La ANC: la emergencia nacional
Aristóbulo Istúriz
La Asamblea Nacional Constituyente inició sus actividades con mucha intensidad, por una parte el trabajo de comisiones (20 en total) con el fin de avanzar y profundizar en la discusión, la investigación y el análisis de las propuestas presentadas en el proceso de elaboración del nuevo texto constitucional; por otro lado, equipos de abogados y profesionales de las diferentes ramas del saber elaboran y promueven las iniciativas destinadas a corregir entuertos y enfrentar los vicios crónicos que caracterizan a nuestro sistema político, todo esto en el marco de la 'Emergencia Nacional'.
Vale la pena reflexionar sobre este último aspecto, pues la declaratoria de emergencia nacional debe crear las condiciones que faciliten los cambios, es decir, un contexto dentro del cual se puede materializar la emergencia en cada uno de los órganos que representan y expresan los poderes públicos y las instituciones políticas. Así, la emergencia debe expresarse en el campo Judicial, en el Ejecutivo, en el Legislativo y en cualquier otra institución pública que forme parte de las estructuras políticas del país.
Se trata de aplicar el carácter originario del poder constituyente y asumiendo que este es anterior y está por encima de los poderes constituidos, la Asamblea puede tomar un conjunto de medidas que faciliten el proceso de reestructuración del Poder Judicial, procesando y evacuando los expedientes y denuncias que contra funcionarios públicos del Poder Judicial reposan en el Consejo de la Judicatura sin que nada ocurra hasta ahora, y dar respuesta a la grave situación que representa la permanencia de tantos jueces provisorios administrando justicia, entre otras acciones. La Asamblea no puede ni debe encerrarse a elaborar la nueva Constitución, como si en este país no ocurriese nada, está obligada a actuar con mucha fuerza para en paralelo ir erradicando vicios, corruptelas y procedimientos que han venido dañando la administración pública en nuestro país y que han conducido progresivamente a la deslegitimación de nuestraas instituciones.
Para que la Asamblea Nacional pueda tener el éxito esperado, todos debemos asumir el carácter originario que la define y los constituyentes hacer valer este poder y asumirlo con valentía y sin vacilación, de allí la importancia de la forma como se administre el poder originario.
Estamos obligados a delimitar nuestro campo de actuación y los alcances de una medida como la declaratoria de Emergencia Nacional, ya que no basta declarar la emergencia, es necesario instrumentarla en cada una de las ramas del poder público y en cada una de las instituciones políticas que deseamos transformar. No es suficiente erradicar lo viejo, es muy importante garantizar la eficiencia de lo nuevo y la administración de la transición para impedir el caos, los vacíos y la anarquía. La ANC tendrá así, dos vías para producir los cambios estructurales, profundos, de raíz, para garantizar que estos se produzcan en paz, en democracia y sin violencia. Vamos a elaborar un nuevo texto constitucional y en paralelo tomemos las decisiones necesarias, dentro de la Emergencia Nacional, para atacar los problemas más urgentes presentes en nuestro sistema político.
El Universal Digital, 13 de agosto de 1999