¡Al Hoyo con las Momias!

Alberto Valero

En Rusia, hoy, es revelador de la terrible crisis asociada a la decadencia política, física e intelectual del Presidente Boris Yeltsin, que la diatriba en torno a la remoción de los restos de Lenin de la Plaza Roja se ubique en el mismo plano que la urgencia planteada por una situación económica y fiscal apocalíptica, mientras la rebeldía de los pueblos del Cáucaso a la dominación de Moscú aflora en un nuevo frente, esta vez en el Daguestán, por donde transita el petróleo tan vital.

151 expertos del Centro Científico-Técnico de Estructuras Biológicas han guardado en el mayor secreto la fórmula empleada en la momia diminuta, que revisan dos veces por semana con minuciosidad - sobre todo las manos y la cara, que reciben un brochazo refrescante- y retiran del sarcófago cada dieciocho meses para sumergirla en un baño preservador. Y así ha sido desde que el astuto Stalin recurrió a la religiosidad del pueblo ruso para legitimarse como sucesor del líder que, tardíamente y sin eco, había alertado contra su inclinación al despotismo.

Pero con la Perestrojka se hizo público el rechazo al culto necrofílico y se llega ahora en el despelote enseñoreado en el Kremlim, a especularse sobre la eventualidad de un golpe de mano a cobijo del frío invernal -idéntico al que extrajo a Stalin de sus murallas en 1961- para sepultar a Vladimir Ilich en el panteón familiar de San Petersburgo. Y de paso aprovechar las protestas de los comunistas para invalidarlos electoralmente.

Mientras tanto, es curioso que se cumpliera a medias, este sábado en Sofía, la decisión de volar el mausoleo donde por muchos años se exhibió el cuerpo de Georgui Dimitrov. Reflejo, tal vez, de la histórica sumisión de Bulgaria, desde los tiempos del Zarismo, en el origen de un chiste que escuchamos en la Unión Soviética según el cual en la república balcánica echaban manos a los paraguas cada vez que llovía sobre Moscú.

Una noticia decepcionante, por la escasa originalidad y la evidente torpeza de los dinamiteros, que fallaron en dos intentos para destruir la poderosa estructura y en cambio cayeron demolidos por las burlas del público. Y por el fracaso que la operación parece indicar de la iniciativa de un grupo de científicos de reciclar el monumento ubicado en pleno corazón de la capital.

Porque, mientras la República Democrática Popular de Corea decidía en 1994 momificar los restos de Kim Il Sung - Gran Líder, Radiante Guía, Unificador de Todos los Pueblos, etc,etc- a los búlgaros les pareció más práctico ofrecer el local de temperaturas glaciales donde reposó hasta 1990 el fundador del partido comunista, para que los científicos del mundo entero realizasen experimentos criogénicos.

Ahora, de vuelta en Moscú, las perspectivas deben lucir promisorias para el doctor Sergei Debov, creador de la técnica, por cuyas manos pasaron Stalin y el propio Dimitrov y figuras como Ho Chi Minh, Agostinho Neto y el guyanés Forbes Burnham.

Y es que, liberado al fin de tan macabra manipulación política, podrá ahondar en su colaboración con el conocido antropólogo y escultor Mihail Gerasimov, que inspiró al criminólogo de Gorki Park, para restaurar a Ivan el Terrible y otros fascinantes héroes de la historia.

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