Errores sobre las implicaciones de la propiedad colectiva del petróleo

Juan Pablo Perez Castillo

Por encontrarnos preparando una nueva Constitución para el país, la prensa viene publicando opiniones sobre diversos temas. Uno muy trajinado ha sido el derecho de propiedad (mejor dicho, a la apropiación) privada y el actual regimen de propiedad colectiva del petróleo y demás recursos naturales, que algunos quieren cambiar para poder privatizar a PDVSA. Favorecen la privatización para corregir "errores conceptuales" y proveer "soluciones adecuadeas" (Maxim Ross en "Debate en Tiempo Igual", EL UNIVERSAL, 26 JULIO 99).

Nos sorprende que profesionales de la economía todavía mantengan conceptos obsoletos y periclitados sobre el funcionamiento de la economía de mercado y el capitalismo. Nos sorprende también que desconozcan las razones por las cuales Venezuela no ha podido desarrollarse a pesar de (más bien, debido a) haber contado con tantas divisas provenientes de los ingresos petroleros.

La realidad es que el efecto del régimen de propiedad colectiva del petróleo y otros recursos naturales sobre el desarrollo económico del país y el desempeño de la actividad económica privada no es negativo. Tampoco es positivo. ES NEUTRAL. Aclaremos los errores de quienes consideran que el efecto es negativo.

EL REGIMEN DE PROPIEDAD COLECTIVA DEL PETROLEO (Y OTROS RECURSOS NATURALES) no afecta para nada el régimen de explotación o producción (público o privado), ni la eficiencia o ineficiencia de la explotación o producción. Tampoco ha tenido nada que ver con la corrupción e ineficiencia estatal; ni con la capacidad o incapacidad del sector privado, su rol protagonista en la creación de riqueza, o su capacidad para generar empleo productivo.

Finalmente, dicho régimen de propiedad colectiva no es el responsable del impacto del petróleo en nuestra vida moderna, ni del rol del petróleo como financiador principal del Estado, ni del rol del Estado como promotor o rector del desarrollo económico del país, ni de los desequilibrios que ha creado el financiamiento del desarrollo o el gasto público. Tampoco es culpable de las ideas que tienen algunos de esos profesionales de la economía sobre la naturaleza del ingreso (¿renta?) petrolero(a), ni sobre la indisciplina fiscal que ha caracterizado a muchos de nuestros gobiernos.

Bajo el régimen de propiedad colectiva del recurso natural se puede desarrollar con eficiencia cualquier actividad privada, como lo han demostrado muchos países (incluyendo, entre otros, Estado Unidos, Inglaterra y Venezuela). Lo importante es que pueda generar y disponer de la utilidad y que tenga la capacidad de tomar decisiones en un ambiente de estabilidad y credibiliad. En otros artículos hemos explicado el caso de Alaska, donde el petróleo es de propiedad colectiva y empresas privadas lo desarrollan exitosamente sin que se plantee cambiar el regimen de propiedad. También hemos explicado las peligrosas y riesgosas implicaciones de privatizar a PDVSA, alertando que sería el próximo paso de los fanáticos del mercado, una vez terminada la integración vertical de la industria (la llamada reorganización Giusti).

Lo importante para lograr eficiencia y tener éxito es que exista competencia y se temga plena autonomía para tomar decisiones, cualquiera sea el régimen de propiedad. La propiedad colectiva no se identifica con ineficiencia operativa, corrupción o inoperatividad de la economía privada. Y es falso que la democracia participativa requiera de un régimen de propiedad privada de los recursos naturales.

El sector privado venezolano puede ser protagonista de la creación de riqueza y empleos bien remunerados sin necesidad de privatizar la propiedad de los recursos naturales. Su desempeño es función de tres variables críticas: capacitacion (incluyendo evaluación y rendimiento de cuentas), competencia (incluyendo acceso a y manejo de información) y el entorno macroeconómico adecuado (ambiente de confianza y estabilidad con políticas creíbles y estables).

Es necesario aclarar también que la ineficiencia y corrupción del estado venezolano nada tienen que ver con el regimen de propiedad del petróleo (u otros recursos naturales). Ha sido el resultado de factores como la falta de rendimiento de cuentas y de reconocimiento por desempeño y mérito, entre varios otros factores que justifican una nueva Constitución y un nuevo orden institucional y político.

Los venezolanos debemos tener muy claro que mientras dependamos del petróleo como ahora, lo peor seria privatizar la propiedad del recurso crucial para el porvenir de los venezolanos y la realización de su potencial de desarrollo.

La incompetencia e ineficiencia en Venezuela nada tienen que ver con el régimen de propiedad del petróleo y demás recursos naturales. Lo que nos ha afectado negativamente, corrompido y distorsionado, es el exceso de divisas petroleras y su mal utilización, no algún error conceptual sobre la naturaleza del ingreso petrolero y su efecto sobre la economía nacional, causando indisciplina fiscal y consumo superfluo.

No debemos engañarnos nosotros mismos, ni dejarnos engañar por otros. Las realidades deben enfrentarse como son y por lo que son. Es la única forma de superar nuestro subdesarrollo, corregir errores del pasado y encontrar soluciones adecuadas y permanentes. La realidad no se altera cambiando definiciones. Y los venezolanos no mejoran su condición de vida privatizando la propiedad de los recursos naturales (petróleo).

No olvidemos que para muchas empresas exitosas lo más valioso que tienen, y que protegen y ejercen control propietario exclusivo, son su creatividad e inventiva convertidas en instrumentos (destreza, habilidad, tecnología) para triunfar y permanecer a la cabeza como líderes. Preciado tesoro, esencia del éxito.

Yampalin@aol.com