Entrevista a Pablo Milanés

«Lo confieso: bebo Coca-Cola "light"»

Su último disco se llama «Vengo naciendo». Un título nada casual: Pablo Milanés ha pasado en los últimos meses varias veces por el quirófano, arrastrado por una pierna maltrecha. Pero todo eso ya pasó y el cubano se siente ahora resucitado, agradecido a la vida. Pletórico de energía y de salud, anda (nunca mejor dicho) por tierras españolas, embarcado en una gira que ya que lo ha llevado a Gijón y San Sebastián.

Irene Hdez Velasco

Habla desde su casa de Madrid. Porque son tantas las veces que viene por aquí que, finalmente, ha acabado comprándose una casa en uno de los barrios más castizos del Foro. «Salía más barato», asegura.

Dice que en España se siente como en casa, como en Cuba. Pero lo dice al final porque, de entrada, Pablo Milanés es un pelín seco, un hombre parco en palabras. Pero, poco a poco, se va soltando. Hasta que su charla se convierte en un torrente de verbos, en una derroche de adjetivos.

Pregunta.-Ha estado usted bastante mal de salud, ¿cómo se encuentra ahora?

Respuesta.-Bien, ahora estoy muy bien.

P.-Al cuerpo, envase del alma, también hay que mimarlo, ¿no?

R.-Sí, desde luego.

P.-¿Pero no le parece que hoy al cuerpo se le conceden demasiados cuidados, se le rinde excesivo culto?

R.-Bueno, en la medida en que la mujer, el ser humano en general, cuida más su belleza, está cuidando también su salud. Lo que pasa es que las compañías comerciales son las que echan a perder el cuerpo y lo mercantilizan. Pero no es malo cultivar el cuerpo, y cuidarlo, y rendirle un culto. Es una costumbre vieja que viene desde los griegos. No está mal el culto al cuerpo.

P.-Pero, oiga, que hay gente que sólo piensa en los músculos.

R.-El exceso y, sobre todo, la obsesión, nunca son buenos.

P.-Usted por ejemplo, ¿se ha puesto alguna vez a dieta por motivos estéticos?

R.-Por motivos estéticos, jamás. Aunque si hay alguien que debería cuidar la estética, según los cánones del arte moderno, sería un artista. Pero nunca he estado pendiente de eso, siempre he pensado que el arte viene por dentro. Así que nunca he hecho una dieta para estilizarme, para ponerme bonito. He hecho dieta por motivos de salud. Y todavía, a estas alturas, intento hacerla y no me sale. Empiezo todos los lunes y la dejo el jueves, y sigo eternamente en eso.

P.-Es curioso: la mitad del planeta pasa hambre y, la otra mitad, obsesionada con el sobrepeso, consume productos light y bajos en calorías. ¿Algo que comentar?

R.-La injusticia en el mundo, desde todos los puntos de vista, me atormenta, la verdad. Y no son solamente esos detalles, de los que nos damos cuenta cuando somos nosotros mismos los que los cometemos. Esos detalles viven con nosotros, a diario, en el trajín de la humanidad, y forman parte de la injusticia general que hay en el mundo desde tiempos atrás. Eso me atormenta.

P.-Pero, ¿usted toma o no toma Coca-Cola light?

R.-Sí, sí, sí. Lo confieso: tomo Coca-Cola light. Todas esas cosas mundiales, todos esos vicios modernos, no dejo de tenerlos yo también. Aunque a veces me culpo y me acuso.

P.-¿Y qué se puede hacer?

R.-A nivel individual, poco. En realidad, cuando intentas librarte, ya estás en las garras del consumismo.

P.-¿Toma usted alimentos transgénicos?

R.-Los tomamos sin enterarnos. Después de lo de Bélgica, se ha descubierto que hay una manipulación total con la alimentación del ser humano y casi es mejor ni pensar en lo que comemos. Ahora me acabo de enterar de que en México, por el exceso de ratones que hay, venden la carne de estos animales. Cuántas veces me habré comido un bocadillo de ratones sin saberlo...

P.- Siguiendo con el consumo: ¿qué piensa usted de esos españoles que acuden a su país, a Cuba, a practicar turismo sexual?

