Autopista Luis Miquilena

Propongo formalmente, antes de que otros se me adelanten, que a esa autopista al oriente mal denominada Rómulo Betancourt por iniciativa de algún adeco jalador, se le denomine Luis Miquilena.

Carlos Capriles Ayala

En 1916 llegó a Guatire el General Juan Vicente Gómez. Lo hace por la carretera completamente engranzonada recientemente concluida. Se inaugura así el primer tramo de la vía al oriente trazada por Román Cárdenas, según decreto ejecutivo del 25 de junio de 1910. Después volverá a ser inaugurada en los sucesivos gobiernos de Rómulo Betancourt, Carlos Andrés Pérez, Jaime Lusinchi y Luis Herrera Campíns, cuando estos presidentes le agreguen unos metros más de pista sobre el trazado hecho por Pérez Jiménez. Aunque no lo ha hecho todavía, seguramente el nuevo gobierno volverá a anunciar la pronta conclusión de esa obra y yo, como ciudadano ingenuo e ilusionado, creo de buena fe, que esta vez sí va a ser terminada. La Asamblea Nacional Constituyente le va a dar el acicate y competencia para hacerlo, pues según dicen ella es a manera de una autopista que abrirá para Venezuela el amplio derrotero para el progreso y el bienestar del pueblo.

A ese estímulo quiero sumar el mío, antes de que los poetas, banqueros, comerciantes e industriales se me adelanten, aunque vaya a la zaga de quienes ya están pegados al corte. Por eso propongo formalmente que a esa autopista al oriente, mal denominada Rómulo Betancourt por iniciativa de algún adeco jalador, se la denomine Luis Miquilena. Al menos el presidente de la ANC tuvo alguna vinculación con el transporte cuando era secretario general del sindicato autobusero allá por los años 40 y por consiguiente posee mayores méritos que el fundador de Acción Democrática, quien como es bien sabido, era enemigo de ese tipo de obras ostentosas de concreto armado.

Las autoridades y fuerzas vivas de Guatire le ofrecieron un ágape a Gómez, y haciendo caso omiso del presidente de la República, Victorino Márquez Bustillos, el poeta Gabriel Churión, expresa su agradecimiento:

'Señor general, ¡salud! y perdonad que yo aspire a interpertar a Guatire su cariño y gratitud. Tenéis perfecto derecho a su gratitud, señor pues Guatire os es deudor por el bien que le habéis hecho, ¿y cómo no os ha de amar con la adhesión más sincera si os debe esta carretera que acabáis de inaugurar?

Sabemos que Rómulo Betancourt, formando parte del grupo estudiantil de la escuela reunido para rendirle homenaje al Rehabilitador Nacional, escuchó el poema. Un psicólogo moderno, de esos que buscan el origen de los resentimientos en recónditas reservas del alma infantil, podría deducir que la visceral animosidad suya por carreteras y obras de concreto armado, hunde sus raíces en ese acto de adulancia rastrera que presencia a los 8 años de edad y quedó indeleblemente marcada en su memoria.

Lo cierto es que no dejó ocasión sin manifestar esa visceral animosidad: el 30 de octubre de 1945, ya como presidente de la JRG, definió lo que sería su política administrativa, que cumplió con una rigurosidad digna de mejor causa, al menos en la inepcia en lo referente a obras públicas: 'La política suntuaria, ostentosa, la del hormigón y del cemento armado, fue grato al régimen dictatorial... Nosotros, por el contrario, no edificaremos ostentosos rascacielos, haremos de la defensa de la riqueza-hombre del país, el centro de nuestra preocupación'.

Numerosas intervenciones del presidente Betancourt durante su segunda gestión están impregnadas de ese mismo espíritu de repudio a las obras materiales que él califica de continuo como suntuarias en una contumaz insistencia de identificar tal concepto con innecesario. No tengo objeción a que el Parque del Este iniciado por Pérez Jiménez se le ponga el nombre del fundador de AD, pues después de todo las realizaciones de sus gobiernos no pasaron nunca de tal magnitud. Pero atribuir su nombre a una obra 'ostentosa de concreto armado' es un contrasentido y una ofensa a su memoria.

El Universal Digital, 13 de agostos de 1999