Basilio Plaza

El canto del cisne parlamentario

Sorpresivamente el Congreso fue convocado por su Comisión Delegada a sesiones extraordinarias este viernes y, si los congresantes asisten (aunque han sido desconvocados por el incombustible Presidente del Congreso), se encontrarán con sus lugares físicos ocupados por los constituyentes, y con el enfrentamiento de la Asamblea Nacional Constituyente que sólo ha autorizado el funcionamiento de la Comisión Delegada para preparar dos leyes: la que prevé el efecto de la mítica "falla del 2000" (Y2K), y la de Telecomunicaciones. Así, la concurrencia de los congresistas a la convocatoria implicaría una desobediencia directa a la ANC.

El choque, sin embargo, iría en dos innings sucesivos que, previsiblemente, ganará la Asamblea.

El primero sería definir el mecanismo que impida realizar la sesión parlamentaria. El segundo será lograr que la Corte Suprema respalde el decreto de reorganización parlamentaria, tal como respaldó la emergencia judicial -apoyo que provocó la violenta renuncia de la Dra. Cecilia Sosa.

Si la Corte Suprema, ahora ya sin mayor voluntad de oposición antichavista, convalida como seguramente convalidará, la decisión constituyente de reorganización parlamentaria, la Asamblea Nacional Constituyente podrá ejercer acciones ejecutivas en el proceso de reforma del Estado: el verdadero comienzo de la era chavista.

Por encima de la Constituyente... ¿los constituyentes?

Cada vez más constituyentes chavistas, especialmente de PPT, MAS e independientes, muestran un creciente afán de protagonismo y de demostrar que tienen iniciativa propia. Lo cual se ve como una igualmente creciente pérdida del control por parte del Presidente.

Esto puede convertir a la ANC en imprevisible, no importa cuán democrático se vea, e incluso llegar a torcer algunas intenciones del plan del Presidente Chávez. Si se piensa en la gran variedad de intereses y formas de pensar actuando en la Constituyente, esa presunta pérdida de control es muy preocupante.

Sin embargo, de ser cierto el descontrol, parece cuesta arriba que el Presidente permita el rompimiento de algún elemento de su Programa de País; podría aceptar ajustes, pero no cambios fundamentales que está dispuesto a llevar adelante. Con los partidos que lo apoyan, o sólo con los militares.

El incendio colombiano

Cuando un 60 % de la población civil de cualquier país, especialmente latinoamericano, se muestra abiertamente de acuerdo con una intervención norteamericana, es que las esperanzas y los sueños están en franca agonía. En Colombia el incendio crece y la sangre fluye a borbotones al lado mismo de Venezuela

Para pocos dirigentes y personas es difícil dejar de pensar que el territorio bajo absoluto control de las guerrillas tiene un destino muy probable: convertirse en un nuevo estado independiente entre Colombia y Venezuela, de donde la lentitud manejada por la dirigencia de las FARC en las discusiones pro-paz con el gobierno Pastrana, no parecen ser más que una forma ganar tiempo. Por eso la posición públicamente expresada por el Presidente Chávez puede ser poco diplomática y quizás en exceso extrovertida, pero es sin duda realista: no se puede negociar confiablemente con Bogotá, sin hacerlo también con Tiro Fijo.

Para Colombia sería un trauma desastroso, y para Venezuela un gravísimo riesgo, la consolidación de una república nacida del empeño militar de los guerrilleros y las finanzas del narcotráfico.

Todo el mundo está convencido -excepto las Fuerzas Armadas y policiales colombianas- de que la solución militar es ya imposible. Ninguno de los dos bandos puede ganarle claramente al otro -aunque hace tiempo ya que se han producido combates a no muchos kilómetros de Bogotá en lo que posiblemente sea más un alarde de fuerza de la guerrilla que un intento serio de invadir la capital.

Ahora, rumores venidos de Bogotá apuntan a una salida política que tampoco resulta agradable para un continente mayoritariamente democratizado. Se comenta sotto voce que se estaría preparando un movimiento político con la participación de los dos grandes partidos y de los Estados Unidos, que llevaría a la renuncia de Pastrana y el ascenso al poder ejecutivo del General (Policía Nacional) Roso José Serrano, uno de los más duros combatientes contra la guerrilla.

En un ejercicio de política-ficción, habría qué imaginarse cómo serían las políticas binacionales de Colombia y Venezuela en tal caso, dos países que se necesitan enormemente en lo económico y en el liderazgo de la comunidad andina, presididos por un duro General de Policía Nacional por el oeste, y un Presidente de carrera militar y que ya está gobernando con militares por el este.

Si se convierten en polos opuestos, se consolida la guerrilla; si se ponen de acuerdo, con apoyo logístico y de inteligencia de Estados Unidos, la asfixian.

