La banca en la V República
Luis Mata Mollejas
La política económica ortodoxa o tradicional se fundamenta en la creencia de que la demanda global debe ajustarse a la oferta global mediante manipulaciones de la oferta monetaria, usando como coadyuvantes el manejo de la tasa de interés y del tipo de cambio, por lo cual se recomienda la flexibilidad cambiaria. El trasfondo teórico es que la oferta global obedece a factores del largo plazo siendo relativamente inelástica en el corto plazo; dependiendo de factores coyunturales como la capacidad no utilizada de capital. Así, si la economía sufre, por ejemplo, de inflación, la terapia ortodoxa recomienda la disminución de la demanda, aun a costa de "un poco'' de recesión y de desempleo supuestos y temporales. Lo grave es que la historia reciente demuestra que la recesión y el desempleo derivados de tal política pueden durar varios (muchos) años y aun así no se logra la recuperación en la mayoría de los casos. En consecuencia, la estrategia ortodoxa puede ser muy ineficiente y no pocas veces nefasta.
La economía contemporánea, por lo contrario, estima que las variables fundamentales de política: tasa de interés y tipo de cambio, afectan en el corto plazo y simultáneamente a la oferta y a la demanda, pues los empresarios deciden invertir de acuerdo con el diferencial que exista entre el rendimiento deseado y el costo financiero de la inversión. Si las tasas activas son muy altas pocas serán las oportunidades de inversión que se materialicen. De allí que la terapéutica tradicional produzca, no una recesión temporal, sino una tendencia a la persistencia de la recesión, pues el diferencial entre el rendimiento esperado y el costo financiero se acorta persistentemente. Es pues la interacción entre el mundo financiero y el de la economía real, la que rige la marcha de la economía y es evidente que son los precios relativos financieros (rendimientos, tasas de interés y tipo de cambio) los que proporcionan los indicadores objetivos en cada instante.
Al considerar que las diversas economías tienen un rendimiento anual promedio de 20%, con desviaciones típicas de 3%, resulta evidente que las tasas de interés no deberían sobrepasar 10% para dar un margen que permita cubrir los riesgos propios de la inversión directamente reproductiva.
No es de extrañar entonces que en las economías desarrolladas la tasa activa por lo general no sobrepase un dígito anual; mientras que en las economías con problemas de recesión y desempleo persistentes la tasa llegue a dos dígitos medios (alrededor de 50%). Como los excedentes líquidos siempre tienen la alternativa de recurrir al mercado de divisas para disminuir los riesgos, la estrategia de elevar la tasa de interés para preservar el tipo de cambio se toma a la larga nefasta o ineficiente.
Se requiere entonces combatir el ambiente de especulación financiera (incluida la selección adversa de cartera o fuga de divisas) como paso preliminar o simultáneo para reducir la tasa de interés. De allí que la opción de recurrir al tipo de cambio fijo, o la circulación libre de divisas (desechado el control cambiario), dependa en mucho del resultado del intercambio con el exterior, para incluir importaciones, exportaciones y movimiento más o menos "autónomos'' de capital.
Otros indicadores para el manejo de la tasa de interés los proporcionan el endeudamiento fiscal y las operaciones del Banco Central, pues la economía contemporánea reconoce la necesidad de controlar el déficit fiscal para limitar las presiones sobre la tasa de interés.
La banca venezolana no ha recibido con entusiasmo las tímidas medidas que el BCV tomó para impulsar un descenso en las tasas de interés. Ello es necesariamente así porque a la banca le resulta difícil reducir su margen de ganancia, basado en las altas tasas, e iniciar la estrategia de ampliar los volúmenes de crédito para compensar, con magnitud de negocios, la reducción de las tasas activas. Los argumentos pueden incluir el "riesgo'', pero sobretodo considerará la incertidumbre sobre la estabilización del tipo de cambio, pues la política actual de suave pero persistente devaluación, mediatiza la evolución del tipo de cambio de la influencia del intercambio exterior. Así el alza del precio del petróleo no ha influido en la evolución del tipo de cambio, aunque su eventual reducción si lo haría.
En síntesis, las autoridades fiscales y monetarias requieren redefinir la política cambiaría para realinear la política sobre la tasa de interés.
Coordinador de la maestría
Política Económica de la UCV
Investigador del Cendes
E-mail: ccendes@reacciun.ve
Economía Hoy, 8 de agosto de 1999