Como protesta por el «caso Pinochet» - El Partido Socialista chileno pide a Frei que reconsidere la idea y la vincula con las elecciones presidenciales
SANTIAGO DE CHILE.- Los presidentes de Chile y Argentina, Eduardo Frei y Carlos Menem, respectivamente, boicotearán la IX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, que se celebrará en noviembre en La Habana, como protesta por el caso Pinochet.
Durante la conferencia de prensa que ofreció en el Palacio de la Moneda con su homólogo argentino, Carlos Menem, quien se encuentra de visita oficial en el país, el democristiano Frei subrayó que la delegación chilena no acudirá a Cuba «mientras no se respeten los acuerdos suscritos en materia de gobernabilidad y extraterritorialidad de la justicia».
«La posición nuestra ha sido clara y precisa desde finales del año pasado; pensamos como país, y ésa es mi decisión personal, que no vamos a concurrir mientras no se respeten los acuerdos que hemos firmado», recalcó el mandatario chileno.
Menem explicó que si Chile no asiste a la Cumbre, los representantes de Buenos Aires les apoyarán. «La República Argentina tampoco concurrirá», aseguró Menem en un encuentro con empresarios chilenos y argentinos, y subrayó que no van a permitir «injerencias extrañas».
Genocidio y torturas
La posición de ambos países suramericanos es la respuesta del Gobierno chileno a la tramitación por el Ejecutivo español de la solicitud de extradición de Augusto Pinochet reclamada por el juez Baltasar Garzón, quien procesó al ex gobernante por genocidio, terrorismo y torturas.
Pinochet se encuentra detenido en Gran Bretaña a la espera de que las autoridades británicas tramiten su expediente a finales de septiembre o se decidan a liberarlo, alegando razones humanitarias, lo que supondría su vuelta a Chile.
«Mi actitud de apoyo a la soberanía chilena no es nueva, así ha sido siempre», manifestó Menem.
El pasado día 1 de agosto, el ministro chileno de Exteriores, Juan Gabriel Valdés, había asegurado que Frei no iría a Cuba si no se resolvía antes el caso Pinochet.
En noviembre próximo tendrá lugar en La Habana la IX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, cita a la que el mandatario chileno había condicionado su participación en diciembre pasado, tras la detención de Pinochet, mientras se desarrollaba en la ciudad portuguesa de Oporto la VIII Cumbre.
En esa reunión se acordó el rechazo a la aplicación extraterritorial de las leyes nacionales, lo que, a juicio de las autoridades chilenas, no se cumplió en el caso Pinochet. Valdés basa su posición en que España no habría respetado el acuerdo.
Al conocer la decisión de Frei, el Partido Socialista (PS) de Chile acordó recomendarle que «considere y pondere todos los elementos y haga un esfuerzo para estar en la Cumbre».
A juicio del senador Ricardo Núñez, presidente del PS, el anterior juicio de Valdés «no parece un argumento suficientemente sólido como para dejar de asistir a la Cumbre».
Núñez agregó que bajo ninguna circunstancia «es aconsejable que las decisiones políticas se adopten por consideraciones coyunturales», en referencia a las próximas elecciones presidenciales de diciembre.
El general retirado, de 83 años, fue apresado en la noche del 16 de octubre de 1998 por agentes de Scotland Yard por orden de Garzón, quien dirige como magistrado de la Audiencia Nacional el sumario donde se investigan los abusos cometidos por el régimen militar chileno (1973-1990).
Una cumbre conflictiva marcada por su anfitrión
La decisión de Chile y de Argentina de no acudir a la Cumbre de La Habana mientras no se resuelva el caso Pinochet echa más leña al fuego a una cita que se presume conflictiva.
Durante la I Cumbre de la Unión Europea y de América Latina, celebrada el pasado junio en Río de Janeiro, los jefes de Estado y de Gobierno de los países latinoamericanos tomaron posiciones con vistas a la reunión de La Habana, que estará marcada por su anfitrión: Fidel Castro.
Algunos países, principalmente Nicaragua, El Salvador y Chile, mostraron en Río su disposición a no asistir a la cita cubana porque, a su juicio, Castro no cumple con los acuerdos de democratización y respeto a los derechos humanos firmados en cumbres anteriores. Los responsables de Argentina y México dijeron entonces que se pensarían su asistencia.
El presidente del Gobierno español, José María Aznar, aprovechó los contactos bilaterales con sus homólogos para que la Cumbre de La Habana saliera adelante con todos los países presentes. Los esfuerzos diplomáticos sirvieron para que El Salvador se lo pensara mejor y confirmara que iría a Cuba. La incógnita ahora está en ver si la postura de Argentina y Chile es definitiva.
La próxima Cumbre Iberoamericana (una reunión que se celebra anualmente desde 1991 entre los países latinoamericanos, España y Portugal), tendrá relevancia especial porque allí se decidirá la sede y el responsable de la futura Secretaría General Iberoamericana.
El Mundo (España), 21 de agosto de 1999