Parque Nacional El Avila, un tesoro de los caraqueños
Juan Carlos Lopez
Caracas se tiende a los pies de un coloso pacífico, amistoso y fiel a los habitantes de la mayor de las urbes de Venezuela. Una extensa montaña que se remonta desde las cercanías del callejón de Tacagua en el oeste, hasta tocar apenas a Birongo, cerca de Barlovento. Sin duda Caracas es una ciudad afortunada, al contar con este compañero amoroso que la cubre con un fresco clima y le ofrece un esplendoroso marco vegetal a su paisaje, resaltando su atributo de ciudad verde.
Son unas 85 mil hectáreas, protegidas por la celosa figura de parque nacional, que albergan numerosos ambientes. Casi desde el nivel del mar - en su ladera norte -, hasta el ambiente del pre-páramo en las alturas de su pico más alto: el Naiguatá a 2.765 m. Todos estos ecosistemas se encuentran al alcance de los visitantes gracias a un sistema de caminerías que une sus confines. Aunque la mayor parte de ellas se encuentran frente a Caracas, todavía existen muchos antiguos caminos indígenas que lo cruzan de lado a lado.
Durante las caminatas, si tiene la paciencia para mantener un paso tranquilo y callado, y si se fija en el movimiento en el follaje, no solo encontraremos a los vivaces querrequerres y guacharacas, además observaremos otras aves menos conspicuas como el cucarachero selvático, el curruñatá, la piscua y el pico de frasco - un tucán verde y pequeño. Entre los mamíferos más comunes encontramos al cachicamo y al rabipelado. Algunos afortunados han visto venados y puerocespines, existe además la creencia, casi el mito, de que todavía habitan aquí algunos perros salvajes nativos llamados perros de monte o grulleros, muy raros en el resto del país y del mundo.
Justo al comenzar las lluvias, las mariposas abundan en las quebradas y con un poco de calma se podrán observar a las espejitos, de alas transparentes o a las tigritos, con sus llamativas líneas negras, amarillas y anaranjadas.
Para aquellos visitantes que gustan de excursiones de un día, una de las más llamativas es la visita a quebrada Chacaíto. Si se tiene la fortuna de no coincidir con muchos excursionistas, el sonido que produce esta quebrada en medio del bosque llenará su existencia de paz y tranquilidad, mientras que las grandes mariposas azul-metálico cruzarán el pasillo de luz de sol que se cierne sobre el agua. A la quebrada se llega desde el puesto de guardaparques Chacaíto (a la altura de la Castellana). Si se sigue de largo, después de la quebrada Chacaito y luego de una estimulante pendiente del camino, se encontrará la pequeña quebrada de Las Adjuntas y, más adelante, el concurrido puesto de guardaparques Sabás Nieves. Debido a la poca dificultad del camino y si se tiene el suficiente cuidado con los bordes de las caminerías, esta excursión es muy recomendable para llevar a sus niños, quienes disfrutarán de chapotear en la quebrada e inventarán mil aventuras en medio de este castillo de vegetación.
Los amantes del gratificante esfuerzo de la práctica del montañismo encuentran muy atractiva la excursión al pico Naiguatá, posiblemente extendiéndola hacia la Fila Maestra; o estirando el esfuerzo un poco, hasta llegar al hotel Humboldt y al poblado de Galipán. Este recorrido, de dos o más días, es una invitación al frío y la neblina que recompensa al excursionista con una rarísima vista de Caracas y el mar Caribe al mismo tiempo.
Aunque acostumbrados a su permanente presencia, los caraqueños nos olvidamos a veces de que gracias al esfuerzo de INPARQUES es que contamos con este guardián de la frescura de Caracas. Grandes cantidades de dinero y dedicación individual hacen falta para mantener un parque de esta magnitud. Agencias públicas como INPARQUES requieren del estímulo y colaboración que los ciudadanos comunes pudiéramos prestarles, aunque sea para gratificar la tarea, con frecuencia ingrata, de proteger los interese comunes. Otra institución que debería ser objeto de nuestra atención y nuestras buenas intenciones es CORPOTURISMO, que igualmente tiene la responsabilidad de promover las bondades naturales y culturales que puedan ser sujeto del interés turístico.
A todos aquellos interesados en visitar el parque nacional El Ávila, podemos aportarles unas breves recomendaciones, a fin de hacer de su excursión una experiencia enriquecedora y positiva, tanto para sí mismos, como para el bello ambiente que se visita:
· Viaje con calma, camine despacio y al ritmo de sus pulsaciones, observando tanto el paisaje, como los pequeños detalles que se tienden sobre el camino a nuestros pies.
· El uso de binoculares (8x30 es un tamaño adecuado) nos permite observar detalles invisibles a nuestros ojos, tales como flores en lo alto de las ramas, colores de arboles lejanos o el brillo de las plumas de un ave.
· Las fogatas deben restringirse a los lugares especialmente designados para estas. El fuego descontrolado es el enemigo tradicional de la vida silvestre y de los paisajes naturales.
· Observe las precauciones del caso al andar por los senderos de montaña. Los bordes de estos caminos pueden estar sueltos, por lo que no es buena idea acercarse demasiado a estos.
· No se salga de los senderos y caminerías establecidos. Tampoco camine sobre la maleza crecida donde usted no pueda ver lo que pisa.
· Observe la reglamentación establecida para la visita a los parques nacionales. Informe al guardaparques sobre su recorrido y sus planes.
· El parque nacional El Ávila ha inspirado una gran cantidad de libros y folletos literarios y de divulgación. Mientras más lea y se informe, mayor será la satisfacción de su visita.-
Para solicitar información o comunicar cualquier irregularidad relacionada con El Ávila, puede llamar a los teléfonos: 860-0690, 573-7879, 800-AVILA (800-82452)
Coordinador de proyectos editoriales de EcoGraph