R.-No son solamente españoles, también hay italianos y gente de muchos más países. Creo que ellos no tienen la culpa, la situación de Cuba se lo ha proporcionado. Desgraciadamente, nos ha tocado la histórica suerte de pasar por este trago desagradable. Creo que la Revolución nos ha brindado momentos formidables y los tragos tenemos que pasarlos. Pero bueno, es una cosa absolutamente nuestra, no me gusta culpar a nadie. Porque si no lo hubiéramos hecho nosotros, si no se hubiera creado por el propio país, no existiría.

P.-Pero si no hubiera demanda tampoco habría oferta. Al menos, eso dicen las leyes del mercado.

R.-También. Pero la demanda de prostitución es universal. No se le puede criticar al ser humano porque existe enel mundo entero. Pero bueno, donde no debía haber existido es entre nosotros.

P.-¿Le parece que la prostitución es algo censurable desde el punto de vista moral?

R.-No, desde el punto de vista moral, no.

P.-¿Y desde otro punto de vista?

R.-Desde ningún punto de vista. Lo que pasa es que, desde otro punto de vista, no lo veíamos como una cosa posible, porque la prostitución tiene casi siempre una referencia económica. Y como entonces no teníamos [en Cuba] problemas tan profundos como los que se están produciendo ahora, pues no lo veíamos como un hecho posible. Desde ese punto de vista sí es criticable, porque en Cuba se ha llegado al turismo sexual a causa de una situación de crisis económica.

P.-Chicles, cafés, coca-colas, cigarrillos... ¿Tiene usted algún vicio, alguna adicción?

R.-Me gusta el alcohol de vez en cuando, y creo que es la peor adicción que puede tener una persona. Y eso que no soy adicto, simplemente me gusta de vez en cuando.

P.- Ahora que hablamos de adicciones, lo de la legalización de las drogas, ¿se lo plantea usted?

R.-Sí, cómo no. Creo que como el alcohol, que es la droga más peligrosa del mundo, está legalizada, se deben legalizar también las demás. Así se acabaría además con el mito de la prohibición y de la censura. Eso acabaría definitivamente con los mitos que rodean a las drogas.

P.-Se quejan los colectivos españoles de gays y lesbianas de que la homosexualidad en Cuba aún es perseguida, de que es un problema. ¿Es así?

R.-No, no lo creo. El problema de la homosexualidad es que es un problema en todas partes del mundo. Y así es en Cuba. Considero que hay prejuicios igual que los hay aquí, en Estados Unidos o en Rusia. Pero no siento que sea un problema como lo fue antes, cuando el homosexual estaba marginado, no se le dejaba entrar en las universidades, no podía acceder a diversos tipos de trabajo... No creo que eso esté pasando hoy en día, no lo creo. Ahora, pienso que la sociedad sigue teniendo ese prejuicio que siempre ha tenido contra la homosexualidad, igual que aquí, que en todas partes.

P.-¿Qué pasaría si Fidel Castro se sometiera a un plebiscito en Cuba?

R.-Creo que Fidel todavía ganaría. Lo que pasa es que no se hacen, hay otra forma de elección, de convocatoria, que para mí vale más. Yo no creo en la elección en ningún país del mundo, creo en la gestión que hacen los gobernantes, los políticos. Pero, en realidad, a estas alturas, una elección como la que piden los países seudodemocráticos o democráticos entre comillas creo que la ganaríamos.

P.-¿No cree en las elecciones?

R.-No. Toda elección está manipulada anteriormente, porque si no, no haría falta hacer campaña. Las campañas se hacen precisamente para ganar adictos, para ganar público, para ganar pueblo. El resultado de una elección a mí no me parece que dé una idea real sobre lo que pase en un país.

P.-¿Y qué propone usted?

R.-Creo que debe haber un sistema mucho más democrático a nivel de región, de pueblo, de barrio y que no debe haber presidentes ni esas cosas tan profundamente acaparadoras del poder.

P.-Usted es un soñador, ¿no?

R.-Sí, un soñador medio ácrata.

 El Mundo (España), 17 de agosto de 1999