La descalificación
En medio de la convulsión generada por la violencia, la semana pasada ocurrieron dos hechos económicos de trascendencia. El martes se iniciaron en Washington las negociaciones para concretar un acuerdo entre Colombia y el Fondo Monetario Internacional, que le permita al país tener una línea de contingencia en el evento de una caída abrupta de las reservas internacionales. Y el jueves, la agencia Moody's rebajó en dos niveles la calificación de riesgo de Colombia y de cuatro de los más importantes bancos nacionales.
La decisión de Moody's fue recibida con extrañeza por el Ministro de Hacienda, en vista de que el Gobierno ha puesto en marcha una nueva fase del programa de ajuste fiscal y de que, además, solo dos días antes se habían iniciado las conversaciones con el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, las señales de que Moody's rebajaría la calificación eran evidentes desde hace varias semanas cuando colocó al país en "observación" y manifestó sus inquietudes ante el deterioro del orden público y la persistencia de los desequilibrios macroeconómicos.
Así fuera predecible que Moody's rebajaría la calificación del riesgo de los papeles de deuda emitidos por la República de Colombia, este suceso confirma la delicada situación de la economía colombiana. El comunicado en que se informó al público la decisión afirma que la descalificación "refleja la debilidad de las bases de la economía colombiana por el deterioro tanto en las cuentas fiscales como en las externas, una de cuyas consecuencias ha sido el rápido crecimiento del endeudamiento del país y del mismo servicio de la deuda colombiana".
Lo que quiere decir que el riesgo de invertir en Colombia es más alto ahora y que, posiblemente, Moody-que le había dado el beneficio de la duda al país en dos oportunidades en este año- no tenía opción distinta a la de rebajar su calificación. Esa pérdida del "sello" de calidad de Moody's a Colombia implica, en consecuencia, que será más difícil y más costoso para el Gobierno y, también, para los bancos y las empresas privadas, obtener recursos de financiamiento en los mercados de capitales en el exterior.
Por lo anterior, es afortunado que la decisión de Moody's se produzca una vez iniciadas las negociaciones con el Fondo Monetario. Estas generan la expectativa de que se adoptarán medidas de ajuste profundas -y por lo mismo dolorosas- para corregir la situación y de que, si las cosas salen bien, el país no se verá abocado a una crisis cambiaria como consecuencia del cierre del crédito externo. Algo que, de seguro, hubiera ocurrido de tener lugar la rebaja de la calificación sin estar de por medio las conversaciones en Washington.
Se trata, ni más ni menos, de cambiar rápidamente de evaluador de la calidad de la política económica colombiana y de obtener un nuevo "sello" de los organismos y entidades internacionales a la misma, que genere confianza entre nacionales y extranjeros con respecto a la suerte del país en los próximos años.
Ese es un proceso absolutamente necesario e igualmente complejo. Así lo deben comprender la opinión y, sobre todo, el Congreso que es la instancia que, en último término, tendrá la responsabilidad de aprobar un programa de ajuste que haga sostenibles las finanzas públicas y permita reabrir el crédito y la inversión hacia Colombia en el futuro. La rebaja de calificación es un nuevo llamado de alerta para corregir la orientación de la economía colombiana. Así debe ser recibida por el país.
El Tiempo (Bogotá), 17 de agosto de 1999