Partidos

Ramón Guillermo Aveledo

Los partidos, lo mismo que los políticos, hacen falta. No nos dejemos bloquear por aquello en que nuestros partidos se convirtieron, bien aderezados por lo que de ellos nos dijeron sus competidores por el poder. Todo lavado de cerebro es nocivo, máxime si viene acompañado de la contaminación del alma.
Alma contaminada + cerebro vacío = presa fácil.

Los partidos hacen falta para organizar políticamente a la sociedad. Si los únicos actores son Estado y ciudadano, habrá desequilibrio en perjuicio de éste. La sociedad civil y sus organizaciones tienen un papel importantísimo, pero éste no es la búsqueda del poder, necesarísima función de los partidos. Cuando los cuerpos intermedios se convierten en instrumento de la procura del poder se desnaturalizan, no sirven para la tarea asumida, pero tampoco ya más para aquella que les dio nacimiento. La sociedad pierde.

Es deseable que muchos políticos nuevos surjan del universo de la sociedad civil, pero una vez que lo hacen renuncian a ésta para asumir su nueva función. No se hace política con asco por la política. En eso ésta se parece a cualquier otra actividad humana. ¿Cómo no?

¿Cuáles serán los partidos de esta etapa de la vida venezolana? Veremos.

Por lo pronto hay uno en formación, que es el chavismo. Las siglas que componen el Polo Patriótico, respetables y en casos venerables, significan poco. Los votos son chavistas y van para Chávez, suyo es el respaldo y la capacidad de movilización. Tiene la popularidad, el poder y el monopolio de los recursos públicos. Hay, allí dentro, quien habla del partido único de la revolución. Es temprano, ni siquiera ha nacido.

AD, Copei y Proyecto Venezuela enfrentan, cada uno, sus retos. Se verá si son, como lucen ahora mismo, retos superiores a sus fuerzas. No cito al MAS, porque está en el Polo.

Los adecos tienen una todavía poderosa base social. Les falta mensaje y liderazgo para levantar cabeza y dirigir su palabra a sectores cautivos del encanto chavista. Copei, del que soy militante de base, tiene el cuadro más difícil: redefinirse e intentar un nuevo comienzo. Proyecto, trascender a la provisionalidad de instrumento de un hombre para ganar una elección. ¿Cómo canalizarán los seguidores de Causa R y Convergencia, las fuerzas emergentes de hace cinco años su participación en el escenario cambiante?.

Para partidos nuevos también hay espacio, porque se necesitan opciones y las existentes podrían no aguantar la tempestad. Pero no es soplar y hacer botellas. Paciencia, perseverancia y algo más que la suma oportuna para llenar un vacío.

El caudillismo, el clientelismo y la corrupción fueron la polilla de la madera partidista. Cuando llegó la amenaza no tenían fuerza para resistir.

Un partido es un mensaje, una organización, una imagen y una capacidad de gobernar. No basta una apariencia y, como hemos visto, ni siquiera un recuerdo.

Sin partido no se alcanza el poder ni se gobierna. Y paga Venezuela.

El Universal Digital, 13 de agosto de 1999