Instrucciones para no hacer oposición a Chávez

Roberto Hernández Montoya

Una de las cosas más difíciles de entender es que los demás no entiendan. En estos días Paulina Gamus declaraba con su estilo nerviosillo que ella se siente apta para seguir en la dirigencia de Acción Democrática y que ese partido le debe grandes servicios. Que ella se retira de pura buena nota. Y yo me decía, con la humildad que exige toda consideración sobre Paulina: no han de ser tan grandes esos servicios si juzgamos por los presentes resultados, pues aquellos polvos trajeron estos lodos. Me pregunto qué servicios prestaba Paulina cuando el Viernes Negro, el 27 de Febrero, el 4 de Febrero o el 27 de Noviembre. ¿Por qué no propuso rectificar? Todos estaríamos mejor, incluyéndola a ella, y el general Chávez sería el ministro de la Defensa del presidente Ledezma.

Una curiara ofrece ayuda en una inundación a un creyente que está con el agua a la rodilla.

—Gracias, pero tengo fe en Dios —dice el devoto.

Más tarde una lancha, cuando el férvido ya tiene el agua a la cintura.

—Gracias, pero tengo fe en Dios.

Van pasando barcos y finalmente un helicóptero cuando ya el místico está con el agua al cuello en un techo.

—Gracias, pero tengo fe en Dios.

—Pero bueno, chamo —le dice el Altísimo ya en el Cielo—, te mandé una curiara, una lancha y varios barcos. Por último te mandé un helicóptero y tú nada.

Palabra de Dios. Así Paulina. Así Donald Ramírez. Así toditos. No tuvieron ojos que vieran.

Lo peor es la mediocrísima y patética oposición que están haciendo, que tal parece que fuera Chávez mismo el que los inspira, pues no hacen sino reforzarlo. Mejor sería que no hicieran nada. Por eso me permito darles cinco consejos para ver si pegan una. No es que yo sea un gran analista o consejero político, sino que lo que aquí propongo no puede ser peor que sus metidas de pata:

  1. Retirarse a un pueblo lejano, pues nadie escucha sus canciones ya viejas.
  2. Buscar trabajo.

    Y la más importante:

  3. No hacer oposición.

    Oposición es como esas discusiones chuscas entre caraquistas y magallaneros en que gana el que dice la arbitrariedad más descabellada. Jonrón de caraquista es torta en boca de fanático magallanero. Y viceversa. Copei criticaba en AD lo mismísimo que Copei hacía cuando estaba en el gobierno. Y viceversa, que a veces uno no sabía quién estaba en el gobierno y quién en la oposición, porque no importaba. «Díganme de qué hablan para discrepar». Por eso digo.

    Ese maniqueísmo bufo de que tiene que haber una oposición maniática a todo lo que hace cualquier gobierno es tan idiota como pretender que todo lo que hace el gobierno es bueno. Será por eso, entre otras cosas, que nunca he querido militar en ningún partido, pues me niego a ejercer la estupidez de modo tan deliberado. Suficiente con la involuntaria.

    He aquí una oportunidad de oro para complicarle la vida a un gobierno que no sabe evitar el sectarismo: no hacerle oposición, desconcertarlo jugándole el juego que no espera. Tener más bien una política de autonomía intelectual que permita sugerir y hasta exigir alternativas en lugar de estorbar por estorbar. Se ganarían un gentío. Para ello dos recomendaciones más:

  4. Evitar todo lo que hacen Franceschi y Olavarría.
  5. Consultar con Chávez cómo hizo para retomar los ideales abandonados en 1958.

rhernand@analitica.com