El engendro

Antonio Cova Maduro

Cuando muchos creíamos que los pasados 40 años habían sido uno de los más esplendorosos de nuestra corta vida republicana, recién nos han hecho descubrir que quizás haya sido el más horrendo. ¿Qué razones pudo haber para tal equivocación primera? Pues la coincidencia de dos hechos singulares en nuestra experiencia histórica: era la primera vez que teníamos 40 años continuados de paz y eso, créanme, es uno de los regalos más portentosos de la Divina Providencia a cualquier sociedad. Basta con volver la atención a nuestro atormentado siglo XIX para saberlo, y si no queremos ponernos históricos, volver la mirada a la adolorida Colombia.

Y ello se empataba con que hubiésemos tenido la oportunidad de concurrir, de modo continuado, nueve veces, óigase bien: nueve veces a elegir libérrimamente a presidentes y cuerpos legislativos, y llegar incluso hasta gobernadores y alcaldes. Todo ello sin el espectro de un golpe o de un diktat militar, ni de inmediata reelección amañada. ¡Vaya logro, no!

¿Significaba ello que ya vivíamos en utopía? Los resultados parecen gritar un contundente No, ¡de ninguna manera! En el camino, lo contrario de lo que propone el refrán, las "cargas no se fueron enderezando, sino más bien complicando'' o si ustedes prefieren, las cargas "se fueron tornando inicuas'' y por lo tanto ¡insoportables!

En el mundo en que vivimos no bastan las ventajas políticas (cojan luces amigos quintarrepublicanos: de política nadie come, salvo... ¡los políticos!) sino que lo que resulta fundamental a todos es compartir la prosperidad. Y para poderlo hacer, no hay más remedio que labrarla primero.

¿QUE OTRAS COSAS RECORDAMOS?

Estos 40 años conocieron también la caracterización de un país. Tocó a hombres de la cultura acuñar dos adjetivos para identificarnos: país campamento o país portátil, que con algunos matices no venía a significar otra cosa que un país de "la eterna mudanza'', o para usar la terminología teatral, tan adecuada a lo que se estaba tratando: país de utilería.

Estas caracterizaciones, que siempre expresaron una profunda amargura y se pretendían cínicas, dieron en el clavo mucho más de lo que se imaginaron quienes las crearon. Venezuela parece ser un país que se solaza en la "eterna mudanza'', en el continuo ensayo de múltiples vestuarios, de mil máscaras.

Nunca ha dejado de sorprenderme que cada vez que hablo con gente de empresa aparece esa perpetua caracterización: "Usted sabe, profesor, que estamos atravesando por grandes cambios en esta empresa''. Vuelves a ella años después y ya como una expresión ritual te repiten que "están en momentos de grandes cambios''. Y la pregunta te asalta, ¿y cuándo vendrá el tiempo del "asentamiento'' de esos cambios, precisamente?

Una sospecha ha ido brotando con los años: nunca, porque siempre se estará en cambios, siempre se estará experimentando. Podríamos añadir ahora otra caracterización: país en experimentación. En Venezuela, por lo que parece, vivimos en un perpetuo ensayo y cuando no se ven los milagrosos resultados de esos ensayos, pues a otros nuevos y así por siempre, eternamente.

Y AHORA...¡CONSTITUCION DE ENSAYO!

El Presidente acaba de acudir a "su'' Asamblea Constituyente a proponerle un nuevo experimento al país. Confieso que mis pre-juicios me decían que sólo prestaría atención a dos asuntos: poderes omnímodos al Presidente y por supuesto la reelección inmediata. Bueno, en lo 2° no me defraudó y todo va saliendo como Manuel Caballero ha predicho insistentemente.

En lo que sí se destaca su propuesta es en cómo delínea, tan concisamente como le es posible, su alma de experimentador perpetuo. En eso es muy, pero muy venezolano. Y por supuesto con un ingrediente tan vernáculo como el arroz blanco: los supuestos efectos de las propuestas.

Veamos algunas. Creación de la figura del vicepresidente, para descargar de tareas al Presidente... o para complicárselas. En Venezuela nunca ha sido saludable la presencia de dos cabezas en nada. Siempre terminan peleándose.

Se crean nuevas instancias (Consejo Federal de Gobierno, el Tribunal Supremo de Justicia) o nuevos procesos (referendos de todo tipo) sin que se avisore, no sólo dificultad alguna en su funcionamiento, sino la aparición de efectos perversos como se dice ahora.

Como hay palabras de moda y que suenan bellas y glamorosas: "Participación'' la principal, quizás, se la mete en todo sin asomar siquiera la posibilidad de que bien podría ser una "vía rápida'' para la apatía generalizada y pertinaz. El "participacionismo'' a ultranza, tipo democracia directa, es una vacuna muy eficaz contra lo que dice promover.

No tengo la menor duda de que el ejemplo dado por el jefe del Polo Patriótico provocará una epidemia de nuevas propuestas. Que ellas vengan de gente con escasa o ninguna experiencia en tareas de gobierno, pero que siempre han vivido en orgasmo permanente con sus propias ideas y propuestas de taxistas, garantiza que ahora sí, con más razón que nunca, seremos un "país de ensayo y experimentación'' y el engendro que pronto tendremos prestamente mostrará sus desatinos. ¡Suerte y... paciencia!