Los complementarios

Eduardo Haro Tecglen

El presidente de Acción Familiar negaba -madrugada, Onda Cero- la unión legal entre personas del mismo sexo: no es natural, decía. Como si lo natural existiese, y como si todo el trabajo humano desde que salió el hombre no fuese el de vencer lo natural. Decía que el hombre y la mujer son complementarios. En la zapa del insomnio acababa de oír la noticia de que en Egipto los asesinatos de hombres por sus esposas se están multiplicando: venenos o puñales, armas tradicionales de la mujer y a veces los queman vivos, que da más placer. ¡Las complementarias! La presentadora defendía a estas mujeres mutiladas desde niñas, recluidas en sus velos, apaleadas por padres y maridos. Si en algún momento hubiera justificado a los maridos que matan a sus mujeres, hubiese sido despedida.

Las relaciones entre hombres y mujeres son cada vez más libres, la complementariedad es la que cada dos desean, mientras la desean, y la generación es continuamente menor. Cuantas más igualdades haya y menos espíritu de dominio, de mando o de posesión, mejor. Y esa pareja natural va pareciéndose más a otras del mismo sexo: y si éstas quieren y pueden adoptar, adopten. ¡Cuántas miserias cometemos contra los niños para defenderlos! La idea natural de que necesitan de un hombre y una mujer para formarse es irreal: necesitan cariño, seguridad, abrigo, alimento, sonrisa. Los adoptados por homosexuales necesitan ayuda para salir del tormento que ha precedido a su adopción; y una educación libre, o sea, lo contrario de la etimología de la palabra. Los niños de complementarios que se agreden y se insultan cada día, los que viven en el abandono, los apaleados, son cada vez más. Los adoptados son elegidos: y el que adopta tiene más responsabilidad. Y si la pareja adoptante es homosexual, más esfuerzo pondrá en lograr bien al adoptado. Ah, leí a Grisolía y Portera -dos sabios- decir que el problema de los niños adoptados por homosexuales es que pueden hacerse homosexuales. ¿Y qué? ¿Es peor? Quizá se pueda creer que los hijos de las parejas heterosexuales, o complementarias, o naturales, serán siempre heterosexuales. ¿Y de cuáles nacen los homosexuales? Lo grave: salvo el interlocutor elegido para hacer frente a este hombre clásico de la España vieja (decimos profunda y es un error: superficial), los oyentes no aceptaban esas uniones. Han llegado a admitir la homosexualidad: pero no su pareja legal y menos la adopción. Qué tiempo hará falta para que esta otra forma de lo natural que es la libertad llegue a abrirse.

El País Digital (España), 10 de agosto de 1999