Cómo vivir con el cáncer

Antonio Panesso Robledo

El historiador Arnold Toinbee dijo que los grandes desastres sociales pueden ser un estímulo en la formación de una gran sociedad. Ojalá aquí pase lo mismo.

Muchas veces sucede en la historia de los pueblos que durante épocas tienen que vivir vidas paralelas. Es el caso de nuestro país que tiene un sector andino con una vida relativamente normal y varias zonas aisladas en donde ha surgido virtualmente una guerra contra el Estado. Cuando se presenta esa circunstancia es mejor aprender a convivir con un proceso negativo en la sociedad, que equivale a un cáncer en la persona. Muchos individuos se acostumbran a convivir con una enfermedad irremediable, como el sida, tomando precauciones de sentido común para disminuir los males, pero es un error desesperarse inútilmente y más aún aplicar remedios heroicos que finalmente no tienen efecto. Los grandes paros y manifestaciones no sirven para nada. La mayor arma que tiene el país, la Virgen de Chiquinquirá, no ha podido detener crímenes cruelísimos como el cobarde atentado a la pobre población de Nariño, en Antioquia.

Ha anotado Toinbee que los grandes desastres sociales pueden ser un estímulo en la formación de una gran sociedad. Ojalá a nosotros nos pase lo mismo. En los primeros siglos de nuestra era Europa fue invadida durante mucho tiempo por pueblos que ahora llamamos bárbaros.

Fueron guerras de muchos siglos, que mientras tanto estimulaban el crecimiento del cristianismo y lentamente organizaban las primeras grandes nacionalidades. En Colombia estamos sufriendo algo parecido, reduciendo las proporciones. Sería una equivocación ignorar el problema, pero también lo es ilusionarse con el falso concepto de que todo puede arreglarse de un día para otro, o con cambios de gobierno. En nuestro tiempo hemos sido testigos de episodios notables, como el nacimiento y desarrollo de Israel. Esta nueva nacionalidad lleva medio siglo de luchas externas e internas que sin embargo no han impedido el progreso evidente de industrias, exportaciones y uno de los grandes turismos que existen en el mundo. Y todo ello en medio de ataques de países árabes vecinos, estimulados con armas y dinero por otras naciones hostiles, como Irán.

Este ejemplo ya histórico, demuestra el principio del historiador británico. Las instituciones israelíes son tan complejas como cualesquiera otras de los países parlamentarios europeos. Además de eso viene una población heterogénea, que dificulta la unidad nacional y una geografía hostil, adversa al crecimiento económico.

El Espectador (Colombia), 25 de agosto de 1999