nuremberg, el Acuerdo de Helsinki y la Constitución de Estados Unidos han sido violados por Bill Clinton, Madeleine Albright y William Cohen, según cargos introducidos por la Comisión de Indagaciones de la Coalición de Acción Internacional (IAC, por sus siglas en inglés). Esos cargos se agrupan principalmente alrededor de "iniciar una guerra", "tomar deliberadamente como blanco la infraestructura civil" y "violar y destruir el papel conciliador de las Naciones Unidas".

Se trata de 19 cargos descritos en importantes tratados internacionales y hasta en el Manual de Combate 27-10 del Ejército de Estados Unidos (por planear, anunciar y ejecutar ataques con la intención de asesinar líderes gubernamentales y civiles seleccionados como los "amigos de Milosevic"). Los comandantes estadounidenses y los portavoces de la OTAN y del Departamento de Estado fueron tan ignorantes y arrogantes respecto a los tratados internacionales y las leyes que públicamente alardeaban sobre actividades ilegales y la destrucción de objetivos no militares. Por ejemplo, utilizar a periodistas yugoslavos como blancos fue una violación del Artículo 79 de la Carta de la ONU. Bombardear fábricas de fertilizantes y de cigarrillos violan la Convención de Ginebra por no ser objetivos militares. Bombardear tanques de sustancias tóxicas cerca del Danubio y destruir sus puentes es una violación de la Convención en la Cooperación para la Protección y Uso Sostenible del Río Danubio, etc.

"Infligir, incitar y ampliar la violencia entre musulmanes y eslavos" es otro de los cargos. De hecho, el presidente de la Comisión, Ramsey Clark -ex ministro de Justicia de Estados Unidos-, argumenta que los acusados agravaron el conflicto entre eslavos y musulmanes, desplegando tropas estadounidenses para controlar las exportaciones petroleras del Cáucaso con "objetivos imperialistas". Se indicó que Washington a propósito utilizó aviones turcos, innecesarios desde un punto de vista militar, para bombardear a serbios eslavos y así revivir los viejos odios contra el imperio turco.

Otros portavoces argumentaron diversos motivos económicos del ataque a Serbia: desde promover la venta de armas estadounidenses hasta la toma de Kosovo para beneficio del gigante minero Trepca. Otros indicaron el interés de empresas de construcción norteamericanas que esperan beneficiarse de los contratos de reconstrucción de la infraestructura destruida por los bombardeos, de igual manera como ya se han beneficiado en Bosnia.

Roland Keith, uno de los 1200 miembros de la fuerza de paz en Kosovo, quienes fueron ordenados a salir para que la OTAN pudiese comenzar los bombardeos, dice que ellos mantenían control sobre la violencia y describe cómo en los primeros 20 minutos de su primer trabajo, acompañando a un policía serbio, éste fue muerto por un francotirador del Ejército de Liberación de Kosovo. Insiste que la violencia comenzó como reacción de los serbios a los ataques de la guerrilla y concluye que si Washington hubiera suspendido las sanciones económicas contra Yugoslavia, que eran la causa de la pobreza en Kosovo, un acuerdo hubiera podido ser negociado.

Otro argumento importante es que el parlamento yugoslavo ya había accedido a las demandas claves de la OTAN respecto a mayor autonomía para Kosovo y la presencia de fuerzas de la ONU en esa provincia. Pero Washington insistía que Belgrado aceptara tropas de la OTAN con acceso irrestricto al resto del territorio serbio.

Recordando la vieja frase de William Randolph Hearst a sus reporteros: "ustedes consiguen las fotografías, que yo aporto la guerra", se citó el informe de la Cancillería alemana respecto a que no había sucedido "limpieza étnica" en Kosovo antes que comenzara el ataque de la OTAN y, desde entonces, las atrocidades fueron cometidas por ambos bandos.

Las denunciadas "sepulturas masivas" encontradas en Kosovo suman quizá unas 200 y los 100.000 kosovares albanos muertos es una mentira más de la propaganda de Estados Unidos y la OTAN. El profesor Michael Mandel de la Universidad de York en Canadá explicó que las muertes en grupos comenzaron después de los bombardeos, por lo cual no sirven para justificar el ataque.

Entre las muchas violaciones se destaca la relativa a la Carta de la ONU contra el ataque a una nación soberana no agresora. La OTAN también violó sus propios artículos 1 y 7 de su carta constitutiva, donde alega ser una alianza defensiva que hará uso de la fuerza sólo si uno de sus países miembros es atacado, reconociendo la "responsabilidad primaria del Consejo de Seguridad de la ONU para el mantenimiento de la paz y seguridad internacional".

David Jacobs, un abogado del grupo canadiense, dijo que las razones humanitarias alegadas por Clinton recordaban los argumentos de Mussolini para invadir a Etiopía: "sacarlos de la esclavitud" o de Hitler en evitar "atrocidades contra los pueblos germanos". "Comenzar una guerra no provocada" fue el principal cargo en Nuremberg que Estados Unidos utilizó para conseguir la pena de muerte para los líderes nazi.

El argumento que Reagan y Bush hicieron lo mismo ignora diferencias claves. En Irak, Bush consiguió previamente el apoyo de la ONU. En la isla de Granada se puede argumentar que estaba en peligro la vida de ciudadanos estadounidenses y que la Unión Soviética construía una base aérea. El bombardeo de Libia fue en represalia de ataques terroristas. La invasión de Panamá para apresar a narcotraficantes no tiene excusa, pero al menos no se destruyeron las plantas eléctricas ni los acueductos ni las comunicaciones de ese país. La invasión de Haití por Clinton tampoco tiene justificación.

Ramsey Clark se refirió a los pilotos españoles de la OTAN que rehusaron bombardear instalaciones civiles. Estados Unidos y el presidente Clinton fueron señalados particularmente como principales propulsores de la guerra, de las violaciones legales y de las atrocidades.

Académico constitucional y de estudios internacionales
Ludwig von Mises Institute
Anterior corresponsal del Journal of Commerce
y de los periódicos Knight Ridder.