Let's bomb Colombia!
Ibsen Martínez
I Washington tiene ¡al fin!, un plan para disminuir sensiblemente, y con suerte desterrar definitivamente y para siempre jamás el consumo de cocaína en las grandes ciudades estadounidenses.
Es un plan que, sin mucha sorpresa para nadie, está haciéndose cada día más popular entre los escalones elevados de la administración estadounidense, y peor aún, en la muy sugestionable e ignoratona opinión pública de ese gran país de obesos ignorantones televidentes y de sociópatas de gatillo alegre, quizá por lo que tiene de engañoso pero gratificador simplismo: el plan consiste en bombardear Colombia.
Mis fuentes en la capital de la unión americana muestran consistencia con lo que he podido recabar en Bogotá, nada más mirando ventana afuera, y ojeando la prensa local.
Resulta llamativa la desenvoltura y el desparpajo con que exponen al escarnio público a Andrés Pastrana y su plan de paz los mismos que hace menos de un año saludaban la arrojada iniciativa del presidente. Y la poco recatada beligerancia que en sus declaraciones dejan ver altos personeros gringos de visita en Colombia. Decidí ponerme en contacto con mi red en Washington.
Leamos el mensaje cuasi cifrado que me envió a Bogotá uno de mis hombres, plantado en lo más profundo y espeso de la administración gringa por la organización de contrainteligencia que dirijo: "Aserongo: Es verdad que la bitongocracia le ha retirado el respaldo al bitongo en jefe. Y que el alto mando militar exige leyes rompehuevos (del tipo de las medidas tomadas por Fujimori contra Sendero).
También es cierto que los johnnies están haciendo cabildeo con Chacha, Cardoso, Menem y Fujimori, buscando una alianza tipo Golfo Pérsico para meterle mano a las FARC.
Pero Chacha les ha dicho que ni en coña entra en el paripé, por supuesto. Cardoso tampoco. El chino ofrece su experiencia y aeropuertos fronterizos. That be all for now."
Creo que a estas alturas el lector habrá adivinado -basta leer lo de "aserongo"- que mi agente infiltrado en el cuarto de limpieza de la señora Albright es de origen cubano. De esos que se mueven bilingüemente, con soltura y sin máscara de oxígeno en la mefítica atmósfera de las agencias federales yanquis.
Pero a diferencia del extinto Mas Canosa, o de los representante Díaz Balart o Ros-Lethinen, mi agente es un liberal cubano-americano, de esos que han hecho posgrado en Georgetown y pasantía en Uganda, con posiciones tomadas respecto a la no aplicación extraterritorial de leyes americanas y el nefasto rol interventor de la DEA en nuestras naciones.
Antes de proseguir, echemos un vistazo esclarecedor al léxico: así, "aserongo" está aquí por "querido pana burda", una fórmula familiar que tolero porque en la red respetamos las jerarquías, aunque no el protocolo.
"Bitongo, bitongacracia": niño bien, gobierno de los ricos.
"Leyes rompehuevos": leyes rompehuevos. No necesita exégesis.
"Los johnnies": los americanos.
"Chacha": criptograma: versión libre de "Chávez".
"Paripé: combinación, conjura.
"El chino": haga un esfuerzo; adivine quién podrá ser "el chino".
Todo esto tenía que tener su expresión "mediática", como dicen ahora. Y quizá por eso últimamente da lo mismo leer El Tiempo que el Boston Globe: para todos ellos Andrés Pastrana es un blandengue, un memo, un torpe, un calzonazos cuya incuria e ineptitud amenazan acabar con Colombia.
¿No siente usted ya un relente de campaña maliciosamente orquestada para justificar una intervención? Es otro avatar del vendaval que en su momento quiso hacerse abatir sobre Samper. Nomás con la diferencia de que como a Pastrana no se le puede acusar de connivencia con el narco y la guerrilla, ni de estar en la nómina del cartel de Cali, se le acusa de tener dedos de mantequilla y dos pies izquierdos. La idea es que nadie lo lamente cuando lo tiren del tren.
Otro fragmento del parte que nuestro hombre me hace llegar desde algún lugar cerca de Dupont Circle, Washington, DC: "Still, with Bogota's blessing, ("con la bendición de Bogotá") Albright y sus tecnos presionan a favor de la acción de la caballería. Y presionan en alianza con el zar antidrogas. Quieren que la intervención se presente como un proyecto mancomunado de las democracias del Cono Sur, etc.
