Los padres, sin quererlo, dan mensajes contrarios

Cuando los niños dan guerra

El trato que los niños reciben de sus padres determina su manera de comportarse. Un estudio comprobó que los pequeños se vuelven agresivos cuando reciben a diario maltrato de sus padres. Cómo tratarlos.

Angela Constanza Jerez

¿Le pega a su hijo cuando él golpea a otro niño para enseñarle que eso no está bien?

¿Lo grita para que él no grite a otras personas?

¿Le lee las cartas que le envían sus amigos, pero cuando él va a hacer lo mismo con la correspondencia suya, usted lo regaña porque eso es violar su intimidad?

Pues actitudes como esas son las que hacen que los niños se conviertan en seres agresivos.

La investigación llamada 'Factores de riesgo en la conducta agresiva en niños y jóvenes', que realizaron cuatro profesores y 25 estudiantes de la facultad de psicología de la Universidad Konrad Lorenz, demostró que la forma como son criados los niños influye de manera positiva o negativa en el comportamiento de los pequeños.

Un niño que en su casa recibe castigos físicos y verbales y que sus padres no lo saben corregir, no le explican porqué algo es bueno o malo y se contradicen entre lo que dicen y hacen tiene más posibilidades de ser un menor agresivo y menos dado a ayudar a los demás.

"Hemos encontrado que definitivamente existe relación entre el trato que los padres dan a los niños y el comportamiento social que estos tienen", dijo la psicóloga Blanca Patricia Ballesteros, directora de la investigación.

Este estudio fue financiado por Colciencias (la entidad dio 40 millones de pesos) y se realizó en 300 niños de 39 colegios públicos y privados de Bogotá.

La investigación, que duró dos años, fue dada a conocer esta semana en el 'I simposio internacional de conducta criminal', que organizó la Asociación Colombiana para el Avance de las Ciencias del Comportamiento (Aba), una filial de la institución que existe en Estados Unidos.

Conductas de los padres

Según Ballesteros, se analizó el comportamiento de pequeños de 5, 10 y 15 años porque esas son las edades críticas en el desarrollo de los niños.

Estos pequeños se dividieron en dos grupos: los que tenían aceptación de sus compañeros y de sus profesores (niños amables, con buen comportamiento y rendimiento académico) y los que tenían poca aceptación (niños agresivos, burlones y de bajo rendimiento académico).

"Encontramos que a los niños del segundo grupo sus papás los regañan, pero no les explican por qué, les admiten menos los errores y los castigan frecuentemente", explica Ballesteros.

Además de esto, los niños que presentan comportamientos agresivos son los que con mayor frecuencia reciben insultos de sus padres (la mayoría de las veces son groserías) y amenazas (les dicen que los van a echar de la casa o les van a quitar permisos). Además, son encerrados en sus habitaciones por algo que no entienden.

"Aunque no es alto el porcentaje de castigos físicos (el 65 por ciento de los menores no reportó) es significativo. Los niños dicen que sus papás les pegan con la mano y con objetos. Además, los padres de estos niños combinan el castigo físico con el verbal", afirma Ballesteros.

Otras de las actitudes de estos padres son: no permitir que sus hijos tomen decisiones, regañarlos y cantaletearlos sin razón, quejarse de ellos, no dejarlos hablar cuando están de malgenio y permanecer en conflicto con su pareja.

¿Vale la agresividad?

El psiquiatra Álvaro Franco asegura que el 25 por ciento de los niños (uno de cada cuadro) nace con una dosis de agresividad y es más frecuente entre los varones.

Esa dosis, dice él, tiene un gran componente hereditario. Es decir, uno de los padres también era agresivo cuando niño e, incluso, lo puede seguir siendo.

"Los papás pierden la paciencia con estos niños -dice Franco- y comienzan a tener actitudes de maltrato: los regañan con frecuencia, les pegan. Tienen con ellos una respuesta agresiva".

Para la psicóloga María Isabel González, del Convenio del Buen Trato, es importante que los padres se den cuenta de que de ellos depende que esa agresividad de los niños pueda ser canalizada para que el niño al crecer tenga más herramientas con qué enfrentarse a la vida.

Por ejemplo, dice, se necesita agresividad para desempeñar trabajos en los que hay una gran dosis de estrés, competencia, responsabilidad, incertidumbre y peligro.

"¿Cómo canalizar esa agresividad para que sea positiva? -explica González - Mostrando a los niños que la agresividad puede hacer daño y que todo comportamiento tiene una consecuencia. Premiando las actitudes positivas y castigando, pero no con correazos o regaños, las negativas".

Según González, las expresiones artísticas (pintura, música, danza, etc.) son una buena manera de canalizar esa agresividad para que sea positiva.

Franco agrega que el deporte es otra interesante alternativa, pues también les permite a los niños aprender y practicar valores como la solidaridad, el respeto por los demás, la tolerancia y el diálogo.

El karate es uno de los deportes que más aconsejan los especialistas. ¿Qué tal si se le mide a este deporte para que no desfogue su agresividad con sus hijos?

Coordinadora de Asuntos Sociales
Vicepresidencia de Relaciones con la Comunidad El Tiempo