Las Palabras y los Actos de Chávez
Arquímedes Guerrero
El Presidente Chávez es definitivamente un fenómeno telúrico y como tal muy difícil de interpretar con los esquemas mentales clásicos que utilizamos para analizar y juzgar a los arquetipos que desempeñan las funciones que la sociedad organizada ha establecido a través de los años.
Definitivamente no corresponde a la imagen que nos habíamos hecho de lo que debía ser un Presidente de la República, a pesar de que Venezuela ha producido numerosos ejemplos de Presidentes atípicos. Este Presidente dice de manera llana lo que le pasa por la cabeza sin miramientos a la forma ni a la majestad de su cargo. Es más, está íntimamente convencido que es necesario desacralizar la figura del Jefe de Estado y por eso urtica a más de uno cuando se viste de pelotero, o cuando decide pasarse a la torera las barreras que lo separan del baño de pueblo . Este proceder heterodoxo le ha valido severas críticas de la prensa ilustrada, tanto a nivel nacional como internacional, pero le han generado una aceptación apasionada de la multitud.
Sin embargo, si tratamos de hacer un análisis , en la medida de lo posible, desapasionado de lo que representa esta nueva manera de conducir al país, no podemos pasar por alto la enorme diferencia que existe entre sus palabras y sus hechos. Chávez en su expresión oral es un hombre lleno de contradicciones, es a la vez pugnaz, agresivo y conciliador. Es un ejemplo típico del más acentuado neopopulismo conservador latinoamericano, promete hacer lo incumplible, amenaza con acabar con todo pasado y crear una sociedad utópica basada en valores originarios de los inicios de Venezuela como República independiente. Al hacer esto recoge unos valores morales que los más cínicos habían desechados por considerar que eran inaplicables en una sociedad moderna.
Las palabras entonces nos hacen temer que los actos que de ellas se deriven producirán un cataclismo con efectos dramáticos e irreparables. Sin embargo si vamos más allá del verbo y observamos lo que él ha hecho en el ejercicio de su casi omnímodo poder, podemos detectar un uso prudente de lo que podríamos denominar un sentido común ajeno al de los otros Presidente que han hasta ahora conducido el destino de la nación. El Presidente, en sus actos ha llevado a cabo acciones que incluso sus mas acerbos críticos no pueden desconocer que eran necesarias para restablecer la paz social que se había perdido y que pendía desde el Caracazo como una amenaza latente que podía producir una guerra civil de proporciones y consecuencias difíciles de imaginar.
Quizá el país requería que este hombre venido de los llanos se atreviera a hacer lo que la mayoría de nosotros deseábamos se hiciera pero estabamos convencidos de que eso jamás ocurriría porque nos habíamos resignados a ver la decadencia de Venezuela como un hecho inexorable producido por el devastador efecto de lo que Juan Pablo Pérez Alfonso denominaba la maldición del estiércol del diablo el petróleo-.
Es obvio que Chávez, hasta que aprenda el difícil arte de gobernar una sociedad civil se va a equivocar, y sus errores nos generarán angustia y producirán efectos nocivos en el corto plazo, en particular en la maltrecha economía venezolana, pero si logra aprender de sus errores y modifica cuando sea necesarios las actuaciones contrarias al bien común de todos los habitantes de esta tierra de gracia, tal vez logre con su peculiar estilo ,sacar al país del marasmo en el que este está sumido y despertar las fibras dormidas de todos nosotros para que por fin nos pongamos de acuerdo en que Venezuela puede ser algo más que una posibilidad que nunca fue materializada en la práctica y todos unidos, chavistas y anti chavistas podamos construir un mejor futuro para nuestros hijos y nietos en el que estos puedan al fin sentir el orgullo de ser venezolanos.