La tasa de interés y la tasa de cambio

Emeterio Gómez

Parodiando la famosa frase de Hausmann según la cual, como país, 'estamos condenados al éxito' (¡?¡?), podría decirse que estamos también condenados a tener tasas de interés altas. No por la incertidumbre política que vivimos, ni por la carencia de un programa económico o por el apego al enfoque roussoniano de Bolívar anacrónico ya en su época sino por causas estructurales mucho más profundas.

Estamos condenados a tasas de interés altas, porque éstas dependen rigurosamente del nivel al que coloquemos la tasa de cambio (TC). Porque la relación entre dichas tasas es muy clara en Venezuela, aquéllas dependen de ésta. Contra lo que suele ocurrir en economías 'normales', aqui el precio del dólar determina fuertemente al precio del dinero. En cualquier economía que no dependa tanto de un solo renglón de exportación, y en la que éste no esté, además, en manos del Estado, la tasa de interés, el precio del dinero, el más global y general de todos los precios, tiene primacía sobre la TC. En Venezuela el único país del mundo en el que las cucarachas vuelan es al revés.

Por ello, dependiendo de dónde queramos colocar la TC, así será nuestra tasa de interés. Si devaluamos mucho para permitir que el aparato productivo no petrolero sea competitivo entonces la tasa de interés tenderá a ser muy alta. En cambio, si revaluamos fuertemente para permitir que la TC exprese nuestra abundante riqueza petrolera entonces la tasa de interés... tenderá también a ser alta.

Entre el 89 y el 95 optamos por la primera de estas dos salidas: para mantenerla competitiva devaluamos sostenidamente la TC real y la inmensa masa de bolívares que ello generó nos obligó a tener tasas de interés altas, para poder drenar con los TEM ese exceso de liquidez. Desde mayo del 96 estamos revaluando el bolívar, pero como no hemos asumido un programa económico creíble y, sobre todo, como no hemos reestructurado seriamente el aparato productivo no petrolero, es decir, como dicha revaluación no ha sido creíble, para sostenerla, hemos tenido que mantener tasas de interés altas.

En Venezuela no podremos bajar consistentemente la tasa de interés mientras no revaluemos también consistentemente la tasa de cambio, meta ésta que no alcanzaremos mientras no aceptemos explícitamente como núcleo básico de política económica que la apertura petrolera revalúa forzosamente nuestra TC de equilibrio y que, en consecuencia, no podemos seguir pensando nuestra economía a partir de la noción de TC real competitiva, aquella que torna competitivo al sector no petrolero.

Entre el 89 y el 92, Miguel Rodríguez logró imponer en Venezuela, como núcleo básico de politica económica, un concepto erróneo: La TC real competitiva, la creencia según la cual la TC de equilibrio debe ser aquella que permita a nuestra industria y agricultura (actuales) ser competitivas en los mercados externos. En 1995 el doctor Caldera impuso la Apertura Petrolera y en el 96 la Agenda Venezuela asumió explícitamente la revaluación sistemática de la TC real. 'Pero los venezolanos seguimos firmemente aferrados a la idea de que nuestra TC de equilibrio debe ser aquella que garantice la competitividad del aparato productivo no petrolero'.

Asumir que nuestra TC de equilibrio es la que torna competitivas a la industria y la agricultura es un error 'titánico'. Porque exluye del concepto de TC de equilibrio nada más y nada menos que al petróleo. Un error inmenso que nos hunde en esa creencia inaudita repetida a diario en Venezuela y que tuvimos la oportunidad de oír recientemente del propio Miguel según la cual el bolívar está sobrevaluado en un 40%. ¡De dónde se deduce que nuestra TC de equilibrio debe estar hoy alrededor de Bs. 860 por $!

Ojalá Miguel acepte la petición que le hemos hecho varias veces para discutir este tema. Ojalá que Ramón Piñango o Janet Kelly nos inviten a un debate en el IESA. El y yo 'al fin solos'; para conversar como amigos y aclarar algunas cosas que pueden ser útiles.

El Universal Digital, 25 de agosto de 1999