La verdad petrolera, un elefante y siete ciegos
Carlos Mendoza Pottellá
Hace muchos años, aposentado en uno de esos sitios "donde toda incomodidad tiene su asiento", disfruté de la lectura de una antología de cuentos de la India. Uno de ellos, pleno de moralejas sobre la imposibilidad de captar completamente la realidad a partir de visiones parciales de la misma, se refería, precisamente, a las descripciones que siete ciegos de nacimiento hacían de un elefante frente al cual fueron colocados. Un ciego, tocando la trompa, lo describía como un animal alargado, flexible, etc., En otras palabras, atribuía a todo el animal las características de la trompa. Igual evaluación parcializada hacían cada uno de los otros 6 ciegos: el que abrazaba una de las patas, el que tocaba los colmillos, las orejas, el rabo, etc. Fueron siete descripciones precisas de cada uno de los órganos que palpaban y cada uno de los siete ciegos hacía la misma extensión de la parte al todo, negando ardorosamente la versión de los otros seis, en medio de una discusión inconciliable. Algo parecido sucede con la realidad petrolera: cada quien la interpreta de acuerdo a su particular forma de ver las cosas. Pero en esta materia no se trata de ceguera de nacimiento, sino de los anteojos de la conveniencia o de las gríngolas de la ignorancia. Y para muestra, un botón. Los dirigentes petroleros venezolanos impusieron, desde hace más de una década y hasta el pasado mes de febrero una verdad, su verdad: las políticas de restricción de la producción para defender los precios son una cosa del pasado; la OPEP ya no tiene poder sobre el mercado; el mercado está ahora en manos de los compradores, quienes lo controlan con sus inventarios, sus mercados especulativos y la coordinación de sus políticas a través de la Agencia Internacional de Energía; apoyado todo ello en el control de los canales de comercialización e instalaciones de refinación en los mercados finales, que todavía detentan las grandes corporaciones transnacionales. Esa visión de la realidad, que toma aspectos parciales de la misma y los convierte en toda la realidad, no fue una "percepción parcial y equivocada", sino una que fue especialmente diseñada para justificar las políticas expansivas y aperturistas impuestas por los sectores poderosos nacionales y, sobre todo, internacionales, beneficiarios de esas políticas y quienes influyeron en los niveles políticos y llegaron a controlar los puestos de comando de nuestra gerencia petrolera pública en los veintitres años pasados. Por enésima vez recuerdo que esas políticas condujeron al país a una de las más profundas crisis económicas de su historia contemporánea y que la reversión de esas políticas, a partir de marzo del presente año, ha dado unos resultados incontrastables, manifiestos en la duplicación de los precios del petróleo en cuatro meses, (Ver gráfico y cuadro anexos) los cuales desmienten toda la sedicente "verdad petrolera" sobre la inutilidad de la concertación de los productores, sembrada en el alma venezolana a través de todos los medios, masivos o nó, de manipulación de la información. Pero la nueva realidad es todavía muy joven para imponerse frente a los reflejos condicionados expansionistas profundamente internalizados por los venezolanos. Es así como se registran hechos aparentemente inexplicables, como los que ya hemos reseñado en esta columna: declaraciones que especulan sobre la proximidad de la fecha en que terminará la politica de recortes de la producción, o sobre el nivel a partir del cual se volverán a abrir las espitas de la producción a todo dar, o exageradas expresiones de preocupación sobre lo que pensarán de nosotros los consumidores que "sufren" el crecimiento de los precios. En esta oportunidad quiero enfocar la atención del lector sobre un aspecto controvertido de la realidad, el cual se difunde aisladamente y sin vincularlo al contexto general de los resultados a nivel del país de las políticas restrictivas acordadas en el seno de la OPEP: las consecuencias depresivas de esa política, que afectan a las empresas directamente vinculados a las labores extractivas y el concomitante desempleo que se genera en el sector. Muestras recientes de esta manera de analizar la realidad las encontramos en dos reportajes publicados en días pasados en la prensa nacional, en los cuales se destacan los inconvenientes de la política de restricción de la producción petrolera, presentándola además como una especie de solidaridad o anuencia de Venezuela respecto a decisiones de la OPEP, sin relación con el interés nacional
El primero de estos reportajes, "Duermen los taladros", El Mundo, 20/8/99, pág. 9, fue realizado por un destacado y veterano periodista petrolero, José Suárez Nuñez, quien hace una cabal descripción de la situación de la infraestructura productiva petrolera venezolana en la actualidad, pero, a pesar de que reconoce que la política de recortes ha producido un incremento en el nivel de precios del petróleo, relativiza la importancia de ese logro al destacar que "El éxito propagandístico en el nivel internacional, arrastró localmente una perturbación económica en el sector conexo petrolero con unas 400 empresas quebradas y más de 100 exhaustas, viviendo de los comido por lo servido." (Subrayado mío).
