Un ejemplo a seguir: la obra de José Antonio Abreu

Carolina Jaimes Branger

Venezuela sí tiene remedio. Escribo este artículo al salir de un concierto de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, en el que no sólo se elevó mi espíritu, sino que me hizo creer nuevamente en nuestra patria. Admiro y aprecio la obra de José Antonio Abreu. Pienso que él es una de las personas que más ha hecho por la cultura en este país, en todos los tiempos.

Esto me sucede cada vez que asisto a una presentación de las orquesta que Abreu fundó. La calidad de la ejecución, basada en altísimos estándares de excelencia, método y disciplina, ha hecho del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela un ejemplo a seguir. El oír a los jóvenes maestros interpretar de manera impecable a los grandes maestros, es una apuesta a futuro: en Venezuela sí podemos hacer las cosas bien, por lo tanto saldremos adelante. En el presente, me sirve de antídoto contra el pesimismo ante la situación actual.

José Antonio Abreu tiene el mérito de haber acercado la cultura al pueblo. Pero tiene aún más mérito por haber acercado el pueblo a la cultura. Ya son cerca de cien mil integrantes que conforman sus orquestas, cien mil jóvenes que conocen el valor de la superación. Y eso gracias a que él le enseñó a un grupo importante de venezolanos que no pueden conformarse con ser mediocres si pueden ser excelentes; que los éxitos en la vida se consiguen a costa de esfuerzo y constancia, por lo que no deben temer a la exigencia y al trabajo duro. Todo eso da frutos. Abreu debe sentirse orgulloso de esos frutos que está cosechando.

En Venezuela, y sobre todo en el campo público, casi nadie hace nada; pero basta que alguno tenga una idea, una iniciativa, para que lo destrocen. La envidia es uno de los bajos sentimientos que más daño nos ha hecho. Debo decir por esto, que estimo y agradezco que el doctor Abreu no se haya detenido en su empeño.

Si en Venezuela hubiera mil personas con la dedicación y el empuje del doctor Abreu en los distintos renglones del quehacer nacional, a nadie se le ocurriría realizar ni los referendos ni las constituyentes: las cosas marcharían por sí solas, porque el cambio vendría desde la base, con venezolanos re-educados, con una nueva visión de lo que significa realmente ser venezolanos. Insisto en que ese es el único cambio que puede funcionar. Cuando la gente comience a darse cuenta, como los integrantes de las orquestas; de que los logros requieren esfuerzo y acometan ese esfuerzo sin miedo porque tienen conciencia de que vale la pena hacerlo, de que hay que pensar en el bien colectivo, para lo que a veces se requiere poner de lado el bien individual; de que el trabajo productivo sí resulta, y es fuente de desarrollo y bienestar, ese día estaremos en vías de consolidar nuestro progreso. Si no lo hacemos, las orquestas del doctor Abreu seguirán siendo unas islas en el mar del desbarajuste venezolano, la esperanza en la caja de Pandora.

El mayor homenaje que el doctor Abreu puede tener es la certeza de haber creado una obra de trascendencia universal, por su contenido y alcance. Ya lo dice el programa del concierto `¡La cultura a través de la música no tiene fronteras!´. Le doy las gracias al doctor Abreu por una obra que ha tocado nuestras almas y ha hecho que veamos las cosas desde una perspectiva más alentadora.

Le doy las gracias por haber sembrado esas semillas que germinaron incólumes en medio de este caos, y que siguen firmes y seguras en su camino hacia la luz.

Le doy las gracias por darnos continuamente la oportunidad de creer que sí hay solución para Venezuela.

cjaimesb@eudmail.com