Venezuela: una, dos, tres, cuatro
Eduardo Ortiz Ramírez
Existe, en la actualidad venezolana, una gran paradoja: por una parte, los grupos políticos que se encuentran en el gobierno difunden la idea de no estar de acuerdo con la falsa democracia o con el consenso. En algunos casos se plantea, incluso, que este último es antidemocrático (que pensarían de esto los viejos socialistas utópicos o los pensadores liberales serios). Por la otra, esos mismos grupos se adjudican, insistentemente, la representación del pueblo y de Venezuela, justificando, con ello, su proyecto de país. Las complicaciones en la Venezuela actual, se hacen más agudas que en otros momentos, por la acumulación de ingentes problemas y por la potenciación que aquellos grupos políticos le han dado a la segmentación del país.
Por segmentación del país entendemos la situación donde Venezuela está lejos de tener en su seno una nación monolítica. En realidad, existen en ella, quiérase o no, algo así como cuatro naciones. Es el futuro, el que dirá cuantas opciones o en que forma quedarán.
La primera Venezuela, es la que los grupos políticos en el gobierno han llamado corrupta o inmoral y que identifican con los partidos tradicionales o con casi todo aquel que no esté con ellos. No hay que ser defensor o miembro de los partidos tradicionales para saber que tal perfil es exagerado y acomodaticio.
La segunda Venezuela, es la representada por el propio gobierno, sus mentores, seguidores y la parte del pueblo, que en forma esperanzada los ha apoyado en su empobrecimiento, desespero y frustración. El mismo pueblo, por lo demás, que votó por presidentes y líderes regionales en tiempo reciente (de los partidos tradicionales o de otros de insurgencia cercana), pero por los cuales hoy no tiene la misma simpatía.
La tercera, atañe a los grupos sociales que no entienden el proceso político que en uno u otro sentido vive hoy el país o que simplemente viven alejados de ello o -lo que es más preocupante aún- simplemente no les interesa. La concentración en sus vidas, cualquiera que sea el sentido que se le de a esta expresión, se manifiesta en descreimiento o indiferencia y en varios casos en abstención, como la vista recientemente. Guardando las distancias, hay que decir que esto ya se ha visto en países como Colombia.
La cuarta Venezuela, en su propia complejidad, se concentra, entre otros, en grupos de opinión, intelectuales, académicos, organizaciones no gubernamentales, defensores de la ciudadanía y la libertad de expresión y discusión, que no han sido -ni serán- arremolinados por el discurso efusivo y simple de los grupos políticos en el gobierno. Son también, estos integrantes, los que analizarán, discutirán y escribirán los sucesos económicos, políticos y la historia, en un tiempo más próximo del que algunos creen hoy día.
Desde el punto de vista de la Economía Política (hoy día por cierto con un resurgir en el escenario internacional), este escenario venezolano presenta por lo menos dos elementos de interés. Por una parte, los agentes económicos, en tanto ciudadanos, y dada la problemática situación económica, han convertido sus expectativas económicas en expectativas políticas, en la medida que albergan la esperanza que desde el escenario político surjan las soluciones económicas que les den empleo y menos inflación. Y, por otra parte, ciertos espacios del mundo empresarial mantienen y conservan una expectativa cómoda ante la dinámica política y las indefiniciones económicas, aunque el tiempo y la marcha interna e internacional presionan en cuanto a la necesidad de actitudes y posiciones más activas. Puede señalarse que, recientes cambios en la dirigencia empresarial abren posibles perspectivas en tal sentido.
Ese tiempo inmediato, es el que se le viene encima a Venezuela, en los dos, cuatro u ocho años próximos. Y, en estos años, se volverán a encontrar los venezolanos de estos cuatro perfiles que hemos referido.
Economista, profesor de la UCV.