La 'Organizante'

Hugo Fonseca Viso

El ingeniero Tulio Pinedo mencionó en una reunión que Venezuela necesitaba, más que una Constituyente, una 'Organizante'.

Esta ocurrencia tiene mucha validez porque, efectivamente, podemos comprobar que el origen de muchos de nuestros males se ubica en la falta de organización, lo cual se manifiesta en improvisación, en irrespetar normas y leyes, en perder eficiencia en las actividades al no utilizar debidamente, y de acuerdo a prioridades, los recursos de que disponemos, entre ellos uno valioso e irrecuperable: el tiempo. Esto es particularmente cierto en el sector público.

Se puede contar con los mejores enunciados constitucionales; de hecho nosotros, en ciento noventa años de vida republicana, nos acercamos a treinta intentos de buscar la perfección en materia constitucional, sin que esto se haya reflejado en cambios significativos para alcanzar actitudes y comportamientos que propicien una sociedad dedicada a lograr el progreso y bienestar.

Y esto tiene una razón de ser: poco se adelanta si se garantizan derechos en la letra, pero no existen organismos competentes para que los mismos puedan ser una realidad. Por ejemplo, el más importante de todos, la vida: si no existen mecanismos de prevención y represión eficaces, no pasa de ser un buen deseo y convierte el devenir del ciudadano en un juego de probabilidades, por no decir de lotería.

Igual sucede con el derecho a la propiedad: si el Registro Público no funciona, los documentos se extravían, los registradores aceptan operaciones o modificaciones fraudulentas, o ejecutan correcciones o asientos al margen impropios. Lo mismo puede decirse con respecto a los derechos y el funcionamiento de la justicia, cuya validez es nula si en los tribunales priva el desorden, los negociados, la carencia de infraestructura y de recursos apropiados, y si las sentencias y pronunciamientos de los jueces, lejos de obedecer a criterios y basamentos jurídicos, se originan en motivaciones políticas y corruptelas.

Si tocamos otro aspecto importantísimo, como es la nacionalidad, encontramos que aunque todo lo que tenga que ver con ella esté perfectamente claro en el texto constitucional, si los servicios de identificación funcionan incorrectamente, si se emiten documentos 'chimbos', si los ciudadanos no pueden acceder con comodidad a sus cédulas de identidad o pasaportes, si no se puede inscribir con facilidad a los recién nacidos, si no son confiables y actualizados los registros electorales, entonces, ¿de cuál nacionalidad estamos hablando?

Si consideramos la soberanía, para ello requerimos tener control del territorio, comenzando por barrios urbanos donde la peligrosidad impide que el Estado en varias de sus manifestaciones, la fuerza pública entre ellas, no tenga ninguna presencia, impedir la permanencia de indocumentados y el dominio absoluto de las zonas fronterizas, todo lo cual demanda organizaciones eficientes. Por otra parte, un país endeudado más allá de la cifra que su economía permita un manejo solvente, no es tan 'soberano', y esto sucede por el uso irresponsable de las finanzas públicas, sin orden ni concierto.

Las pérdidas que significan que los archivos no existan, o no estén actualizados, lo mismo para datos estadísticos, proyectos innecesarios, de mala calidad o extraviados, planos malogrados o robados en organismos públicos, en fin, todo ello una demostración de que no se ha adelantado mucho en la forma de actuar de aquella que originó la decepcionada exclamación de Francisco de Miranda.

Algo que debería ser sumamente fácil, sencillo y cómodo de realizar, como son las declaraciones de renta, y la cancelación de tributos al Estado, se convierten en tareas engorrosas, dificultades y demoras innecesarias, cuando los primeros interesados en hacerlo expedito deberían ser los entes recaudadores.

Haga cada quien su lista de los enunciados constitucionales y los impedimentos que existen para que se lleven a efecto.

Por otra parte, es urgente poner en marcha un auténtico sistema capitalista que estimule y aproveche las capacidades, iniciativas y creatividad de millones de venezolanos para alcanzar a exportar cien mil millones de dólares al año, lo cual contribuiría a contar con intereses bajos, una moneda estable y un mejoramiento sustancial del nivel y calidad de vida.

Actualmente hay muchos ocupándose de la Constituyente, ¿quién o quiénes 'le entran' a la tan necesaria 'Organizante'?

El Universal Digital, 25 de agosto de 1999