Yet Washington no va a arriesgar un solo Ranger en esta maniobra. Lo que quieren la gallina de pelea madame Albright y los milicos colombianos es que Slick Bill ("el diestro, el hábil, el elegante Bill") les entregue a los socios de Harold Bedoya (renunciante ex ministro de defensa de Samper debido a su desacuerdo público con el plan de paz) plata espesa y donaciones en especie, y que despache aviones de combate, pilotados por gringos, a San Vicente del Caguán to bomb the fuck out of Tirofijo (obscenidad de traducción indeseable: algo así como "volver pisillo a Tirofijo desde el aire"); junto con asesoría técnica, including intensive training of special counterinsurgency units ("que incluye entrenamiento intensivo de unidades especiales de contrainsurgencia"), aviones espía, inteligencia por satélite, helicópteros artillados de última generación, "bombas inteligentes" and the rest. Eso viene, if it is not already there.
Sospecho que elementos del Delta Force, los más cetrinos, ya operan en Colombia".
Sospecho yo, a mi vez, que donde mi agente escribió "cetrinos" no quiso decir "oscuros" ni "atezados" ni "cobrizos", sino "cretinos".
II El recíproco del antiimperialismo visceral, es algo que en mi idiolecto he dado en llamar "plattismo", voz derivada del apellido del senador por Connecticut Orville Platt, autor de una célebre enmienda a la Ley de Apropiaciones del Ejército americano, la cual en 1901 regulaba las condiciones para el retiro de tropas estadounidense de la isla de Cuba, luego de la guerra hispanoamericana.
En realidad, y como es natural, la enmienda a la Ley de Apropiaciones Militares fue formulada por el secretario de Estado de entonces, Elihoo Root: el buenazo de Platt no hizo más que presentarla al Senado, como si fuese idea suya.
Su articulado restringía la cesión de territorio cubano a otra potencia que no fuesen los Estados Unidos, normaba la cesión a perpetuidad de la bahía de Guantánamo, autorizaba la intervención armada de los Estados Unidos en Cuba "para preservar su independencia", limitaba la facultad de los cubanos de negociar tratados de cualquier tipo con otros países. Un "tratado" entre Cuba y los Estados Unidos regía la aplicación de la enmienda y condicionaba el retiro de tropas a la inclusión en la Constitución cubana del espíritu y términos de la enmienda.
En 1934, cuando Franklin Delano Roosevelt, en el espíritu de su política de "buen vecino", apoyó la abrogación de la fulana enmienda, salvo por la provisión que atañe a Guantánamo, muchos sectores del "republicanismo" cubano lo lamentaron y hasta hicieron lobby para impedirlo. Miedo a volar, quizá.
Pues bien, de "Platt", "plattismo", y entendamos por "plattismo" el recíproco que se mira en el espejo del buen salvaje antiimperialista, tal como lo formuló Carlos Rangel.
Así, por oposición al talibán resentido, heredero de la contrarreforma, que culpa hasta de sus uñas encajadas al imperialismo yanqui, al "plattista" le da por imaginar que sólo bajo tutela yanqui, procurada sin ambages ni anticuados melindres nacionalistas, puede lograse que nuestras sociedades superen problemas hasta ahora inabordables, como el que plantea la violencia narcoguerillera en Colombia.
Detrás de un pensar tan peregrino palpita la superchería ingenua de que los johnnies saben hacer bien este tipo de cosas, sin que ningún contraejemplo pueda disuadir al "buen salvaje plattista": ni la inconducente operación Tormenta del Desierto, ni el fiasco de Somalia, para no esgrimir historicidades de mayor calibre como Vietnam y Bahía de Cochinos.
Concebir hollywoodescamente el músculo interventor de Washington como si cada una de sus acciones funcionase como una película de Chuck Norris, tal es el envés plattista del buen salvaje.
Digamos también en descargo del buen plattista colombiano que la cualidad pesadillesca de la situación de su país es tal que bien puede excusar esa escapista ensoñación de último recurso: que venga el Séptimo de Caballería a sacarle las castañas del fuego.
Estas fruslerías que hoy comparto con mis lectores las escribo con el rabillo de la mente puesto en un viejo ejemplar de un legendario ensayo que en 1946 escribiera el insumergible Germán Arciniegas: "Entre la libertad y el miedo".
Allí leí por primera vez la formulación una ley "no empírica": la de que las cosas en nuestra subregión, desde la hora y punto de la batalla de Boyacá, suelen ir por el cauce que toman en Colombia y Venezuela.
Ha sido sólo por contribuir a la confusión y aprensión generales que llamo la atención de mis lectores sobre lo que puede pasar allende el río Táchira: pilotos argentinos y peruanos haciendo comparsa a los sigilosos y letales Stealth que hasta hace poco bombardeban los hospitales de Belgrado "por equivocación".
Y sin el sentido de arrojo ni el espíritu deportivo de los tiempos de Teddy Roosevelt, cuando los johnnies tenían al menos la decencia de desembarcar regimientos enteros de marines sobre quienes tomar puntería y disparar.