El Jaime Garzón que poco se conocía
Mataron la risa. ¿Qué sigue?
Desde sus días como alcalde de San Juan de Sumapaz, Jaime Garzón comenzó a trabajar por el respeto de quienes empuñan las armas a la población civil. La primera pesca milagrosa en el país, perpetrada por 'Romaña' marcó la última fase de su vida, en la que se metió de lleno a realizar gestiones humanitarias para la liberación de secuestrados.
Las balas asesinas impidieron las cruciales citas de ayer y de hoy. Jaime Garzón tenía previsto reunirse primero con los voceros del Eln recluidos en la cárcel de Itagüí y luego con Carlos Castaño, jefe paramilitar.
Una de sus últimas misiones, impuestas por él mismo, consistía en facilitar el entendimiento entre el Gobierno y el Eln para desempatanar los procesos de liberación de rehenes y de diálogo.
Garzón hacía parte de un grupo ciudadano conformado para ese fin. De las conclusiones que obtuviera ayer con los guerrilleros 'Francisco Galán' y 'Felipe Torres', según manifestó en círculos cerrados, dependería en gran parte la entrevista que sostendría hoy con Castaño para persuadirlo de la importancia de permitir avanzar sin sobresaltos en esos acercamientos.
Esta era la fase que pocos conocían de Jaime Garzón. En febrero de 1998 había decidido trabajar con la Gobernación de Cundinamarca en el proyecto de mesas de diálogo y concertación locales, realizadas en los distintos municipios de ese departamento, y que tenían el propósito de discutir soluciones a la agobiante situación de violencia que se registra en muchas de esas localidades.
Fue en el ejercicio de esta tarea que se encontró con la primera 'pesca milagrosa' perpetrada por 'Romaña', del frente 53 de las Farc. A partir de marzo del año pasado, Garzón tuvo una participación activa que permitió la liberación progresiva de los cautivos.
Esas gestiones le merecieron el agradecimiento de muchos y la animadversión de otros que a partir de este capítulo comenzaron a catalogarlo como auxiliador de la guerrilla. Incluso, llegó a circular la falsa versión de que 'Romaña', cuyo verdadero nombre es Henry Castellanos Garzón, era su primo, por la coincidencia del segundo apellido del guerrillero con el primero del conocido humorista.
A pesar de esa circunstancia, Garzón se metió en ese dramático mundo que viven las familias de los secuestrados. El consejero de paz de Cundinamarca, Fernando Britto, advierte que las gestiones en este frente siempre fueron humanitarias y estuvieron autorizadas por el gobernador Andrés González y por la oficina del Zar Antisecuestros.
Casos como el conocido de Soacha, en el que fue secuestrado Fernando Ramírez y luego su hermano, que adelantaba las gestiones de su liberación, fueron tomados por Garzón, quien en esa oportunidad se encargó de hacerle saber a la guerrilla que, como resultado de sus acciones, la esposa del primero murió por el estrés que le produjo la ausencia y suerte del ser querido y que había un hijo huérfano que requería la presencia de su padre.
Al cabo de unos meses se produjo la liberación de los dos cautivos, aunque no puede precisarse qué tanto pesaron las gestiones del humorista.
En este frente él se convirtió en la "última puerta" que tocaban los familiares de las víctimas de los secuestros, según recuerda Francisco Santos, presidente de la fundación País Libre.
Su facilidad para convertirse en interlocutor le permitió llevar tranquilidad a algunos hogares. Juan Francisco Mesa, director de proyectos de País Libre, señala que las gestiones estaban encaminadas a liberar secuestrados enfermos o al envío de mensajes y de drogas. "Nunca tuvimos un informe en el que hubiera siquiera indicios de que se beneficiaba de las gestiones humanitarias", afirma.
La vocación y sensibilidad hacia estos temas los adquirió en sus épocas de estudiante de derecho de la Universidad Nacional, en donde fue un radical militante de izquierda, pensamiento del que luego se distanció por su propia manera de ser -anárquica y crítica-.
Luego pudo poner en práctica su propio esquema de convivencia, cuando promovió diálogos en el municipio del que fue alcalde, San Juan de Sumapaz (1988-1990), con el fin de que la guerrilla de las Farc respetara la vida de la población civil y permitiera la construcción de obras.
Desde allí observó siempre una actitud crítica con los actores armados del conflicto y en cuanta oportunidad tenía les hacía saber que no estaba de acuerdo con sus métodos.
Así era Garzón, un militante de su propia anarquía que no se casó con ningún movimiento político, ni de izquierda ni de derecha, aún cuando tenían vínculos de amistad con ambos y a ambos les daba palo.
El Tiempo (Colombia), 17 de agosto de 1999