Estados Unidos / La Carrera Presidencial

Los asesores de George Bush esperaban mayor margen para su victoria en el «sondeo de la paja» de Iowa

No arrolló en el primer test republicano al millonario Forbes, que se gastó 60.000 pesetas por cada voto

Carlos Fresneda

NUEVA YORK.- George Bush celebró con música texana su triunfo en la primera carrera de cuádrigas de la nominación republicana. El adusto gobernador de Texas se impuso por varios cuerpos de ventaja al multimillonario editor Steve Forbes y Elizabeth Dole, los dos únicos candidatos que aguantaron el tipo en esa farsa que se celebra tradicionalmente a falta de quince meses para las elecciones: el sondeo de la paja de Iowa.

Casi 25.000 militantes republicanos emitieron su tempranero sufragio en la madrugada española de ayer su voto testimonial. Lo hicieron con tiempo: la Convención Republicana, en la que finalmente tendrá que nombrar el partido a su verdadero candidato presidencial, se celebrará en Filadelfia del 29 de julio al 4 de agosto del 2000.

Y el 31% de quienes acudieron ayer a la preconsulta se inclinó por Bush, hijo de ex presidente, frente al 20% que optó por Forbes (quien se dejó cerca de dos millones de dólares, unos 300 millones de pesetas, en el intento) y el 14% que prefirió a la única mujer en liza, Elizabeth Dole, resucitada para la causa.

Las huestes de George Bush tomaron las calles de Ames, Iowa, para celebrar la victoria del «próximo presidente de los Estados Unidos». La sabia tradición dice, sin embargo, que quien conquista Iowa no llega nunca a poner los pies en la Casa Blanca. El último triunfador, hace cuatro años, fue el octogenario Bob Dole. ¿Quién se acuerda de él?

Fuera de combate

Las carreras de Iowa sirvieron al menos para despejar el panorama y dejar prácticamente fuera de combate al pelotón de perseguidores.

El ex vicepresidente Dan Quayle, que dio mucho juego a los humoristas durante su etapa como lugarteniente de George Bush (padre) en la Casa Blanca, quedó en un humillante octavo lugar y seguramente anunciará esta semana su retirada oficial de la carrera presidencial.

El bonachón Alan Keyes, la única nota de color, se quedó en el 4% de los votos, y el irascible Pat Buchanan -el eterno Gil y Gil de la política estadounidense- no cosechó más que un discretísimo 7%.

Algo mejor parado salió el cristianísimo Gary Bauer (9%), moderado adalid de los family values (los eternos valores de la familia). Totalmente desfondado, el senador Orrin Hatch (2%), apagada ya su efímera fama conseguida por cuenta del escándalo Lewinsky.

Más astuto que todos ellos fue el veterano de Vietnam John McCain, que denunció la votación de Iowa como «una estúpida hipocresía» y decidió montárselo de outsider: «Prefiero ahorrar mi dinero y mis energías para cuando llegue el momento de la verdad».

El momento de la verdad no llegará hasta el próximo mes de febrero, con el caucus de Iowa y las primarias de New Hampshire: definitivas pruebas de fuego para despejar la neblina de los candidatos.

La votación de paja, sin embargo, ha servido más que nunca como primera y necesaria criba en la que se vaticina ya como la campaña presidencial más larga y más cara de la historia.

Pese a los fuegos de artificio, los hombres de George Bush torcieron el gesto nada más conocer los resultados: la ventaja del gran favorito no es tan apabullante como se sospechaba. La carrera de fondo sigue abierta y aún pueden surgir nuevos e imprevisibles obstáculos antes de la meta.

El segundo puesto de Steve Forbes, dispuesto a dilapidar definitivamente su fortuna de aquí al año 2000, fue una relativa sorpresa. El candidato multimillonario logró una propulsión extra a golpe de chequera. Se calcula que cada voto de paja le costó unas 60.000 pesetas.

Impresionante, también, su despliegue visual de pancartas, pegatinas, globos, camisetas y autobuses. «Steve Forbes 2000» fue sin duda el lema más visible durante el carnaval electoral de Iowa.

La votación de pega ha dado también nueva vida a Elizabeth Dole, que languidecía sin fuelle y sin fondos en las últimas encuestas. La señora candidata estuvo arropada entre bambalinas por su marido Bob Dole, volcado en cuerpo y alma (¿Viagra incluido?) en la campaña de su media naranja.

Aclamaciones

Elizabeth fue de los más aclamados en el turno de intervenciones de los candidatos que precedió a la votación de paja del sábado. La ex presidenta de la Cruz Roja abrió la caja de la moralidad y prometió devolver la dignidad perdida a la Casa Blanca.

George Bush, hasta la fecha muy cauto en los agravios comparativos, entró entonces al trapo y habló de Clinton, de Hillary y del vicepresidente Al Gore: «Ha llegado la hora de que los tres se vayan por fin a casa... Aunque el problema es que a estas altura no saben ya dónde está su casa».

El pim, pam, pum contra Bill Clinton lo cerró el ultrapopulista Pat Buchanan, derrotado en las urnas, pero capaz de encender el auditorio como ningún otro: «Lo primero que haré en cuanto sea presidente será decirle a Bill Clinton: Señor, tiene usted todo el derecho a permanecer en silencio».

GEORGE BUSH, 7.418 VOTOS.- El Gobernador de Texas, a la derecha, subió al escenario para intentar seguir el baile del cantante tejano Raúl Navira, durante su actuación, mientras los asistentes a la reunión republicana de Ames, en Iowa, estaban todavía depositando sus votos en las urnas, en el primer sondeo informal para elegir al candidato de su partido a las elecciones presidenciales que se celebrarán en noviembre del año 2000 en Estados Unidos.

Seguidores de Bush celebran su triunfo en el sondeo de Iowa.