Alejandro J. Sucre
Pareciera que a coscorrones y gavetazos se va a manejar la política de tasas de interés... por lo menos en la primera etapa de la V República. Por una parte, el BCV por presión del Ejecutivo ha implantado una política de mantener un 20% de la cartera de crédito disponible para el sector agropecuario a tasas preferenciales (gavetas), y por la otra el presidente Chávez amenaza a la banca comercial a bajar las tasas alrededor del 20%, en alineación con la tasa de inflación esperada, o de lo contrario el BCV les fijará un techo (tope).
En la década de los ochenta el gobierno del presidente Lusinchi practicó ambas políticas para los créditos agrícolas y sin éxito. Los resultados con las gavetas de préstamos fueron que se generó todo tipo de trampa donde los bancos prestaban a algunos agricultores, que luego no invertían en el agro, ya que no tenían suficientes proyectos viables ni una infraestructura competitiva, sino que con ese mismo dinero se daban la vuelta y en el mismo bancos colocaban esos fondos para ganarse un diferencial. Adicionalmente, la distorsión que generaron las gavetas bancarias llevó a que muchas empresas del agro hicieran inversiones excesivas en silos, mataderos, granjas, siembras, etcétera, que luego no se pudieron sostener financieramente cuando se generaban las crisis de balanza de pagos y el ajuste macroeconómico que se derivó de los excesos de liquidez monetaria.
En cuanto a la política de fijación de topes de tasas de interés a alrededor del 22%, el Gobierno tiene que darse cuenta que con los niveles de gastos de los bancos hoy, estas tasas reguladas generarían una quiebra casi general del sistema bancario. Obligar a bajar las tasa de interés (vía fijación de topes) por parte de la administración del presidente Chávez, sin entender la estructura de costos del sistema bancario y que el mal lo genera su mismo gobierno y el BCV nos llevará a niveles de frustración que harán que el remedio sea peor que la enfermedad. Así como existe un desajuste de bancos que crecen mientras menor es la cantidad de dinero que prestan al aparato productivo debido a los TEM, también ocurre otra aberración mayor cuando el gasto fiscal crece mientras más se devalúa la moneda y empobrece a la población. Mientras el gobierno del presidente Chávez ha devaluado la moneda de Bs. 570 a Bs. 610 por US$ en lo que va del año, toda la nueva liquidez que la devaluación genera ha sido utilizada por su gobierno para cubrir el creciente gasto público.
Este incremento en la liquidez monetaria que genera el gobierno del presidente Chávez y los últimos gobernantes en los últimos años va en dirección contraria a la producción nacional. Y donde crece la liquidez y decrece la producción hay excesos de liquidez que requieren que el BCV recoja, vía bonos TEM, y terminan convirtiéndose en subsidios a la banca que el BCV concede para que no coloque préstamos que catapulten la inflación. Devaluación, más gasto público, más liquidez, más bonos TEM y menos préstamos al aparato productivo es el mecanismos de trasmisión a través del cual se generan las altas tasas de interés.
Así que si el gobierno del presidente Chávez quiere acabar con las altas tasas de interés, lo primero que debe hacer es no utilizar la devaluación como ingreso fiscal. Lo segundo que debe hacer es no emitir más bonos TEM a través del BCV y refinanciar los existentes a largo plazo. Lo tercero que debe propiciar es abrir todos los sectores de la economía a la libre competencia y acabar con los proteccionismos y monopolios público y privado. También debe racionalizar el programa Bolívar 2.000 que genera mucho gasto público improductivo. Una vez tomadas estas medidas, los bancos muy gastivos e improductivos hoy, se irán fusionando, haciendo eficientes y más atentos a las solicitudes de crédito del aparato productivo y les llegará el momento de hasta colocar créditos a largo plazo.
Así, lo que puede ser un drama iniciado por las altas tasas de interés, podría terminar siendo una gran victoria para el gobierno de Chávez y para todo el país.
alexsucre@eud.com
El Universal Digital, 16 de agosto de 1999