El imperio de los abogados litigantes
Sherman Joyce
(AIPE).- Demandas y más demandas contra las tabacaleras, los fabricantes automóviles, de juguetes, de productos químicos, de armas de fuego, de teléfonos celulares, de juegos de video, de cepillos de dientes, contra empresas de cine y de transporte, equipos deportivos profesionales y hasta contra los que pronostican el clima. Pareciera que la jurisprudencia estadounidense se ha convertido en un interminable desfile de demandas contra cada empresa e industria que opera en el país.
Nuestra tradición legal es fuente de orgullo nacional. Muchos países tratan de lograr las normas de debido proceso, derechos individuales y transparencia legal que son los fundamentos del estado de Derecho en Estados Unidos.
Pero gente de todas las edades amenazan con demandar. Más de 15 millones de demandas civiles fueron introducidas en tribunales estatales en 1996. Esos son más de 41 mil casos cada día, más de 1.700 demandas por hora. Ya no se trata del imperio de la ley, sino del imperio de los abogados litigantes. Los abogados especializados en daños personales viven y se enriquecen de esta peligrosa ola.
En Estados Unidos ya hay más de un millón de abogados. En el estado de California ya hay más de 200 mil y otros 40 mil se acaban de graduar de escuelas de Derecho.
No digo con esto que los abogados son necesariamente malos; yo soy abogado. Pero un creciente número vive de introducir la mayor cantidad posible de demandas. Fueron los abogados litigantes quienes dirigieron la reciente batalla a nivel estatal contra la industria tabacalera, forzando un acuerdo de 206 mil millones de dólares que recibirán 46 estados en los próximos 25 años.
Pero la verdadera victoria no fue de los fumadores ni de los gobiernos estatales, sino de los abogados litigantes. Ningún fumador recibió un centavo en compensación, pero los abogados obtuvieron miles de millones de dólares en honorarios.
Han sido muchas las industrias afectadas así: · En una demanda colectiva contra un banco de Boston, cada cliente del banco recibió $8,76 y los abogados recibieron $8.500.000, más $90 del bolsillo de cada cliente. · En otra demanda iniciada en 26 estados contra CIBA, fabricante de lentes de contacto, cada uno de los demandantes recibió un cupón de descuento de $35 y los abogados recibieron más de $5 millones. · En la demanda colectiva contra el fabricante de cereal para el desayuno Cheerios, por usar aditivos que no se han comprobado hacen ningún daño, los abogados recibieron casi $2 millones y los consumidores recibieron un cupón para recibir una caja gratis de cereal.
Son, desde luego, los consumidores quienes terminan pagando por esos honorarios millonarios. Según la revista Forbes, estas demandas le costaron a los consumidores en 1996 $300 mil millones de dólares, en precios más altos de bienes y servicios.
Como resultado de esas demandas, ahora vemos reflejado en las etiquetas la ridícula incoherencia en que ha caído el sistema legal norteamericano: · Un secador de pelo que indica que no se debe usar mientras se duerme. · Una plancha eléctrica que advierte no planchar la ropa cuando usted la tiene puesta. · Un atomizador para el cabello que nos señala que no debemos rociarnos los ojos.
La gente se da cuenta que un sector de nuestro sistema legal está empeñado en destruir todo lo que encuentra por delante y por eso un creciente número de consumidores y empresarios apoyan el trabajo de mi organización, la Asociación Americana para la Reforma de las Leyes de Responsabilidad Civil (American Tort Reform Association). Comprenden que nuestra misión es retornar el sistema legal al equilibrio y sentido de justicia que antes prevalecía.
Mientras luchamos por una reforma lógica, estamos alertas sobre las acciones de abogados litigantes en búsqueda de nuevos mercados y nuevas víctimas.
Presidente de la American Tort Reform Association.