El segundo de los reportajes citados "Recorte OPEP empobreció la Costa Oriental del Lago", El Nacional, 25/8/99, pág. D-6, firmado por Alicia Aguilar, se trata de una reseña de las declaraciones de empresarios zulianos sobre "la inestabilidad que está generando la política de recorte de la producción petrolera, asumida por Venezuela en el marco de sus compromisos con la OPEP". Lo paradójico del caso es que en ambos trabajos periodísticos, a pesar de sus títulos e intencionalidad de algunos comentarios, se destacan realidades que indican que la situación crítica de esas empresas no puede atribuirse solamente a los recortes de producción y confirman apreciaciones que hemos discutido con representantes de los sectores público y privado en este ramo.
Todas las informaciones recabadas directamente por mí em Puerto La Cruz, Paraguana y la Costa Oriental del Lago reflejan que uno de los rubros principales donde se ha producido una considerable caída de las actividades, hasta niveles de paralización, es en el mantenimiento. No sólo en el mantenimiento del potencial excedente sobre los niveles actuales de producción, sino también en la labores requeridas para contener la tendencia tradicional a la caída de ese potencial y en actividades no relacionada con la producción, como la manufactura, el transporte y el almacenamiento. Ello es evidente en las noticias que afloran a los medios de comunicación sobre derrames y explosiones de tuberías, estaciones de bombeo y tanques, las cuales son apenas un reflejo de una situación mucho más frecuente de lo que sale a la luz pública. Las emisiones contaminantes en el complejo refinero Amuay-Cardón se han incrementado a niveles nunca vistos anteriormente y ante las quejas de habitantes de poblaciones cercanas por el evidente incremento de afecciones respiratorias y de la piel, la respuesta ha sido simple: múdense. Técnicos de la refinería de Puerto La Cruz comentan abiertamente su preocupación por las consecuencias que podría tener la evidente disminución de las labores de mantenimiento en esa instalación. En la Costa Oriental del Lago, muchas de las empresas privadas en crisis tienen que ver más con las actividades de mantenimiento que con la producción directa. En el citado artículo de José Suárez Núñez se menciona que PDVSA posee 55 taladros o cabrias de mantenimiento de pozos y "...No tiene activa ninguna cabria de mantenimiento en oriente, 10 activas en el Zulia y 45 paradas"
Igualmente, el trabajo de Alicia Aguilar concluye con una serie de propuestas racionales y lógicas de los empresarios zulianos, muy claros en la defensa de sus intereses, entre las cuales no se encuentra ninguna que hable de terminar la política de recorte de la producción: "Que se asigne a la región un porcentaje del aumento del precio petrolero, para la rehabilitación de pozos y mantenimiento preventivo. Que PDVSA agilice el pago de su deuda con las contratistas, unos 180 millardos de bolívares. Reglamentar las importaciones de las empresas de la apertura para fortalecer la producción nacional Establecer un nuevo modelo de convención colectiva petrolera Establecer un tipo de cambio único e inducir una mayor baja en las tasas de interés." Evidentemente, es posible estar en desacuerdo con alguna de estas propuestas, pero no se puede negar que son posiciones fincadas en la nueva realidad de producción y precios, que no pretenden volver atrás, como sugiere el sesgado e intencionado titular de esa nota informativa.
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