Pruebas experimentales: Los límites éticos de la investigación
BOSTON - A dos años de que organizaciones
sanitarias de Estados Unidos fueran censuradas por financiar lo que se consideró
programas de investigación poco éticos en países en desarrollo, un científico afirma
que es necesario modificar las leyes internacionales para permitir ese tipo de estudios
experimentales.
El doctor Robert Levine, de la Universidad de Yale, dijo en la Gaceta de Medicina de Nueva Inglaterra que las reglas en la Declaración de Helsinki, que establecen que los humanos que se ofrecen como voluntarios en experimentos reciban la mejor atención médica disponible, pueden ser poco prácticas y muy costosas.
Las reglas disponen que los integrantes de un grupo de control deben recibir la mejor atención médica, sin importar los costos, de forma que puedan servir como base de comparación cuando se investigan tratamientos experimentales.
La Asociación de Medicina Mundial considera modificar la declaración para que los científicos puedan administrar un tratamiento médico corriente y no tan costoso a los integrantes del grupo de control, si eso es lo que recibirían normalmente en sus países de origen.
Levine, cuyo artículo fue financiado por los institutos estadounidenses de Salud Mental y Abuso de Drogas, sostiene que estos cambios permitirían a los científicos hallar tratamientos de bajo costo que puedan aplicarse a aquellos provenientes de países en vías de desarrollo.
En un artículo separado, el doctor Troyen Brennan de la Facultad de Medicina de Harvard, dijo que las propuestas modificaciones "debilitarían el principio de compromiso moral entre el investigador y la investigación".
Estas revisiones "modificarán drásticamente los límites éticos de la investigación", añadió.
"No sería de extrañar que gran parte de las investigaciones realizadas por organizaciones con fines de lucro se mudaran al Tercer Mundo por una cuestión de costos", comentó Brennan.
La controversia cobró estado público en 1997 cuando los médicos Peter Lurie y Sidney Wolfe denunciaron que habían identificado 15 programas financiados por el gobierno estadounidense, todos en países en desarrollo, que se valían de medios considerados poco éticos para probar si ciertos tratamientos lograban detener la transmisión del VIH de madre a hijo.
En una de las investigaciones, en lugar de administrar a todas las embarazadas con VIH la droga AZT, el tratamiento de rutina en estos casos, los investigadores les dieron placebos.
Cuando fueron descubiertos sus métodos, los científicos se excusaron diciendo que el AZT es muy caro y complicado como para ser el tratamiento de rutina en países subdesarrollados y alegaron que su técnica era la única forma práctica de descubrir alternativas de bajo costo a los tratamientos establecidos.
"La solución de la industria de la investigación a estas violaciones flagrantes de la declaración es tratar de diluir lo que la declaración dice", dijo Lurie ante la propuesta de Levine. "Nuestra solución es reforzar la aplicación de estas reglas", añadió.
(Con información de Reuters)
CNN en español, 16 de agosto de 1999