El último episodio de locura criminal urbana en los Estados Unidos reavivó la polémica sobre la proliferación de armas entre la ciudadanía. Durante muchos años la sociedad estadounidense toleró y hasta acogió con benevolencia la tenencia de armas de fuego. Pero ahora se advierte cada vez más sobre sus perniciosos efectos sobre la trama social.
Por un lado, la tenencia de armas se inscribía en una tradición de fuerte individualismo y reivindicación de las libertades personales que se esgrimía, en este caso, a través del principio de la autodefensa. Ningún poder superior, según este enfoque, tendría autoridad para restringir dichas libertades así entendidas.
Por otro lado, la inseguridad urbana incentivó la tenencia de armas como una herramienta más de la vida cotidiana, entendida como factor disuasivo y de protección frente a posibles ataques delictivos. Finalmente, un poderoso factor económico, la expansión del mercado doméstico de armamentos, contribuyó a facilitar el acceso masivo.
El resultado es que hay en los Estados Unidos entre 220 y 230 millones de armas de fuego en poder de particulares. Un 33% de las familias tiene al menos un arma de fuego en su casa y al alcance de cualquiera de sus miembros, incluidos los niños.
Según un estudio de la Asociación Médica Americana, esta tendencia armamentista en la sociedad civil es responsable del incremento de muertes y hechos de violencia y del crecimiento de víctimas menores de edad. La cuestión hizo eclosión con la ola de ataques en centros escolares y llevó a la administración Clinton a redoblar los esfuerzos para aprobar una legislación más restrictiva, con la oposición de los sectores conservadores.
A ello se suma la preocupación frente a las actividades de grupos ultraderechistas y milicias racistas, convertidas en el principal problema de seguridad interna en los Estados Unidos. Desde la matanza de Oklahoma, protagonizada por un fundamentalista blanco, y la tragedia de Waco, donde murieron los integrantes de una secta apocalíptica, el foco de atención está puesto en dichas agrupaciones que, se estima, acopian casi dos millones de armas.
El último hecho de sangre, una guar dería infantil de la colectividad judía atacada a tiros por un militante neonazi, dio una razón más para que la sociedad estadounidense avance en la reflexión sobre los motivos de semejantes manifestaciones de odio y extremismo y para que el gobierno tome medidas para reducir la circulación de armas.
El Clarín (Argentina), 25 de agosto de 1999