En todo esto rondan la diplomacia activa y la política; con el rumor de marras -que implica un acuerdo político- coincide el aumento de la presencia militar norteamericana -asesores, instructores- en Venezuela, la necesidad perentoria de este país de recibir autorizaciones y facilidades de Washington para renovar su material militar, afectado por obsolescencia y por el desgaste de los dos intentos de golpes de estado (y recuérdese que para recibir equipamiento militar norteamericano no es obligatorio recibirlo del Norte, puede venir de otros países como Israel), rumores de la sustitución del embajador John Maisto por uno más "duro" -se habla incluso del que era hasta no hace mucho embajador en Bogotá- la "reconciliación" entre el Presidente Chávez y la Guardia Nacional y el silencioso redimensionamiento de la Disip. Y un detalle: nunca antes un jefe máximo antidrogas norteamericano había visitado tánto a Suramerica, como lo ha hecho el actual en los últimos dos meses.

Tupamaros en acción

Las pequeñas bombas puestas en oficinas colombianas en Venezuela no parecen ser realmente una reacción contra ese país, sino más bien una búsqueda de pretextos políticos del decaído movimiento tupamaro venezolano. Se dice que ahora vienen los asaltos a bancos con pretextos idealistas y razones tradicionales: dinero.

El cruce de espadas verbales entre Bogotá y Caracas no fueron más que la oportunidad aprovechada por los tupamaros para buscarse un disfraz político.

Victoria compartida

Tras meses de negociaciones y encuentros, y de alusiones directísimas del Presidente Chávez a la banca exigiéndole bajar las tasas activas de interés, este jueves se firmó finalmente el trascendental acuerdo que pone a disposición del público más de 400 millones de dólares en créditos a la pequeña y mediana industria a una tasa activa del 29 %, con fondos de la banca comercial.

En este proceso de meses, todos cedieron un poco, para llegar sonrientes y satisfechos al oportuno acuerdo.

La banca se anota una victoria, pues logró una importante disminución del obligatorio aporte a FOGADE (del 2 al 0.5 %), un aumento de la porción remunerada del encaje bancario (del 4 al 6 %) y una reducción de la provisión para el incremento de los créditos (del 2 al 1 %), entre otras concesiones del Estado.

A cambio, la banca traspasa los beneficios de estas medidas a la reducción de las tasas activas y un pequeño aumento en las pasivas. De esta manera todos los integrantes del sector financiero, el Banco Central, Fogade, la Superintendencia y los bancos, aportan en lo que es, sin duda, un extraordinario acuerdo.

También es una victoria del gobierno, porque ha logrado un aporte bancario de casi 900 millones de dólares de capital para créditos con bajos intereses para el sector agropecuario, la pequeña y mediana empresa y los sectores medios de menores recursos, a través de los programas crediticios de Sogampi, agropecuario, carro popular y pequeña y mediana empresa.

Si a esto sumamos el programa de construcción de viviendas, vías de comunicación, etc., anunciado hace poco tiempo por el Presidente, Chávez puede decir que está invirtiendo en la reactivación económica y social del país en lo que es un Programa Económico al cual le faltan importantes elementos que esperan los inversionistas, pero que sin duda está en marcha.

Obviamente, estos planes no convencerán a los grandes inversionistas, pero mientras ellos se deciden, comenzarán a fluir los pequeños dineros que necesitan las clases populares y los pequeños empresarios. Y allí ya hay una reactivación del empleo, de los depósitos bancarios y de la confianza popular en el Presidente.

Fue llamativo el discurso del Presidente Chávez en el acto de la firma este jueves 26 del acuerdo con la Asociación Bancaria, el Banco Central de Venezuela, el Consejo Bancario Nacional, la Superintendencia de Bancos y Otras Instituciones Financieras y el Ministerio de Hacienda.

En su discurso al país, además de una parte en la cual se entusiasmó con el tema de la justicia social, el Presidente habló de "trabajo en equipo", confirmó la autonomía del Banco Central de Venezuela, afirmó la voluntad democrática de su gobierno, expresó que sí hay un programa económico y que la economía es algo que el gobierno no olvida, no deja de lado y felicitó a "mis amigos los banqueros".

Una parte del acuerdo de la cual se habló poco tiene gran importancia, cuando asienta como responsabilidad y objetivo de la Superintendencia de Bancos, "adecuar las normas que rigen los procedimientos de fusión de instituciones financieras en el sentido de facilitarlos y estimularlos y, en particular, lo relativo a la amortización de los gastos y primas derivados de tales fusiones. Asimismo, el Ejecutivo Nacional estudiará los posibles financiamientos e incentivos fiscales a estos fines."

Más claro, agua; es una reafirmación clara del pensamiento varias veces anunciado por el Superintendente Debera de la necesidad perentoria de que los bancos pequeños y/o con dificultades por la situación económica se fusionen y creen instituciones más grandes y sólidas. Y confirma los constantes rumores de que la mayoría de los bancos pequeños no pueden sobrevivir sin fusionarse entre sí.



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