A propósito de la imaginación

Javier Tomeo

Sobre la imaginación se han dicho y escrito muchas cosas. «La imaginación al poder reclamaban los chicos de mayo del 68. Nadie hizo caso a aquellos muchachos, pero aquella petición conserva todavía toda su validez. Sobrevivió en infinidad de pintadas. Mucho antes del 68, sin embargo, la imaginación -entendida como facultad del alma que representa las imágenes de las cosas reales o ideales- ya tuvo ilustres valedores.

«¡Oh, poder imaginativo!, -cantaba el gran Dante-. Tú, que a veces nos llevas tan lejos de nosotros mismos que no oímos mil trompetas sonando a nuestro alrededor ¿quién te pone en movimiento, si los sentidos no te excitan?»

Ramón suspira y me confiesa que cada día que pasa le cuesta más trabajo imaginar cómo pueden ser las cosas que no puede ver con los ojos del cuerpo. No cree necesario, de todos modos, que la imaginación represente imágenes de cosas reales. Se apoya tal vez en la realidad, pero los puntos de contacto pueden ser mínimos. Se separa de la materia y muy pronto encuentra sus propios caminos.

-En su opinión -prosigue-, imaginar es un proceso mágico que, como premio, acaba ofreciéndonos una visión anticipada de lo que puede ser, pero que aún no es.

-Entiendo -observo, para que no piense que me he tragado la lengua... Y me hace pensar en el amor de los platónicos, para quienes el amor es un estado intermedio entre el poseer y el no poseer.

Ramón enciende uno de sus apestosos cigarros y me envuelve en una espesa nube de humo.

-Más o menos -admite-. Mientras imaginamos y no tenemos, la imaginación nos proporciona únicamente hermosos castillos construidos en el aire. Luego, cuando se materializan esos castillos, dejamos de imaginar y no nos queda más remedio que ceñirnos a la materialidad de nuestros sueños ya realizados. Pronto, sin embargo, esos sueños realizados se convierten en punto de partida para lanzarnos hacia otros sueños aún más ambiciosos. Esa es nuestra grandeza y nuestra servidumbre.

-Exacto -observo-. Lo dijo con otras palabras el aragonés Benjamín Jarnés: «La imaginación nunca se sacia. Tiene por cárcel todo el universo». Encierra, sin embargo, sus riesgos. Lo dijo el monje Gaunilón, criticando el argumento ontológico de San Anselmo para demostrar la existencia de Dios, «no porque yo conciba a las Islas Afortunadas llenas de riqueza, se seguirá que tales islas pensadas como lo mejor de la tierra, existen en realidad». Dicho de otro modo: aunque yo imagine que tú no estás fumando, jamás conseguiré limpiar de humo esta habitación. No es lícito, amigo mío, pasar del orden conceptual al real.

-¿No es eso lo que hacen en este país algunos políticos? -me pregunta Ramón.

No me parece oportuno responderle. Sé que tiene ya sus ideas al respecto y que todo lo que pueda decirle no va a hacerle cambiar de opinión.

ABC (España), 6 de agosto de 1999