¿Qué tienen en común el cachicamo y la foca con la lapa?

Juan Pablo Perez Castillo

La respuesta se encuentra en el repertorio petrolero de Andrés Sosa Pietri publicado por El Universal el 28 de agosto. Cuando trata cualquier tema no petrolero, como lo hace de vez en cuando, es un ciudadano común con mensaje y contenido. Pero cuando trata los temas aceitosos, son tantas las resbaladas y los desparrames desbordantes, que intenta apelar a la magia de Mandrake para salir del embrollo, naturalmente sin éxito, por supuesto. De ahí las comparaciones sin sentido ni entendido.

Nos dice ASP que los recortes de producción de petróleo, con el consecuente aumento de los precios, no son "un logro para Venezuela, {sino} cachicamos trabajando pa’lapa, {acarreando} más desempleo, más pobreza, tristeza y desolacion." Luego se atreve a escribir que produciendo más petróleo, como planteaba la apertura, no solo lograríamos más empleo, sino también más ingresos fiscales. ¡Vaya acto de magia! Ni siquiera con la ayuda de Mandrake tendría éxito semejante disparate. Veamos.

Insistir que en 1999 inevitablemente se repetira la historia, reproduciendose los acontecimientos de 1986 y años sucesivos (cuando el alza de los precios del petroleo condujo al surgimiento de productores nuevos, quienes junto con los productores tradicionales, se enfrascaron en una carrera por capturar mercados, primero y mantenerlos, después, elevando la produccion a niveles nunca visto, con el consecuente derrumbe de los precios, por la sobreoferta que se mantuvo hasta mediados de 1999, en que les volvió la sensatez y cordura), es negar que la humanidad tiene capacidad para aprender de sus errores del pasado, lo cual no solo esta demostrado que no es correcta esa apreciación, desmentida repetidas veces.

Nada tiene que ver el alza de los precios del petróleo de 1986 y su posterior debacle por sobreproduccion insensata de los productores (especialmente los de OPEP), con el alza de 1999 y lo que pueda resultar de esto (ojo, son altos relativamenete, porque todavia estan por debajo del precio real de 1974 y 1986, quedando terreno que curbrir si queremos restablecer la enorme perdida de poder adquisitivo que nos produjo 1986 y los años sucesivos por la sobreproducción que apoya el ex-presidente de PDVSA).

ASP quiere darle a 1986 categoría de regla general (tabla de Moíses), descartando como fantasia lo que realmente sucedió. No menciona, por ejemplo, que hubo acción política detrás de los acontecimientos, con los gobiernos consumidores haciendo lo imposible por destruir la OPEP. La reanimación de las inversiones y el surgimiento de nuevos productores no fue simple y exclusivametne reaccion natural del mercado. Los productores tradicionales llevaron los precios a niveles exhorbitantes (excediendo los US$ 30), muy por encima de lo que están hoy (tanto en términos nominales como reales). Para replicar la escena de entonces, los precios de 1999 tendrian que sobrepasar niveles de los US$ 50 el barril. Además, la demanda de entonces no mostraba el crecimiento estructural que muestra la demanda de hoy, como lo admite el mismo Sosa Pietri. Situacion totalmente distinta, cuya descripción esta lejos de ser objetiva.

Pero vayamos a otro punto. ASP se lamenta la perdida de mercado, como si eso fuera negativo para el pais. Como si lo contrario fuese meta del pais. La realidad es otra: ni es objetivo del pais mantener mercados, ni debe serlo para el gobierno, ni sería beneficioso para los venezolanos. Ya en varias ocasiones he explicado con lujo de detalle por qué.

La lucha por mantener cuota de mercado es una estrategia adecuada cuando el producto es perecedero (sea por naturaleza como el tomate o la leche, sea por cambio de gusto o moda como la ropa o el automovil, sea por obsolescencia o cambio de tecnología como los productos tecnológicos—computadoras, telecomunicaciones, internet). Corresponde cuando la demanda es decreciente o esta estancada. Y puede ser beneficiosa y víable cuando los insumos son ilimitados o renovables, como los utilizados para la produccion en general.

