"Esas negritas eran de Acción Democrática"

Nelson Oyarzábal

Como una expresión digna de antología y de catalogarse en el museo vivo de la palabra venezolana, entrará la frase que pronunciara el dirigente de Acción Democrática, Humberto Celli, en su última sesión del CEN, después de conocerse los resultados de la Asamblea Constituyente. Cariacontecido, nostálgico, lloroso y con su respectivo puño y letra de renuncia al partido exclamó: "Esas negritas que anoche bailaban, al compás de los cantos de Alí Primera, en los patios de Miraflores, eran las negritas de Acción Democrática". Indudablemente que sí, doctor Celli, usted ha dado en el clavo y me la pone de bombita. Pero no sólo las negritas, también agregue las trigueñitas, las morenitas, las café con leche y una que otra catirita camuflada con agua oxigenada y también sus equivalentes étnicos del género masculino, a su buen entender: el pueblo venezolano.

Se imagina entonces, doctor Celli, la tragedia en el próximo aniversario del partido, cuando no existan negritas de Petare, ni de San Agustín, ni de San Juan, mucho menos de Barlovento, El Callao y Gibraltar que animen las comparsas de las ya célebres romerías adecas, leyenda viviente de las fiestas de su partido, el partido del pueblo y de Juan Bimba. Pues tendrán que exportarlas o clonarlas, porque estas negritas que bailaban con el presidente o el candidateable de turno ya ni se compran ni se venden, como dice el pasodoble español. Se podrá percatar también doctor Celli que esos refranes tan arraigados en el habla y en el sentir de inmensas multitudes de la población venezolana como: "adeco nace no se hace" y "adeco es adeco hasta que se muera", no se oirán más y quedará como parte del trabajo de rescate de la cultura popular de los folkloristas y filólogos del nuevo milenio, junto con los sancochos, el whisky los tradicionales bautizos colectivos y las blancas navidades.

Habrá caído en cuenta, entonces, que dentro de pocos días la Corte Suprema de Justicia, el Congreso, el Consejo Nacional Electoral y las tribus de David, pasarán a mejor vida para abrir un proceso de adecentamiento nacional que su partido boicoteó, aligerando su acta de defunción. Pero ¿qué pasó?, dónde ha estado usted en los últimos años que no captó la pérdida de su último activo patrimonial: las negritas que hoy lamenta, sino también la ética, la filosofía, el compromiso para convertir a su partido en la empresa más corrupta y clientelar del país. Pero insisto, dónde carrizo estaba usted y sus compañeros que en los últimos ocho meses perdieron gobernaciones, candidato presidencial, elecciones presidenciales, referéndum para terminar asumiendo la política del avestruz, en un acto de cobardía sin precedentes en la historia política nacional.

Pero no pierda el sueño doctor Celli, porque a falta de negritas autóctonas, tendrá, con sus largas y bien merecidas vacaciones en la política venezolana, suficiente tiempo para visitar y tomarle fotos, -cual objeto museable y exótico- a las bellas tostaditas de las islas antillanas o de Suráfrica, bien colocadas en los últimos certámenes de belleza internacional. En tiempos de refundación algunos ex compañeros suyos empiezan a copiar este vocablo; conviene aconsejarle que revisen las maneras de mirar y pensar al pueblo, para mandar al traste el discurso populista de perversas consecuencias en el siglo XX latinoamericano, que ya nos preparamos para despedir, inexorablemente, al igual que a ustedes. Paradójico y triste final para un partido que creció a imagen y semejanza del pueblo; lecciones vivas para los que se van y para los que llegan.

El Nacional On-Line, 9 de agosto de 1999