El problema de Chávez
Roberto Hernández Montoya
¿Cómo, teniendo una experiencia tan limitada, entendemos tanto? ¿Cómo, teniendo tanta información, entendemos tan poco? Son, respectivamente, el problema de Platón y el problema de Orwell, vistos por Noam Chomsky. Ellos presentan para la reflexión contemporánea dos asuntos decisivos: tanto para la ciencia como para la política.
Sucede en Venezuela: la muchedumbre excluida y semianalfabeta entendió todo de un tirón. Los intelectuales, con mucha más información, estamos tardando ya demasiado. Ahí tienen a Mario Vargas Llosa. Aunque lo primero que me llama la atención es que Chávez se haya molestado tanto con su artículo (El Nacional, 8/8/99). Más bien debiera haberlo celebrado, porque grave para Chávez hubiera sido que Vargas lo hubiera elogiado. Que de paso no entiendo por qué Vargas critica tanto a Fujimori si este está aplicando las medidas económicas que Vargas considera bajadas del cielo.
Muchos intelectuales dicen, a veces en un mismo aliento, que Chávez es fascista y castrocomunista. Lo comparan con Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez, Ño Pernalete, Perón, Fidel, los Caras Pintadas, Nasser, para no hablar de Mussolini y Hitler. Un tipo que no ha hecho ni una fracción de las represiones que se hicieron en cualquier minuto del período democrático, durante el cual se inventaron las desapariciones que luego se aplicaron en el Cono Sur; hubo torturas, asesinatos, allanamiento de universidades, los estudiantes eran cacería menor, sin hablar de las censuras de prensa. Un tipo que propone una Constitución en la que se prohíbe la discriminación por razones étnicas o de orientación sexual. Me perdonan, pero ese es un fascismo bien raro. Este razonamiento, en lugar de zanjar la discusión, no hace sino iniciar otra, porque rápidamente se le encuentra otro defecto aun más grave, si cabe: que no sabe combinar corbata con camisa, ponle, que para algunos es peor que ser fascista. Chávez tiene una agenda oculta, tiene malas intenciones, se le ve en la mirada, qué sé yo. Procesos de intención como los de la Inquisición: te quemo vivo porque tienes la intención de pecar.
La cosa es fuerte. A mí se me inspiran mis dudas, sobre todo después de escuchar una declaración de Pablo Medina. O cada vez que Chávez amenaza leyes y lee a Ceresole, porque de pronto uno se acuerda de que fue militar y los civiles tenemos prejuicios sobre los militares que ríete de los que los militares tienen sobre los civiles. No son pocas las razones para ello, bastante gorila ha habido y bastante clausuraron y allanaron la universidad. Pero ahora los militares uniformados entran en las universidades como si nada. Aquel prejuicio no debe enceguecernos para esta evidencia (el problema de Orwell). Aquel es un dato blando, conjetural; esto es un dato duro: los militares están construyendo aulas en las universidades con las que hubo muertos de parte y parte y de parte a parte. Muertos que ya no hay.
Me perdonan mis amigos politólogos y demás estudiosos: el cariño es el mismo, pero más les vale irse buscando otros paradigmas de análisis porque están entendiendo todo al modo simplón de Vargas Llosa y para que no se diga que piensan que todo estaba bien hasta que llegó Chávez. No es que no se pueda ni deba criticar, sino que de este modo se pueden dejar pasar peligros que sí son verdad. Ah, malhaya Cabrujas, que ya en 1992 predijo casi al detalle este 1999. Puedes leerlo en El país según Cabrujas. Está en Monte Ávila.