Ninguno de los casos anteriores se aplica al petróleo, no justificandose y siendo por el contrario contraproducente. El petróleo bajo tierra en vez de perecer se revaloriza y no hay sustituto alguno a plazo prudencial o razonable. Al venderse el petróleo a precio bajo, ya no hay marcha atrás, ni se tiene la oportunidad de recuperarlo para venderlo a precio alto, lo que no se da en los casos de productos normales (de empresas como Intel, Microsoft, Motorola, General Electric, Ford, Cantv, Sidor, etc.). Y es falso el argumento que mantener cuota de mercado significa eficiencia y mayores ingresos; como también que solo empresas grandes son poderosas y competitivas. A los venezolanos no les interesa una PDVSA con esas características, sino una empresa al servicio del desarrollo, eficiente y eficaz. Y son estas características las que en definitiva lograrán integrarla al país a travé de la matriz insumo-producto (relaciones de compra/venta con otras empresas en el país), logrando así lo que el mismo ASP exige y reclama con toda razón.

También he explicado que no es económico ni prudente producir petróleo en exceso (lo que resultaria de mantener mercado y producir mucho más de lo necesario para el país) para entonces cambiarlo por divisas ociosas (en exceso de lo que la economia podría convertir eficientemente en recursos productivos). El petróleo se valora bajo tierra, mientras que la divisa ociosa se la come la inflación o la corrupción. Gastarla en el país es derrocharla, mal usarla, porque enriquece a quien recibe el gasto y empobrece a quien era dueno del recurso, quedándose sin su capital y sin un recurso productivo en su lugar. A este proceso se le conoce como trasiego de propiedad y capacidad de absorción desbordada, provocando las conocidas y rechazadas ineficiencia y corrupción.

Lo que vemos en 1999, contrariamente a los anos 80, es una demanda en crecimiento y por tanto un mercado con lugar para todos. Y es una demanda en crecimiento a pesar del alza de los precios, que no existio en los 80, demostrando que perdemos si intentamos mantener alguna cuota de mercado y ganamos si no lo intentamos. El petróleo que no vendamos hoy lo venderemos a mejor precio manana. Una regla de buen negocio que conocen los empresarios exitosos.

Finalmente, pasemos a los miles de empleos y millones de ingresos fiscales adicionales que supuestamente generaria el restablecimiento de la apertura, como asegura ASP. El multiplicador petrolero, que es la expresión utilizada para describir la capacidad de la economía nacional para abastecer al sector petrolero de insumos, es mucho más limitado de lo que Mandrake quiere hacer creer con su magia. Este coeficiente de desarrollo se usa para medir el impacto de una unidad de inversión en el sector petrolero sobre el resto de la económia, o bien el impacto de un bolívar gastado en ese sector sobre los demas sectores. Pero el impacto relevante es el neto de las importaciones que requieran esos sectores para abastecer la demanda del sector petrolero. ASP no hace distinción entre el multiplicador bruto y el neto, que es el que interesa, confundiéndose y confundiendo a los demás. Otra manera de analizar este fenomeno es con el concepto de capacidad de absorción, que se refiere a la capacidad de esos mismos sectores no petroleros de convertir eficientemente las divisas petroleras en recursos productivos.

Por otra parte, el efecto empleo depende de la intensidad capital e intensidad empleo de las actividades envueltas y sus tecnologias correspondientes. Tanto el petr´óleo, como las llamadas actividades conexas, no son de alta intensidad empleo, sino de alta intensidad capital. El impacto empleo seria al inicio y momentaneo, como todo gasto inicial, pero además limitado. Por otra parte, una vez elevado el nivel de empleo inicial, seríaa poco el empleo adicional generado por incrementos adicionales de la inversion y producción peteroleras.

Y en cuanto a los ingresos fiscales, los internos aumentarían según el impacto del multiplicador petrolero (que sabemos es pequeno) y los externos según la eslasticidad precio de la demanda y los precios del petróleo. Si se repite la sobreoferta de los anos 80 y 90, los precios podrian bajar proporcionalmente mas que el aumento proporcional de demanda, pudiendo resultar que los ingresos fiscales bajaran también en términos nominales (obviamiente bajarían en términos reales).

Entonces, en conclusión, ¿Que tienen en comun el cachicamo y la foca con la lapa?

Yampalin@aol.com