¿Qué hay en un nombre?
Juan B. Poquelin
What's in a name? That what we call a rose
By any other name would smell as sweet;
So Romeo would, were he not Romeo call'd
Retain that dear perfection which he owes
Without that title
William Shakespeare, Romeo and Juliet,
Act II, Scene II.
Lo profundo de los pensamientos expresados por William Shakespeare en sus obras, ya se trate de tragedias, comedias o poemas, es lo que ha contribuido más, sin lugar a duda a la vigencia que esas obras tienen. En los sistemas de educación media y superior de los países de la Mancomunidad Británica y en los Estados Unidos se le da una importancia fundamental al estudio del idioma inglés. No se concibe en ellos que un abogado, un médico, un ingeniero, un economista, un profesional de cualquier rama no tenga un conocimiento y dominio profundo del idioma. Es por ello que, en toda carrera, si no se aprueban satisfactoriamente los cursos de idioma y literatura inglesa, resulta difícil graduarse.
En los cursos de literatura inglesa, el análisis de la obra integral de William Shakespeare es imprescindible. Recuerdo que en mis años de juventud, cuando me preparaba para los exámenes del "baccalauréat" francés, tenía que aprobar el curso de inglés y literatura inglesa. Tuve la suerte de contar con un profesor, de origen galés, cuyos conocimientos del idioma británico hacían que yo lo viera algo así como un hijo de Bernard Shaw, quien, por lo demás había sido profesor suyo. E. C. Hughes así se llamaba mi maestro me hizo conocer la obra de Shakespeare y, en estos días, me volvieron a la mente sus enseñanzas. Al trabajar la tragedia de Romeo y Julieta, analizamos muy a fondo la escena del segundo acto, en el vergel de Julieta. Tengo claro el pasaje relativo a la importancia de un nombre que se cita en el acápite y que en español dice así:
¿Qué hay en un nombre? Aquello que llamamos rosa
Igual dulce fragancia tendría con otro nombre;
Así, Romeo, aún sin llamarse Romeo
Retendría la cara perfección que es suya
Sin ese título
Las anteriores disquisiciones literarias por más que luzcan pedantes tienen por objeto llamar la atención sobre la excesiva tendencia hacia los cambios de nombre en estos tiempos de Asamblea Constituyente. Al leer el proyecto de Constitución presentado por el comandante Presidente de la República y los discursos de sus revolucionarios émulos supuestos clones de Desmoulins, Brissot, Maratuno observa esa clara voluntad de cambiar los nombres de las instituciones porque sólo así según piensan las cabezas revolucionarias podrán funcionar democráticamente esas instituciones. ¡Cuánto gatopardismo verbal!
Ahora, Venezuela tiene que llamarse "República Bolivariana de Venezuela". Uno se pregunta: ¿acaso por llamarse así, nuestra patria va a estar más identificada con el pensamiento de Simón Bolívar? Ya con la Constitución de Marcos Pérez Jiménez se cambió el nombre de "Estados Unidos de Venezuela" por el de "República de Venezuela". Pero, entonces, la intención no era otra que la de reconocer una realidad: Venezuela ya no era un Estado federal propiamente dicho y. por ello no se justificaba que se le siguiera llamando "Estados Unidos", tal como si se tratara de una federación de estados. Si el cambio de nombre para nuestra nación que tanto desean Chávez y los partidarios de la "Quinta República" reflejara una realidad, el nuevo nombre debería ser "República Paecista de Venezuela". Sin duda, la nueva República se parece mucho más a la que José Antonio Páez fundó en 1830 que a la que Bolívar concibió, en Angostura, como "Gran Colombia".
Otro cambio propuesto es el de "Asamblea Legislativa" en lugar de "Congreso Nacional". La Asamblea que se propone poco se diferencia del Congreso que tenemos ahora. ¿Acaso el cambio de nombre nos garantiza un poder legislativo más eficiente y menos corrupto?
Lo que está sucediendo con todas esas propuestas "salvadoras" que no van a lograr que Venezuela sea un país moderno, desarrollado, con una calidad de vida envidiable y con el papel preponderante que le corresponde, como país con inmensos recursos, en el siglo XXI, me hace recordar el dicho criollo: "estamos ante el mismo musiú, pero con diferente cachimbo".