El Presidente Chávez y la crisis colombiana
Arquímedes Guerrero
El enfoque del Presidente Chávez con respecto a la crisis política y social de nuestra hermana república pudiera responder a una visión analógica a la que él ha utilizado para enfrentar la realidad nacional. Sin embargo, el uso de la analogía en las relaciones internacionales no es un método adecuado, porque los antecedentes históricos, políticos y sociales son diametralmente diferentes de una a otra nación.
El Presidente Chávez con sobrado éxito se ha convertido en el conductor de un proceso de cambio que es expresión de la voluntad colectiva de los venezolanos. En esto él es la personificación de la esperanza de numerosos venezolanos desencantados con las promesas fallidas de las campañas electorales tradicionales de la llamada democracia puntofijista. Para otros, que no votaron por él, es un personaje difícil de clasificar y del que dudan sobre la capacidad y voluntad de conducir democráticamente al país a un proceso de cambios modernizadores.
Cuando el Presidente Chávez piensa en la manera de enfocar las relaciones con Colombia se pone dos sombreros, el de Jefe del Estado pero al mismo tiempo se recuerda del exitoso simbolismo de su boina roja. Con el primero como jefe de Estado se dirige de quien a quien con el Presidente Pastrana al que tutea campechanamente en público y al que califica frente a todos los venezolanos de " hermano.
Con el segundo, es decir cuando se pone la boina roja se ve como el líder de un nuevo movimiento integracionista bolivariano y decide que los camiones colombianos que transporten mercancías a Venezuela tendrán que hacer transbordo en la frontera- ya que los venezolanos no pueden atravesar el territorio colombiano- por los peligros que representa la inseguridad generada por la guerra civil que afecta al vecino país, aunque sus opositores piensan que la razón es que quiso complacer a los transportistas venezolanos entonces en huelga frente a un transporte colombiano más eficiente y menos costoso .
Al mismo tiempo cuando declara su neutralidad frente al trágico conflicto armado que azota a Colombia, no actúa como Jefe de Estado, que está en la obligación de respetar como única autoridad legítima el gobierno democráticamente electo por el pueblo colombiano, sino como el hombre que pretende ser la solución eventual de un interminable conflicto y ve en la insurgencia unas fuerzas parecidas a las por él encabezadas, primero en el golpe del 4 de febrero y luego democráticamente en diciembre del año pasado, para regenerar la " podrida democracia oligárquica". Es decir, se ve como el líder de una renovación bolivariana en la que las FARC y el ELN serían factores de transformación política y social. No hay que olvidar que hace algunos años el movimiento guerrillero se autodenominaba " Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar"
Como Jefe de Estado venezolano, no se le puede desconocer la honda preocupación que le causa una guerrilla que actúa cada vez con mayor impunidad dentro de nuestro territorio, y para sólo mencionar algunos ejemplos -aparte de la consabida vacuna a los ganaderos de las zonas fronterizas- valga recordar, el secuestro en Caracas del industrial Antonio Nagem, la desaparición no esclarecida aún de la estudiante Melly Alejandra Carrero y el resuelto secuestro de la aeronave de Avior efectuado por unos " indisciplinados comandos de la FARC" . Frente a estos y otros casos es obvio que el Presidente debe buscar soluciones que impidan que el conflicto se siga extendiendo dentro del ámbito territorial de la república. Si el gobierno colombiano no está en posibilidad de resolverlo es obvio que se deben buscarse otras vías para atajar un problema que muy pronto puede ser un mal mayor en nuestro país.
Ahora bien la pregunta que se hace este desprevenido y tal vez insuficientemente informado autor, es la siguiente: ¿ Se puede en realidad confiar en un pretendido espíritu bolivariano de la dirigencia de la guerrilla colombiana? , ¿ Es conveniente demostrar " urbi et orbi" que el gobierno colombiano es incapaz de resolver la permeabilidad de la guerrilla colombiana al territorio nacional?, ¿ No será que las Fuerzas Armadas y policiales de nuestro país también son impotentes frente al desborde de las actividades delictuales de la narco guerrilla? , ¿ Podrá el liderazgo de Chávez ser efectivo frente a una más que resabiada y poderosa insurgencia militar?, ¿ Cómo verán las Fuerzas Armadas Oficiales de la hermana república la decisión del gobierno venezolano de negociar de quien a quien con los guerrilleros?, ¿ Qué pensará el pueblo colombiano que en encuestas públicas ha manifestado mayoritariamente su repudio las acciones guerrilleras sobre la actitud tolerante del gobierno venezolano con esta? . Creo que estas y muchas preguntas más deberían hacer reflexionar a nuestro Presidente sobre la camisa de once varas que se está poniendo y pensar que tal vez sería mejor insistir en una acción internacional utilizando los mecanismos apropiados de la OEA u otros, para evitar la bilateralización del conflicto y ayudar mas bien como un facilitador que como líder en la búsqueda de una solución pacífica y negociada de una guerra ajena que si nos descuidamos muy pronto será nuestra.