Talión
Histórica Aula Magna
Earle Herrera
Histórico y emotivo fue el martes 3 de
agosto de 1999. Este día, en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, se instaló la Asamblea Nacional
Constituyente (ANC). Profesores, estudiantes, empleados y obreros ucevistas exteriorizaban
su orgullo y alegría por la altísima distinción que se le hizo a la máxima casa de
estudios del país al escogerla para un acto de tanta trascendencia: la sesión inaugural
de la ANC.
A la universidad le sobraban razones para sonreír. Los sentimientos eran encontrados. El júbilo se mezclaba con los recuerdos de 40 años de gobiernos puntofijistas que, con el Alma Mater, fueron particularmente mezquinos y represivos. Esta verdad del tamaño del estadio olímpico insuflaba al acontecimiento un aire de cierta ironía. Allí, en su seno, doblaban las últimas campanas por el moribundo régimen que siempre quiso avasallarla, sin lograrlo.
Los universitarios, mientras compartían la hermosa ceremonia, recordaban los asaltos armados durante los gobiernos de Betancourt y Leoni, resumidos en la frase lapidaria y cínica "disparen primero y averigüen después". A los de mi generación les venía a la mente el brutal allanamiento militar ordenado por Rafael Caldera en su primer gobierno, quien a la par, destituyó al rector magnífico Jesús María Bianco y demás autoridades democráticamente electas. Para completar la obra, en el hoy moribundo Congreso, su partido Copei y AD aplastaron a la oposición y reformaron la Ley de Universidades con el único fin de cercenar la autonomía universitaria y dar viso legal al atropello.
Pérez, Herrera y Lusinchi no fueron menos represivos. En su segundo gobierno, Caldera retomó el hilo de su odio anti universitario, adelantó una política de estrangulamiento económico y desde la altura de su presidencia, sólo superada por su soberbia, llamó a las universidades "casa de segundones". Calificativo sacado de contexto de una pedestre novela de Gallegos -Reinaldo Solar- que reflejaba como una radiografía del alma la dimensión de su desprecio y los contornos de su odio inexplicable e inexplicado.
El puntofijismo despojó a nuestra UCV de su Jardín Botánico y de su Zona Rental, hoy devueltos por el Gobierno del presidente Hugo Chávez Frías en un acto de justicia que lo honra. Por eso y por tantas otras agresiones, la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente en el Aula Magna tiene para nosotros tantas significaciones. Ese día se nos mezclaban la alegría y las viejas tristezas, la nostalgia y la firme esperanza en el porvenir. Muchos universitarios se decían que todo aquello les parecía increíble, hace pocos años inimaginable. Asistíamos al ocaso del viejo régimen justamente en la casa que vence las sombras. Y una que otra sombra enmascarada del moribundo deambulaba por allí porque la liturgia recomienda que en todo entierro haya cadáveres.
Pero no era un día luctuoso sino para ellos solos. El Orfeón Universitario puso la alegría de sus voces en todos los corazones. En esa Aula Magna donde oímos recitar a Pablo Neruda y cantar a Mercedes Sosa, en la que conversamos con Julio Cortázar y Nicolás Guillén, la que recibió a los barbudos victoriosos de Sierra Maestra y al Mohammad Alí (entonces Cassius Clay) que condenó la guerra de Vietnam, allí, bajo el cielo de Calder, despuntaba la aurora de la refundación de la república. Para decirlo con Luis Miquilena, allí, en la Universidad Central de Venezuela, volvía a ser cierta la primavera.
El Nacional On-Line, 10 de agosto de 1999