Mitología, culto y manipulación

Manuel Caballero

De nuevo, hasta en el proyecto (¿orden?) presidencial de Constitución se plantea el recurso a la mitología de la guerra de independencia. Hemos hablado a ese respecto de un operativo de manipulación política, y esa afirmación proviene sobre todo de la experiencia histórica: siempre ha sido así en nuestra historia republicana. Es causa y consencuencia del culto a la figura de Simón Bolívar y al hecho de que éste tiene caracteres menos políticos que fundacionales: Bolívar y sus generales no crearon una nación ni un Estado, sino una cultura; no son guerreros victoriosos, sino nuestros primeros padres; no son hombres prestigiosos por sus hechos de armas y sus ideas, y ni siquiera son mitos, sino semidioses (y en el caso de Bolívar, un solo Dios).

Se pueden señalar tres facetas dominantes en la expansión de la mitología de la independencia en la sociedad venezolana: el prestigio real de los libertadores, la mitología popular y el culto oficial.

En el turbión de la guerra

a) Los libertadores venezolanos, una vez eliminada fisicamente la élite social e intelectual en el turbión de la guerra, provinieron de los más bajos estratos de la sociedad, en quienes esos estratos sociales más bajos podían reconocerse más fácilmente: el mejor ejemplo posible es José Antonio Páez, de quien algún historiador mostraba el tremendo y súbito ascenso social y político diciendo que 'había saltado de lavarle las patas al zambo Manuelote [capataz del hato donde trabajó en su juventud] a la Presidencia de la República'. El Libertador, que no pertenecía a esta clase sino que provenía de la antigua oligarquía 'criolla', compensaba eso con el hecho de ser, además de un guerrero, un líder carismático como pocos en la historia de nuestro continente.

b) Pero a ese prestigio real, unen los héroes de la independencia (y en primerísimo y casi solitario lugar Bolívar) su carácter de mitos populares. En una encuesta hecha algunos atrás revelaba que en las clases populares se combinaba la adoración por Bolívar con el desconocimiento de quién fuese en realidad: muchos lo creían un santo más de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana; otros, un dios él mismo.

Por partes iguales

c) Hay, además, el culto oficial de los libertadores. Esa es una situación con partes iguales de espontaneidad y de inducción: los libertadores se admiraban a sí mismos por la gesta de su juventud, y concentraban esa admiración en quien los convirtió, de salteadores de caminos en Padres de la Patria. Y en cuanto a lo de inducción, los gobernantes venezolanos han seguido, incluso avant la lettre el consejo de Laureano Vallenilla Lanz a los historiadores argentinos: argentinizar 'por el corazón' a las masas recién venidas, inculcándoles la religión patriótica. Es así como en nuestro país el culto a los libertadores, pero sobre todo a Bolívar ha venido a transformarse en un fundamentalismo intolerante. Del desarrollo de este culto oficial señalaremos aquí varios momentos especialmente significativos.

1842. Está signado por la repatriación de los restos del Libertador a Caracas y sus impresionantes honras fúnebres. Por un lado, simbolizaba eso la reconciliación entre Páez y Bolívar, rematandolo todo con una tendencia que venía en Páez de mucho antes: su deseo de parecerse a Bolívar, de actuar como Bolívar, de ser visto como 'el segundo Libertador'.

Los fastos del centenario

1883. Aquí arranca claramente el culto oficial de los libertadores y sobre todo de Bolívar: son los fastos del centenario de su nacimiento; es el bautismo institucional de la religión bolivariana. Y por aquello de cuius regio, eius religio, es también la exaltación del gobernante, de Guzmán Blanco, como un hombre con los quilates del Libertador: la medallas conmemorativa presentaba en relieve los perfiles del Libertador y del Ilustre Americano.

1930. En este año se conmemoraban cien años de la muerte del Libertador, y es normal que su culto alcanzara extremos paroxísticos; pero sería un error creer que de allí 'arranca' una nueva etapa de la religión patriótica, pues su desarrollo impetuoso y avasallante le es muy anterior. Y lo es porque muchas de las ideas del Libertador expresadas en Angostura, en la Constitución boliviana y al final de su vida, casaban estrechamente con la justificación de la dictadura: sobre todo la idea de la presidencia vitalicia.

1936: A partir de ese momento, la religión oficial se vuelve religión popular, ampliando y profundizando los caracteres religiosos de lo que en un principio había sido una admiración popular por una figura carismática.

La religión del rey

Por lo demás, seguía siendo la religión del rey: el partido político que intenta formar el presidente López Contreras se llamará 'Cívicas Bolivarianas'.

1945. De todas formas, se insistía en los aspectos más conservadores de la religión patriótica bolivariana. Pero a raíz del 18 de octubre se da un vuelco y se va a agitar esa religión no como algo otorgado sino impuesto por la voluntad popular: el gobierno del trienio será el de la 'Segunda Independencia'.

1983: El proceso anterior se va a desarrollar ya sin dique posible entre la fecha anterior y esta última. Pero si puede señalarse 1983 como un momento especial es porque se da un paso gigante en la transformación de los héroes políticos en héroes culturales: Bolívar es el precursor de procesos tan modernos como la ecología y el turismo, sin hablar de la aviación...

1992. Todo esto va a tener como remate el 4 de febrero de 1992 cuando un grupo de oficiales se alzaron no en nombre de principios políticos o filosóficos, no en función de un programa de gobierno, sino, dijeron, para hacer cumplir la voluntad de Bolívar, Zamora y Simón Rodríguez, Padre, Hijo y Espíritu Santo

El Universal Digital, 29 de agosto de 1999.